Redacción Animal Político · 29 de septiembre de 2026
Christian quería estudiar robótica. Tenía 17 años, cursaba la Preparatoria Número 2 de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), jugaba futbol y ayudaba a un primo en un pequeño negocio de hamburguesas y alitas. Le gustaba armar y desarmar cosas, entender cómo funcionaban y pensaba buscar una carrera relacionada con la tecnología.
El sábado 26 de septiembre salió de su casa para encontrarse con sus amigos. No volvió.
Esa noche, Christian y Gael, también de 17 años y su compañero en la Prepa 2, fueron asesinados a balazos en la colonia Chulavista, en Cuernavaca. Otro adolescente, estudiante de una institución distinta, resultó herido y un cuarto joven salió ileso.

Con los casos de Christian y Gael suman seis los asesinatos de jóvenes vinculados a la UAEM asesinados durante 2026.
El doble homicidio de los adolescentes ocurre además, en un estado donde la violencia contra jóvenes mantiene cifras elevadas. De enero a agosto de 2026, Morelos registró 18 homicidios por cada 100 mil adolescentes de 13 a 17 años y 161 por cada 100 mil jóvenes de 18 a 29 años, de acuerdo con las cifras que corresponden a ese periodo.
Morelos se ubicó en el primer lugar nacional en homicidio doloso entre adolescentes de 13 a 17 años, según ese corte estadístico.
La muerte de Christian y Gael ocurrió apenas 15 días después del feminicidio de Claudia Tacoronte Aguilera, estudiante española de intercambio de la UAEM asesinada en Cuautla. Antes fueron asesinadas también Kimberly Joselin Ramos Beltrán, Karol Toledo Gómez y Michelle Itzayana Fuentes Calderón.
Seis estudiantes asesinados en un mismo año han vuelto a colocar la seguridad de la comunidad universitaria en el centro de las exigencias a las autoridades.
La UAEM pidió una investigación pronta y exhaustiva y reclamó acciones de los tres niveles de gobierno.
“La indignación ya no basta. No queremos ni debemos acostumbrarnos a que la UAEM permanezca de luto”, señaló la institución en un pronunciamiento el fin de semana.
Pero en el caso de Christian, su familia tiene además una exigencia particular: que la investigación no se convierta en una explicación construida a partir de rumores sobre los chicos.
“Eran niños sanos, niños bien”, asegura.
Rogelio Arce Morales, padre de Christian, rechaza las versiones que comenzaron a circular en redes sociales después del ataque y que, sin una investigación concluida, relacionan a los adolescentes con actividades delictivas.
Describe a su hijo como un joven alegre, sonriente y solidario, de esos que tenían dificultad para negarse cuando alguien necesitaba ayuda.
“Mi hijo era un líder, pero para cosas buenas”, afirma.

Christian jugaba futbol, iba en la Preparatoria 2 y ayudaba a su primo en un negocio de hamburguesas y alitas.
La motocicleta que llevaba la noche del ataque, explica su padre, era prestada por un amigo.
“Mi hijo se puede parar en una esquina y no quiere decir que por eso ya vende drogas”.
Para Rogelio, el problema está en la estigmatización posterior al asesinato.
“Es el problema de las redes sociales y de la gente que estigmatiza a las personas, que las criminaliza”.
Christian había pasado parte del sábado con su familia porque era el cumpleaños de su madre. Más tarde pidió permiso para salir a encontrarse con sus amigos.
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No volvió.
La Fiscalía General del Estado sostiene que no criminaliza a las víctimas.
El fiscal Fernando Blumenkron Escobar informó que desde que se tuvo conocimiento del ataque acudieron al lugar agentes de la Agencia de Investigación Criminal y personal de Servicios Periciales para realizar las diligencias correspondientes.
La investigación contempla el análisis de cámaras de videovigilancia y de los indicios recuperados en el lugar.
Blumenkron aseguró que el objetivo es desarrollar una investigación profesional, transparente y técnica para esclarecer los hechos.
Cuestionado sobre las versiones difundidas en redes sociales sobre los jóvenes, respondió: “para la Fiscalía del Estado no criminalizamos. La idea no es criminalizar a las víctimas. Sin embargo, tenemos que atender todas las líneas de investigación, precisamente para dar con los responsables de estos hechos”.

Hasta ahora, la Fiscalía no ha establecido públicamente el móvil del ataque.
Entre las versiones que han circulado está un posible robo de las motocicletas, pero esa hipótesis no ha sido confirmada públicamente por la autoridad.
La Fiscalía también informó que mantiene coordinación con instituciones federales. La presidenta Claudia Sheinbaum instruyó a la Secretaría de Gobernación a coordinarse con el gobierno de Morelos, la Fiscalía, la UAEM y estudiantes.
Mientras la investigación continúa, la comunidad de la Preparatoria 2 despidió este lunes a sus compañeros.
Alumnas y alumnos ingresaron al plantel con flores blancas y veladoras para participar en un homenaje privado. No se permitió el acceso de personas externas ni de medios de comunicación.
Afuera permanecieron familiares y autoridades universitarias.
El homenaje quedó reservado a la comunidad estudiantil, en un espacio donde también había personas menores de edad.
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Gael fue velado de manera privada en una funeraria. Su familia no ha ofrecido declaraciones públicas.
Christian inicialmente sería velado en su domicilio, pero la cantidad de personas que acudieron llevó a la familia a trasladar la despedida al atrio de una iglesia de San Antón, donde el sacerdote ofreció el espacio.
De acuerdo con su padre, más de 400 personas acudieron.
Después, alrededor de las cuatro de la tarde, familiares y amigos se trasladaron al Panteón de La Leona.
Christian y Gael recibieron sepultura ahí.
Muchos de quienes les acompañaron eran adolescentes. Vestían de blanco, llevaban flores y veladoras. Algunos lloraban; otros se abrazaban mientras avanzaban hacia el lugar donde serían sepultados sus compañeros.
Christian y Gael formaban parte del mismo círculo de amigos. Algunos se conocían desde la primaria; otros desde la secundaria o la preparatoria. El futbol terminó de unirlos.

Pepe Morales, padrino y tío de Christian, lo recuerda como un joven alegre, atento y con liderazgo.
“Él iba a ser un gran líder aquí en San Antón. Y le cortaron las alas”.
También pidió a las autoridades evitar la criminalización y la revictimización de los jóvenes.
“Yo sí meto las manos al fuego por él”, dijo.
Para Morales, el asesinato interrumpió un proyecto de vida.
“Le cortaron la vida, le cortaron el sueño, le cortaron sus metas”, añadió.
Tras los asesinatos, el gobierno de Morelos informó que brindaría acompañamiento a las familias mediante la Comisión Ejecutiva de Atención y Reparación a Víctimas (CEARV) y que mantiene comunicación con la UAEM para fortalecer acciones de prevención y seguridad en los campus.
El secretario de Gobierno, Edgar Maldonado, calificó el ataque como “un hecho profundamente doloroso que lastima a la sociedad morelense y que no puede ser normalizado”.
El funcionario informó que, por instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum y de la gobernadora Margarita González Saravia, se reforzará la coordinación interinstitucional para ampliar las medidas preventivas dirigidas a las comunidades estudiantiles.
También se planteó coordinación con el Ayuntamiento de Cuernavaca.
Sin embargo, el gobierno estatal no detalló nuevas medidas específicas de seguridad para los estudiantes, responsables concretos de ejecutarlas ni un calendario para su implementación.
A nivel federal, Sheinbaum informó que se reforzó la presencia federal en distintas zonas de Morelos y pidió fortalecer el trabajo de seguridad en Cuernavaca.

La respuesta institucional ocurre mientras la comunidad universitaria reclama acciones concretas ante una sucesión de asesinatos que ha dejado nuevamente a la UAEM de luto.
Christian y Gael son los dos casos más recientes de una lista de seis estudiantes de la UAEM asesinados durante 2026.
Sus historias y circunstancias son distintas y, hasta ahora, no existe una explicación oficial que establezca un mismo móvil para todos los casos.
Pero la sucesión de asesinatos ha convertido la seguridad de los estudiantes en una demanda recurrente dentro de la universidad.
Para la familia de Christian, la exigencia es que la investigación establezca qué ocurrió la noche del sábado, quiénes fueron responsables y cuál fue el móvil, sin convertir a las víctimas en sospechosos.
Rogelio exige seguridad a las autoridades.
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“A las autoridades, tanto a la gobernadora como a la presidenta, pues la seguridad. Porque prácticamente hablan de seguridad y no la tenemos”.
Luego resume su reclamo: “la prueba es que me arrebataron a mi hijo”.
El padre dice que la Fiscalía ha mantenido comunicación con la familia y que el fiscal se comprometió a entregar resultados.
“Él se comprometió a tener resultados y yo le voy a creer”.
Pero advierte que, si no los hay, saldrá a manifestarse.
“Si tengo que manifestarme, me voy a manifestar. Si tengo que cerrar la calle, la voy a cerrar”.

Para él, el problema rebasa el asesinato de su hijo.
“De nada sirve que yo, como padre, u otros como padres, enseñemos a nuestros hijos valores y llega otro y nos lo arrebata por unos cuantos pesos”.
“Está ya roto el tejido social”.
La investigación tendrá que establecer qué ocurrió aquella noche en Chulavista, quiénes participaron y cuál fue el móvil del ataque.
Mientras tanto, para su familia y sus amigos, Christian no es la versión que comenzó a circular después de su muerte.
Era un estudiante de 17 años que jugaba futbol, ayudaba a su familia, tenía amigos y quería estudiar robótica.
Tenía un proyecto de vida. Y quedó interrumpido.