El costo invisible de protestar: las vidas que se mudan al plantón de la CNTE

Israel Fuguemann · 27 de mayo de 2026

El costo invisible de protestar: las vidas que se mudan al plantón de la CNTE

Indira Ruiz Canseco camina junto a cientos de profesores sosteniendo una manta con consignas de lucha. Su hija, de siete años, intenta seguir el ritmo del contingente entre las filas de maestros que este día vuelven a tomar las calles de la Ciudad de México. La pequeña avanza en medio de una masa de cuerpos que superan por más del doble su altura; carga en brazos a un perro chihuahua que entre la marabunta parece todavía más diminuto. La profesora, protegida del sol por una gorra y grandes gafas oscuras, forma parte de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que desde el lunes mantiene un plantón en la capital del país, a unas semanas de que comience el Mundial 2026.

Originaria de Juchitán y docente de primaria general en la región de Tuxtepec, Oaxaca, Indira Ruiz heredó la profesión de su madre, una maestra jubilada del Istmo de Tehuantepec. Durante años ha aprendido a sobrevivir con un salario que, dice, rara vez alcanza. Además de trabajar frente al grupo, como tantas y tantos colegas suyos, realiza actividades extra para completar los ingresos y sostener a su familia. Esta vez dejó a tres de sus hijos en Oaxaca y viajó a la capital acompañada únicamente por la menor. “La vida de un maestro sinceramente es triste porque no alcanza”, dice durante la marcha, mientras observa de reojo a su hija para no perderla de vista entre la multitud.

Creen que el maestro gana millones y no es verdad
Creen que el maestro gana millones y no es verdad. Foto: Israel Fuguemann

Mientras camina, se queja de que los maestros suelen ser señalados como flojos y se les acusa de “solo venir a hacer paros”. Sin embargo, dice, pocas personas conocen lo que implica trasladarse durante horas desde las comunidades de Oaxaca, dormir bajo la lluvia o soportar  días enteros de protesta lejos de casa. “Creen que el maestro gana millones y no es verdad”, afirma. Opina que tampoco se reconoce la importancia de que el magisterio disidente se manifieste  año con año para exigir mejoras a la educación y a sus condiciones de vida: “no es fácil ser maestro en comunidades rurales”. afirma.

La Sección 22 mantiene su campamento muy cerca del Zócalo para exigir la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, el regreso a un sistema solidario de pensiones y mejores condiciones laborales para el magisterio. Un entramado de casas de campaña improvisadas forma un laberinto donde los profesores esperan mantenerse al menos hasta el 1 de junio, fecha en la que se cumpliría el plazo para iniciar el paro nacional al que han convocado.

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Sin saber cuánto tiempo podrá resistir junto a su hija en ese espacio reducido y expuesto a la intemperie, Indira espera que sus demandas finalmente sean escuchadas. La ciudad le gusta, pero también le impone. Lo confiesa sentada frente a la inmensa escultura amarilla de El Caballito del escultor Sebastián. Lo más difícil, asegura, no es dormir sobre el asfalto, sino mantener a su pequeña entretenida y aprendiendo.

“Sé que son importantes las clases, pero es más importante el mensaje que hoy le estoy enseñando a mi hija: los derechos no se piden, los derechos se luchan y se defienden”, afirma.

La CNTE es uno de los movimientos sindicales con mayor capacidad de movilización
La CNTE es uno de los movimientos sindicales con mayor capacidad de movilización en el país. Foto: Israel Fuguemann

Pasos en falso

Muy cerca de la glorieta donde los maestros asfixian el tráfico de la ciudad, un pequeño grupo de dirigentes de la CNTE sostiene reuniones con funcionarios de la Secretaría de Gobernación (Segob), la Secretaría de Educación Pública (SEP) y representantes del gobierno federal para intentar destrabar el conflicto. Después de varias horas sin respuestas concretas, la tensión y el tedio comienzan a crecer en las calles.

Al salir de la reunión en Segob, Yenny Araceli Pérez Ramírez insiste en que el gobierno federal no ha mostrado suficiente voluntad para resolver las demandas del magisterio. La dirigente oaxaqueña asegura que la Sección 22 llegó a la mesa con un pliego de 79 demandas entregado desde el 1 de mayo, y reclama que las respuestas continúan siendo ambiguas. “No quisimos firmar ninguna minuta”, dice frente a reporteros y cámaras. “La responsabilidad del gobierno estatal y federal es dar respuestas puntuales y por escrito”.

La CNTE es uno de los movimientos sociales y sindicales más influyentes del país. Surgida en 1979 como una corriente disidente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), la Coordinadora consolidó su fuerza en estados como Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Michoacán y la Ciudad de México. Históricamente ha logrado movilizar a decenas de miles de maestros y paralizar carreteras, aeropuertos, vías férreas y centros financieros. Su capacidad de organización y presión política la ha convertido, durante décadas, en uno de los actores más incómodos para cualquier administración federal.

Tan solo la Sección 22 de Oaxaca concentra cerca de 80 mil trabajadores de la educación y representa uno de los bastiones más sólidos de la organización. Buena parte de la movilización instalada en la capital proviene precisamente de esa estructura sindical, acostumbrada desde hace años a sostener plantones, bloqueos y paros indefinidos como mecanismo de negociación política.

Aunque el conflicto actual gira principalmente en torno a la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007, el regreso a un sistema de pensiones solidario y mejores condiciones laborales, la protesta también arrastra una larga historia de confrontaciones entre el magisterio disidente y el Estado mexicano. Durante la reunión de este día, Yenny Pérez también condenó los empujones y bloqueos policiales contra manifestantes que intentaban ingresar al Zócalo el lunes. “No vamos a permitir que nuevamente se dé un escenario de esa manera”, advirtió.

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Mientras las mesas de negociación continúan sin acuerdos definitivos, la Coordinadora mantiene firme su advertencia de iniciar un paro nacional a partir del 1 de junio. La dirigente adelantó que las próximas acciones dependerán de las respuestas que entregue el gobierno federal en las próximas horas, aunque dejó claro que el movimiento no contempla retirarse de la capital: “El 1 de junio no está a discusión”.

Detrás de las negociaciones, sin embargo, persiste la misma sensación que atraviesa el plantón: la de un conflicto que parece avanzar lentamente entre el desgaste, la incertidumbre y una presión política creciente.

El magisterio mexiquense acompaña las movilizaciones magisteriales
El magisterio mexiquense acompaña las movilizaciones magisteriales. Foto: Israel Fuguemann

Escuelas para resistir

Entre las filas de maestros que acompañan las movilizaciones de la CNTE también avanzan docentes que durante décadas han construido escuelas en algunos de los municipios más golpeados por la desigualdad y la violencia en el Valle de México.

La maestra Gloria lleva gran parte de su vida dando clases en Nezahualcóyotl y forma parte del Magisterio Mexiquense Contra la Reforma Educativa (MMECRE), una articulación de organizaciones y escuelas populares del Estado de México que desde hace años acompaña las movilizaciones magisteriales.

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Mientras en el centro de la capital continúan las negociaciones entre dirigentes y funcionarios federales, Gloria piensa en otra clase de batallas: las que durante décadas han librado maestros y vecinos para construir escuelas en zonas donde antes no había pavimento, drenaje, agua potable ni servicios básicos. Recuerda que buena parte de Nezahualcóyotl creció entre asentamientos irregulares y luchas populares desde mediados del siglo pasado, cuando miles de familias migrantes comenzaron a ocupar la periferia oriente de la ciudad.

“Las escuelas populares surgen porque el Estado fue incapaz de resolver la educación en esas zonas”, explica. Durante años —cuenta—, madres y padres de familia, y docentes levantaron aulas prefabricadas, organizaron colectas para conseguir materiales y pelearon por el reconocimiento oficial de los planteles. Muchas veces las propias comunidades construyeron banquetas, bardas y salones improvisados para poder dar clases.

La maestra Gloria comenzó a trabajar en Neza cuando varias de esas escuelas apenas se sostenían entre carencias. Con el tiempo, las necesidades cambiaron de forma, pero no desaparecieron. Ahora, explica, además de la falta de infraestructura, internet o material pedagógico, los docentes deben convivir con otro problema: la violencia cotidiana que atraviesa municipios como Ecatepec, Los Reyes La Paz, Chalco o Nezahualcóyotl.

La protesta magisterial décadas de promesas incumplidas
La protesta magisterial tiene que ver con décadas de promesas incumplidas. Foto: Israel Fuguemann

En algunos planteles, los alumnos de secundaria y preparatoria son captados por grupos criminales para funcionar como halcones o vendedores de droga dentro y fuera de las escuelas. Otros abandonan las aulas porque necesitan trabajar o porque las condiciones económicas de sus familias hacen imposible continuar estudiando. “Las becas no son suficientes”, resume.

Para Gloria, la protesta magisterial no se reduce únicamente a salarios o pensiones; también tiene que ver con décadas de promesas incumplidas alrededor de la educación pública. Aunque reconoce que algunos aspectos de la reforma educativa impulsada durante el gobierno de Enrique Peña Nieto fueron modificados, sostiene que las condiciones laborales y estructurales del magisterio siguen prácticamente intactas.

Mientras tanto, la Ciudad de México continúa funcionando como puede, entre marchas, bloqueos, obras abiertas y negociaciones que se extienden durante horas. La capital y el país en su conjunto, intentan sostener una imagen de estabilidad y modernidad frente al mundo en vísperas del Mundial 2026.

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Pocos movimientos, sin embargo, poseen la capacidad de presión y organización de la CNTE. Con decenas de miles de docentes movilizados y presencia en varios estados, la Coordinadora ya advirtió que podría ampliar sus acciones, tomar más calles de la capital y extender bloqueos hacia otras regiones del país si no obtiene respuestas favorables. Hasta ahora, al menos, las maestras y maestros de la Coordinadora no tienen previsto marcharse.

Lejos de los despachos políticos, el laberinto de lonas resiste bajo la lluvia. Entre la marea de maestros, una niña de siete años abraza a su perro chihuahua mientras aprende, sobre el asfalto de la capital, una lección que no viene en los libros de texto.