Abigail Camarillo · 5 de septiembre de 2026
No importa si hablamos de la Revolución Mexicana o de pleno 2026. Ocupar un espacio propio ha sido, históricamente, el mayor acto de rebeldía para una mujer y eso es algo que nos recuerda constantemente Emilia Sauri, la protagonista de Mal de amores.
Esta serie, que se estrenó en Netflix el pasado 2 de septiembre, no se limita a ser un drama de época; sino que es un espejo que nos devuelve la imagen de una resistencia humana y necesaria.
En Animal MX platicamos con su elenco principal —Renata Vaca, Iván Amozurrutia y Juan Pablo Fuentes— sobre las reflexiones de sus personajes, el proceso creativo detrás de esta producción y la importante reflexión en lo que significa ser una persona “entera” en un mundo que, por sistema, te pide ser pequeña.
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Basada en la premiada novela de Ángeles Mastretta, y dirigida por su hija, Catalina Aguilar Mastretta, la serie Mal de amores presenta a Emilia Sauri (Renata Vaca), una mujer que lo quiere todo: su vocación, su libertad y su derecho a amar sin límites, en una sociedad que rara vez toma en cuenta a las mujeres.
Emilia enfrenta la disyuntiva más difícil de su vida: amar a dos hombres, sin renunciar a su propio sueño de estudiar medicina. Daniel Cuenca (Juan Pablo Fuentes), el aventurero y revolucionario que marcó sus sueños de infancia, y Antonio Zavalza (Iván Amozurrutia), el médico que busca la paz en medio de la guerra, la obligan a elegir entre lo que siente y lo que quiere ser.
Mientras México despierta al filo de una revolución que transformará su espíritu para siempre, Emilia aprende que amar también es una forma de resistencia.
Renata Vaca interpreta a Emilia, quien es distinta a otros personajes femeninos clásicos de la literatura pues es una mujer que no espera a ser rescatada, sino que ella misma se encarga de hacer sus propias reglas y escribir su destino.
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“Es una mujer entera y una mujer en letras mayúsculas”, describe Renata Vaca en entrevista con Animal MX. Añade que valora mucho al personaje, pues destaca y rompe las reglas de una sociedad que siempre te dice “sé chiquita, sé flaquita, sé pequeña, no te muevas, no digas nada”.
“De pronto esta mujer que no tiene miedo de ocupar espacio y de alzar la voz y de ir por lo que quiere y de amar a dos hombres al mismo tiempo y a la vez ser doctora y a la vez amar a su familia, etcétera, etcétera, etcétera”, añade.
Lo espectacular de Emilia no solo reside solo en que lucha por su profesión de médica o en su vida amorosa, sino en su humanidad imperfecta.
Renata Vaca destaca que, a diferencia de las “superheroínas” cinematográficas que nunca se equivocan, Emilia tiene capas, contradicciones y, como bromea el elenco, una capacidad casi milagrosa para ser brillante, amar a dos hombres y, aun así, lograr dormir sus ocho horas diarias.
“Toca el chelo, se enamora de dos hombres, viaja a Chicago, es como ¡wow, wow, wow!”, concluye.
Aunque el conflicto bélico de 1910 sirve como telón de fondo, el elenco sostiene que la verdadera “revolución” de la serie es la que ocurre en el fuero interno. La lucha no se limita al campo de batalla; se manifiesta en las decisiones íntimas y en el atrevimiento de cuestionar las normas impuestas.
Esos cuestionamientos llegan en un momento bastante oportuno, pues nuevamente estamos en un contexto donde a las mujeres se nos pide ocupar solo ciertos espacios con tendencias como las tradwives o la iniciativa de “Un voto por hogar” en Estados Unidos de la derechista Erika Kirk.
Es por ello que Renata Vaca espera que tras ver Mal de amores, las juventudes, especialmente las mujeres, se queden con el mensaje de que la revolución no solo ocurre con armas en el campo de batalla, sino en el interior.
“Esta cosa de ser una mujer incendiaria y cómo la revolución se ve diferente, no siempre tiene que ser esta cosa enorme en la que vas y entonces vas al campo de batalla”, explica la actriz.
“La revolución está adentro también y las preguntas que te haces, las decisiones que tomas, hacia dónde vas. Entonces, quisiera eso, recordarle a todas y recordarme a mí todo el tiempo el seguir siendo una mujer que va por lo que quiere“.

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Si todavía no ves la serie, de una vez te adelantamos que el universo que lograron construir es espectacular. Nada más pa’que te des un quemón, hay que decir que la serie se rodó en San Luis Potosí, Puebla y la Ciudad de México combinando lugares históricos con escenarios hechos a mano.
Paralelamente, el esfuerzo para hacer el vestuario fue muy grande. Las notas de producción revelan que se rentaron más de 11 mil prendas, traídas de México, España y Estados Unidos.
Además, para vestir a más de 50 personajes principales, 60 bits, 40 stunts, y 3 mil extras, se confeccionaron más de 500 prendas en fibras naturales.
El elenco, revela a Animal MX que precisamente filmar una producción de época implica retos físicos o de aprender nuevas habilidades, entre las que mencionan aprender a tocar el chelo o el piano, montar a caballo o hasta escritura antigua.
Precisamente Juan Pablo Fuentes confiesa que se sorprendió al ver que la caligrafía era algo que se le daba de forma casi natural. “Como que encontré una habilidad que tengo en escribir de época. No la conocía”, explica.
El actor relata, que al inicio él mismo le pidió a la directora Catalina Aguilar Mestretta si él mismo podía escribir las cartas de su personaje, a lo que ella accedió y le puso una profesora de caligrafía para que cuadrara todo con el contexto revolucionario y su personaje.
“Tomé un par de clases y me sorprendí. Yo creo que hacía mucha cursiva de de chico, entonces entendí un poco las reglas de la época”.

Trabajar en Mal de Amores fue también un ejercicio de confianza bajo la guía de Catalina Aguilar Mastretta y es que existe un peso casi poético e innegable en que sea la hija de la autora original quien dirija este mundo.
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El equipo describe a Catalina no como una figura impositiva, sino como una líder que protege un legado cultural con una humildad inusual para su brillantez.
“Creo que tenemos el honor, de principio, de llamarla amiga ya”, explica Renata Vaca. “Cata es una mujer que no es presuntuosa y más bien te hace sentir parte de todo el conocimiento y la maravilla que ella es”, añade.
Juan Pablo Fuentes coincide en que Catalina es una figura brillante, pero que posee una gran humildad que contagia a cualquiera.
“Hay algo que tienen ciertas personas que yo me he encontrado en la industria y es que pueden ser bastante pretenciosas”, explica. “Y Catalina a pesar de ser bastante brillante, culta, letrada, inteligente, te lleva mucho de la mano. Es una mujer que te invita a aprender y te enseña lo que sabe“.
Iván Amozurrutia añade que la directora “es super humilde”.
“A veces hasta siento que demasiado (humilde) porque a veces no sé si ella se da cuenta de las capacidades increíbles que tiene y de lo inteligente y increíble que es”.
Esta dirección “sin pretensiones” convirtió el set en un espacio de aprendizaje horizontal, donde la erudición de la directora se traducía en una invitación a explorar la humanidad de los personajes sin el miedo al error técnico.
La serie Mal de amores retrata un país que lucha por redefinir su futuro y entre esas batallas están las de las mujeres que cuestionan el lugar que les ha sido impuesto por la sociedad. Así es como la serie es más que un romance de época y se vuelve en una historia que nos invita a cuestionar, reflexionar y tomar acción.
Si todavía no la empiezas, Mal de amores ya está disponible en Netflix.