Felipe Morales · 3 de agosto de 2026
Gianni Infantino, malabarista mediático que también ejerce como presidente de la FIFA, tenía prisa por asegurar votos de cara a su reelección. Por eso, desde una ocurrencia enmascarada de oportunismo, impulsó el proyecto FIFA Forward Enterprise para la creación de una empresa comercial separada del máximo organismo del futbol. En dicho programa se planeaba la transferencia de los derechos comerciales de la Copa del Mundo, del Mundial Femenil, del Mundial de Clubes y de los torneos juveniles.
El eco internacional fue de desaprobación. Pero en México, Mikel Arriola lanzó un conveniente “estamos abiertos a analizar todo”. Sucede que, recientemente, Arriola fue nombrado vicepresidente de la Comisión de Competencias Masculinas de Clubes de la FIFA para el periodo 2025-2029, en una demostración más de que el conflicto de intereses también alinea.
Mikel se sienta a la derecha de Infantino en competencias de clubes. Por eso, aquella oferta de 20 millones de dólares —que podría alcanzar hasta los 40 millones durante el ciclo 2027-2031— lanzada a las 211 federaciones, no fue rechazada por el futbol mexicano, a pesar de que el balompié internacional mostró su repudio.
La UEFA, principal antagonista de la FIFA, amenazó con no jugar ninguna competencia si prevalecía dicha iniciativa. Aquel argumento de que “el Mundial vale mucho más de lo que hoy genera” fue desechado de inmediato por Europa cuando se observó que, en esta Copa del Mundo correspondiente al ciclo 2023-2026, se embolsaron 15 mil millones de dólares: el doble que en el curso 2019-2022 de Catar.

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A pesar de que Infantino propuso negociar mejores patrocinios, vender más caros los derechos de transmisión y conseguir inversionistas estratégicos, cada una de las federaciones se alineó con su confederación. Menos México, que fue capaz de ir incluso en contra de la Concacaf con tal de no trastocar la relación Arriola-Infantino.
Un poquito de historia: Mikel Arriola y sus polémicas más grandes en el futbol mexicano
La FIFA quiere competir con la NBA, la NFL, la Premier League y la Champions League. Todas cuentan con estructuras de comercialización mucho más ambiciosas que el organismo rector del futbol. Esto lo detectó Infantino con la pericia de un sabueso en busca del olor de los billetes.

Gianni sostiene que el futbol está “subexplotado” en temas comerciales.
“El futbol es un tráfico humano legalizado”, sentenció Ezequiel ‘Chimy’ Ávila, jugador argentino del Betis.
En una jugada más parecida a un soborno camuflado, la FIFA quiso hacer de su propuesta un frágil enamoramiento. El canto de las sirenas anunciaba que el dinero sería utilizado para la mejora de la infraestructura de las federaciones, así como canchas, desarrollo femenil y crecimiento de las asociaciones más pequeñas. En un ejercicio de falsa inclusión, Infantino pretendía ganar adeptos y votos para la reelección que se realizará el 18 de marzo de 2027.
Sin embargo, la cordura europea fijó una postura inamovible e implacable: “El futbol no está en venta”. Solo en México el “nadie es dueño del futbol” pasa por ser una simple sugerencia.
El comunicado de la Liga MX lo remarcó:
“La FMF agotará el proceso de análisis y de estudio para lo que más convenga”.
Cuando ya no convino, el 31 de julio lanzaron otro pálido texto a través de X, en un ejercicio falto de personalidad e incongruente:
“El día de hoy la FIFA ha informado a las Federaciones que retiró el proyecto financiero, por lo que para la FMF es un tema concluido. Celebramos que se haya priorizado la unidad de todas las Confederaciones y Federaciones en beneficio del futbol”.
La Federación Mexicana de Futbol informa: pic.twitter.com/WDxVo1gLqt
— Federación Mexicana de Futbol (@FMF) August 1, 2026
Más allá de esa manera de navegar con tibieza, uno de los principales conflictos morales recaía en que los inversionistas privados tendrían evidentes intereses económicos. Cuando uno invierte, pretende ganancias. Por ende, la independencia se hubiera diluido en agua tibia.
Si un fondo de inversión posee parte del negocio, también podría tener voz de mando. Ya ocurrió en el Mundial cuando Donald Trump levantó el teléfono rojo para que le borraran la expulsión y la suspensión al delantero norteamericano Folarin Balogun. Había sido echado contra Bosnia y fue perdonado para jugar contra Bélgica por decreto presidencial.
Abrirle la puerta a decisiones externas provenientes del capital privado de uno de los socios como Thrive Capital —vinculada a Jared Kushner, yerno de Trump— solo significaba darle continuidad a la posibilidad de adulterar formatos, calendarios o sedes según la conveniencia en turno, justo como sucedió con Balogun. La falta de transparencia, las permanentes apariciones de Infantino en la Casa Blanca, los reconocimientos sacados de la chistera y aquel irrisorio Premio FIFA de la Paz entregado a Trump hicieron que el sentido común jugara su propio partido. Pero en México, el criterio fue un tibio “ahí vamos viendo”.

Aunado a ese descarado vínculo, el desconocimiento sobre quién invertiría, cuánto control tendría o qué derechos obtendría hizo que Infantino y su simulacro de privatización se desmoronaran como un castillo de arena soplado por los vientos de la congruencia.
Aunque la FIFA busca centralizar la pelota, la UEFA protege su soberanía entendiéndose como la región que más dinero genera para el deporte. Sin la UEFA no hay partidos. Sin Infantino, sí; y sin Mikel, también.
Desde su condición de expolítico que contendió por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México en 2018, Arriola se ha convertido en uno de los aliados regionales de la estrategia de la FIFA de cara al fortalecimiento de torneos a nivel de clubes. En los últimos años, Arriola ha respaldado iniciativas como el Mundial de Clubes. Su relación con Infantino se estrechó a tal grado que aparece en todas las placas y fotos de las altas cúpulas que mueven los hilos del balompié mundial.
Ante la falta de consenso para tratar al futbol como un mero activo financiero, la pelea no era por vender la Copa del Mundo; la fragorosa batalla era por saber quién manda en el mundo de la pelota: la FIFA de Infantino o la UEFA de Ceferin. En medio de esa contienda, Mikel es una comparsa.
Su función atañe a la calendarización internacional de competiciones de clubes y a las discusiones estratégicas enfocadas en la evolución de las competencias globales. Decir que debía analizarse aquella propuesta millonaria no era por el bien de la Federación Mexicana de Futbol: era por su propio bien.
Tal desatino público lo confirmó como un actor cercano más parecido a un soldado raso. Al soldado de Infantino.