Victor Alvarado · 31 de julio de 2026
Lo que prometía ser una propuesta que privatizaría el activo más importante del futbol, se volvió un colapso político e institucional, ya que por medio de un comunicado oficial posterior a un reporte del New York Post, la FIFA dio marcha atrás a su controvertido proyecto para vender una participación de sus competencias globales.
El proyecto insignia del presidente Giani Infantino acabó antes de comenzar tras enfrentar una rebelión sin precedentes por parte de las principales confederaciones y directivos del balompié internacional.
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“Nuestro propósito siempre ha sido -y siempre será- unir y mejorar. En consecuencia, esta propuesta no seguirá adelante”, dijo Infantino al anunciar en un comunicado el final de la iniciativa.
Cómo núcleo central, se contemplaba la creación de una filial comercial independiente llamada FIFA Forward Enterprise (FFE), valorada en unos 20 mil millones de dólares.
El plan financiero funcionaba bajo la siguiente estructura:

Venta del 20%: La FIFA planeaba ceder el 20 por ciento de esta nueva entidad a un grupo de inversores privados —encabezado por la firma neoyorquina Thrive Capital y asesorado por JPMorgan— a cambio de recaudar 4 mil 200 millones de dólares.
Incentivo para las federaciones: Para asegurar la aprobación en la votación, cuya fecha límite era el 19 de septiembre, Infantino ofreció a cada una de las 211 federaciones miembro un pago inmediato de entre 20 y 40 millones de dólares, además de un incremento en sus subvenciones anuales.
Activos incluidos: La entidad manejaría los derechos comerciales, televisivos y de patrocinio de los futuros Mundiales de Selecciones y el renovado Mundial de Clubes.
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La propuesta desató una ola de indignación política y acusaciones de querer “vender el alma del fútbol”. El rechazo provino de tres frentes determinantes:
El frente europeo y la amenaza de boicot: La UEFA lideró la oposición desde el primer momento. Tras catalogar la propuesta como un intento de privatizar un bien de la humanidad, las 55 naciones miembros del organismo europeo votaron unánimemente amenazar con un boicot total a las competencias de la FIFA, incluidas las futuras Copas del Mundo, si el plan no se retiraba.
La postura de CONCACAF y AFC: La confederación de Norte, Centroamérica y el Caribe (CONCACAF) y la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) se sumaron al rechazo al cuestionar públicamente la necesidad de endeudarse o buscar capital privado de riesgo justo después de celebrar el Mundial más lucrativo de la historia.
Indignación dentro de la propia FIFA: El proyecto provocó una severa fractura en la cúpula directiva de la FIFA en Zúrich, ya que Carlos Cordeiro, asesor principal de Infantino y exejecutivo de Goldman Sachs, renunció de forma inmediata calificando la propuesta como “un pésimo acuerdo que hipoteca el futuro del fútbol sin justificación”.
Rebelión ejecutiva: Kevin Lamour, director de operaciones (COO) de la FIFA, declaró públicamente que los empleados del organismo se sintieron “engañados” por Infantino, calificando el plan como *”el proyecto personal de un solo hombre”.
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Con la amenaza real de una parálisis en los torneos mundiales y la pérdida de respaldo entre sus propios directivos, la FIFA se vio obligada a retirar la propuesta.
El episodio deja un precedente histórico en la gobernanza deportiva: la comunidad global del futbol trazó una línea clara frente a los fondos de inversión privados, y así reafirmaron que las competencias patrimoniales del deporte no están a la venta.