Felipe Morales · 11 de junio de 2026
Existen partidos como el del 11 de junio de 2026, grabadas en piedra azteca, que son disputados por el viento, la tierra y el fuego. O por águilas sobre un nopal.
Hay pelotas contenidas por los puños del pasado, y futbol edificado con las coordenadas exactas de Tenochtitlán, que también juega, como jugó cada rincón de un país con pantaloncillos cortos.
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México diagramó un nuevo parado táctico: los cuatro puntos cardinales también vistieron la camiseta nacional.
El Estadio Azteca, desde su condición de templo tres veces mundialista, le guiñó el ojo a una Selección Mexicana muy parecida a un corazón con un soplo.
Pero que late…
En un inicio. Raúl Jiménez disparó con un país a cuestas. Cuando se lanzó, como si se aventara de La Quebrada, su pie izquierdo encontró la pelota. El choque no fue tan preciso. Pero la atajada sí.
Si en Sudáfrica hay leopardos, Ronwen Williams se apoderó de sus reflejos. El arquero ató de un nudo el primer grito de gol mundialista. Y el primero de Raúl en una Copa del Mundo.
Pero México no solo fue su smog y sus manifestaciones, también fue su altura de 2 mil 300 metros sobre el nivel del mar.
Aunque siempre ayuda, sirve más ser alto en otras cosas como en la presión.
Erik Lira lo supo cuando, con rabia, despojó de la pelota a un desprevenido Yaya Sithole; el esférico, bien redondo y reluciente, fue adoptado por Julián Quiñones.
Primero, el naturalizado mexicano le dio una caricia para recibirlo y después detonarlo para que pasara, entre las piernas, de un Ronwen, ahora más parecido a un felino sin garras.
Solo Foster preocupaba con un cabezazo, al lado del poste izquierdo, desviado por la mirada del nervioso ‘Tala’ Rangel.
Después, ya con el partido carburado, Raúl Jiménez apenas desvió un centro, contándole un secreto de gol al balón, pero el arquero recuperó su elasticidad.
México era un himno nacional empujado por la emotividad.
Y no tanto por la puntería.
Se comprobó cuando Quiñones le puso puntos suspensivos a su segunda anotación, impedida por el poste izquierdo…
Pero se supo también que todo lo que tenga que pasarle ofensivamente a la selección debe transitar por las piernas de Julián, que se pasa todos los altos con su exceso de velocidad.
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Por su parte, Álvaro Fidalgo demostró que es muy bueno para muchas cosas, pero no para ser definitivo.
Iniciado el complemento, se internó en el área como si entrara a un laberinto. Cuando lo resolvió, la salida era el disparo al gol, pero se perdió en un pase. A veces, no sirve pensar de más….
Luego, Brian Gutierrez llegó de atrás, porque, como buen ilusionista, su poder radica en la aparición.
Cuando se escapaba por la media luna, una tacleada evitó su mejor truco. En lugar de un disparo a portería, encontró una roja para Sithole, el mejor jugador de México, que ya había regalado el primer gol…
Si en Sudáfrica habitan 65 millones de habitantes, en México hay 137 millones. Y uno más en la cancha…
Y entonces, con un gol aéreo, retumbó en sus centros la tierra. Con una anotación proveniente del cielo, Raúl se elevó por los aires, junto con su papá, para bajar el balón a la red. México tiene ángel.
Fue su primero en un Mundial y, aunque ha marcado 47, la FIFA solo le contabiliza 46 que también sirven, para igualar a Jared Borgetti como segundo máximo anotador de la selección, a solo seis del Chicharito.
Motivos suficientes para romper en llanto y abrazarse con su padre en forma de ángel con alas anotadoras.
Al final, Sudáfrica se quedó con nueve futbolistas. Con dos hombres de más, y el 2-0 favorable, el equipo del Vasco se hundió en arenas movedizas, a tal grado que el Cachorro Montes fue expulsado.
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Parece malo, pero hay rojas que arreglan alineaciones para siguientes partidos.
De esa forma, lo ansiado ya es pasado aunque 11 de junio seguirá siendo por siempre.
A partir de ahora, el Estadio Ciudad de México (antes conocido como Estadio Azteca) rugirá con sus tres pulmones mundialistas. Y el águila del escudo se quitará la serpiente de la boca para ponerse los tachones para jugar, como hoy, el otro partido: el de nuestras vidas…