Luis Baylón · 11 de junio de 2026
La historia de Raúl Jiménez es, sin duda, una de las más intensas, conmovedoras e inspiradoras que ha vivido el futbol mexicano en su historia reciente. El delantero de la Selección Mexicana pasó de ser la gran promesa exportada del Club América a protagonizar una durísima batalla por su vida que puso en pausa al mundo del deporte.
Años después de aquella noche que lo cambió todo, el atacante encontró la recompensa más grande a su resiliencia. Frente a una asistencia histórica en el Estadio Azteca, Jiménez marcó su primer gol en una Copa del Mundo contra Sudáfrica. Un momento que cerró un largo camino de dolor, cirugías, dudas y muchísimo sacrificio.
Pero detrás de este gol que selló la victoria de la Selección Mexicana ante Sudáfrica hay una historia que va mucho más allá de la cancha.
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Nacido el 5 de mayo de 1991 en Tepeji del Río, Hidalgo, Raúl se formó en las fuerzas básicas del Club América, donde debutó en Primera División en 2011. Su físico, su increíble juego aéreo y su capacidad goleadora lo hicieron destacar de inmediato.
Tras levantar campeonatos con las Águilas, dio el gran salto al futbol europeo:
Atlético de Madrid: Su primera experiencia en el Viejo Continente.
Benfica (Portugal): Donde sumó minutos, goles y valiosa experiencia internacional.
Wolverhampton Wanderers: El equipo de la Premier League inglesa donde se convirtió en ídolo absoluto y en uno de los delanteros más temidos de Europa.
From Wolverhampton to Mexico City, he never left our hearts.
Welcome home. 🧡🐺🇲🇽 pic.twitter.com/rO0dfmVRTv
— Wolves (@Wolves) June 9, 2026
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Con la Selección Mexicana, Raúl se consolidó como uno de los máximos romperredes en la historia del “Tri”, ganándose a pulso su lugar como líder indiscutible para este Mundial.
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El 29 de noviembre de 2020, el tiempo se detuvo para el futbol mexicano. Durante un partido entre los Wolves y el Arsenal, Jiménez chocó violentamente de cabeza contra el defensor brasileño David Luiz en una jugada a balón parado.
El diagnóstico fue terrible: fractura de cráneo. Raúl tuvo que ser trasladado de emergencia a un hospital de Londres para una cirugía de vida o muerte. Los propios médicos le confesaron después que haber sobrevivido al impacto y a la presión cerebral había sido un auténtico “milagro”.
El proceso de recuperación fue larguísimo y lleno de incertidumbre. Aunque volvió a las canchas utilizando una protección especial en la cabeza —la cual sigue usando hasta el día de hoy—, recuperar el ritmo, la confianza y el olfato goleador en la liga más competitiva del mundo fue una tarea titánica que solo alguien con una fuerza mental extraordinaria podría lograr.
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Para entender el valor de este gol, hay que hablar de su mayor pilar: su padre, el señor Raúl Jiménez Vega. Desde los primeros pasos de Raúl en Hidalgo, su papá fue su consejero, su manager emocional y el rostro más frecuente en las tribunas apoyándolo en cada partido. Durante los meses más oscuros tras la fractura de cráneo, su padre estuvo al pie del cañón, ayudándolo a levantarse física y anímicamente.
Lamentablemente, el destino le dio un golpe durísimo a la familia meses antes de arrancar el torneo. El 11 de marzo de 2026, el señor Jiménez Vega falleció a los 62 años debido a complicaciones de salud causadas por el cáncer de páncreas, dejando un vacío enorme en el entorno de la Selección Mexicana y el Club América.
Antes de partir, su padre había compartido públicamente un último gran anhelo: ver a su hijo anotar un gol en una Copa del Mundo.
Por eso, el gol de Raúl Jiménez ante Sudáfrica en el Estadio Azteca no fue una simple anotación para la estadística de este torneo de futbol. Fue el cumplimiento de una promesa, un homenaje involuntario a la memoria de su padre y el desahogo de un hombre que miró de cerca a la muerte y decidió regresar para triunfar.
Al final del partido, el festejo del mexicano representó mucho más que tres puntos: fue la confirmación absoluta de que la perseverancia y el amor familiar pueden vencer cualquier obstáculo que te ponga la vida.
En la Copa del Mundo de México 86, ocurrió algo similar a lo que pasó con Raúl Jiménez, pues en ese momento, Fernando “El Sheriff” Quirate también anotó gol de cabeza en el primer partido de la Selección Mexicana. Pero eso no fue lo único, pues también había perdido a su padre cuatro meses antes del inicio de la justa mundialista, un caso idéntico al del actual delantero mexicano
El primer gol mundialista de Raúl Jiménez no fue únicamente una anotación más para la estadística. Fue el desenlace de una historia marcada por la incertidumbre, el miedo y una recuperación que parecía imposible cuando sufrió aquella fractura de cráneo en 2020.
Ante Sudáfrica y con el Estadio Azteca como escenario, el atacante mexicano encontró el momento que durante años persiguió. Su festejo representó mucho más que un gol: fue la confirmación de que la perseverancia puede vencer incluso a los desafíos más difíciles que presenta la vida.