México en obras

Felipe Morales · 29 de marzo de 2026

México en obras

Crónica por: Felipe Morales

El show de luces del mediotiempo, más parecido a un concierto, fue más colorido que un México sombrío en la cancha. Las nuevas butacas resultaron útiles para un aficionado que no tuvo que levantarse de ellas, ante la ausencia de emociones y goles.

Y no hay nada más triste que un pálido 0-0

El Azteca no rugió. Fue como un Coliseo Romano con luces LED. Sin gladiadores. El equipo de Javier Aguirre sigue siendo eso: la posibilidad de algo. Transita los partidos sobre arenas movedizas. Como perdido en un laberinto… sus intérpretes no encuentran las salidas.

México es el Mallorca o el Leganés de las selecciones a nivel internacional. Pasa que el Vasco cede la iniciativa cuando sus proyectos son de extrema supervivencia. En ese contexto, se repliega como una tortuga que se refugia en su caparazón, y, después, cabalga los espacios. Pero en el combinado mexicano no. Por alguna extraña razón, la Selección Mexicana quiere hacerse de la pelota. Y juega al pie desde su condición de falso protagonista.

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El debut de Álvaro Fidalgo, hechicero flaco como una rama, estaba llamado a resolver ese truco. “Gracias por la bienvenida de estos días. Tienen aquí una persona, un amigo, para lo que necesiten. ¡Me voy a dejar la vida por el grupo!”. Sus palabras, previas al partido, tuvieron eco, pero no un escenario. Y todo Mago requiere de uno. Sin Gilberto Mora, no existe un sombrero. Ni un conejo que se escape de lo predecible.

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Foto: Felipe Morales

Como síntoma inequívoco de que este partido era más lento que ver crecer el pasto, en pleno juego, el animador del sonido local del Azteca tuvo que pedir una ola. Subidos en ella, con agua en forma de brazos, los aficionados mexicanos rompieron en marea baja. De adentro del campo hacia la tribuna no se contagiaba al seguidor, por eso desde afuera se improvisó un tenue Cielito Lindo, aunque no existiera nada lindo que observar.

Solamente a un Portugal con ciertas iniciativas… más propias de su cuota individual que de su colectividad, como cuando Joao Felix quiso ponerle globos a un balón qué pasó por encima del travesaño. O como cuando Gonzalo Ramos despertó ciertas expresiones al estrellar una pelota… que le faltó tiza. Y murió en el poste. Si el juego hubiera sido algo, hasta ese momento, habría sido un concierto sin percusiones. Antes de que retumbara aquel balón en la madera.

En ese cúmulo de retoques, tanto en el inmueble como en la escuadra tricolor, la idea de Aguirre pretende ser el ‘Tala’ Rangel, más escogido por su juego de pies, cuando los arqueros atajan con las manos; o los esbozos de seguridad Johan Vázquez y su gen competitivo fraguado en el Catenaccio italiano; o la altura de César Montes, que sigue siendo un ‘Cachorro’ en el juego de primer nivel; o Jesús Gallardo, y sus constantes escapadas y su carente toma de decisiones donde importa, en la última zona.

O Israel Reyes y sus trazos teledirigidos; o Erik Lira como motorcito del mediocampo, que se incrusta entre centrales; o Fidalgo y su potencial conectividad; o el joven Obed Vargas, más por querer ser visto de último momento, aunque no tenga minutos en el Atlético de Madrid; o el ‘Piojo’ Alvarado y sus recortes hacia el centro y sus disparos enviados a Saturno; o el improvisado Brian Gutiérrez; o Raúl Jiménez, solo, como una isla.

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Foto: Felipe Morales

Eso es hoy México. En un amistoso de calibre internacional. O en Concacaf. Es el resto de un mamut encontrado en el levantamiento del Azteca, en 1962. Es casi ese fósil futbolístico con ilusiones mundialistas.

Si en los inicios de su construcción, por allá de 1962, el Estadio Azteca libró su primer obstáculo cuando tuvieron que dinamitar 180 toneladas de roca -al descubrir que el suelo en el que sería levantado era de piedra volcánica-, en 2026 también vio otra explosión: la del coraje de su gente… 81 mil 447 aficionados detonaron su impotencia con abucheos a su equipo y con el grito homofóbico prohibido. En las narices de Gianni Infantino.

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Los pulmones del Azteca exhalaban reprobación y exigencia. Querían algo más. Querían, por lo menos a Armando, la ‘Hormiga’ González. Como no lo tuvieron, a pesar de pedirlo permanentemente, corearon el nombre del delantero portugués del Toluca, Paulinho. Ante la falsa de ídolos propios, se alababa al rival. A nuestro rival.

Después, sí ingresó la ‘Hormiga’ y desperdició lo que pudo ser el primer tanto de la noche. El delantero de Chivas usó la cabeza sin pensar. Eligió un tibio y desafinado testarazo, cuando pudo romper el arco de con un derechazo. Cuestión de tiempos y madurez en el área, sitio donde a algunos les suben las pulsaciones, cuando a otros deben bajarles.

Si hace casi 60 años fallecieron 12 obreros en la construcción del majestuoso Azteca, la tragedia tampoco se escapó de Santa Úrsula en su reinauguración, cuando este 28 de marzo falleció un aficionado, que se lanzó de un palco.

Lo que era un motivo de fiesta no lo fue tanto. No vino Cristiano Ronaldo. Tampoco llegó el futbol, aunque se hayan encendido los fuegos artificiales, en medio de un 0-0 m con tintes de luto, hasta de gol….