Busca colectivo para víctima infantil de Tecate una sepultura digna

Ana Lilia Ramírez · 30 de septiembre de 2026

Busca colectivo para víctima infantil de Tecate una sepultura digna

Tijuana.- Desde hace seis años, el colectivo “Dulce María, Ningún Angelito Más Irá a la Fosa Común” lucha para que niñas y niños que mueren víctimas de violencia, abandono o circunstancias extremas no terminen como desconocidos en una fosa común. Ahora buscan rescatar de ese destino al pequeño de aproximadamente 5 años localizado dentro de una maleta incendiada en Tecate. Jessica Gabriela García Lerma, encabeza a un grupo de mujeres que lucha para que niñas y niños fallecidos de manera violenta no pierdan su derecho a un nombre, una sepultura y una despedida digna, además de que sus familiares sepan dónde fueron enterrados para que puedan visitarlos en el panteón.

Ahora buscan rescatar de ese destino al pequeño de aproximadamente cinco años localizado dentro de una maleta incendiada en Tecate. De acuerdo con los resultados periciales, la víctima tenía aproximadamente 5 años cuando fue asesinada. El niño fue metido a una maleta, que posteriormente fue incendiada. Autoridades señalaron que el pequeño tenía huellas de violencia y las manos sujetas con alambre.

Han pasado cerca de cuatro meses y nadie ha llegado a preguntar por él. Su cuerpo no ha sido reclamado por familiares y aún permanece en calidad de no identificado, por lo que podría terminar en una fosa común.

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Policías ministeriales en Tecate llevan a cabo las investigaciones para identificar al pequeño. Foto: Fiscalía BC.
Policías ministeriales en Tecate llevan a cabo las investigaciones para identificar al pequeño. Foto: Fiscalía BC.

‘Que no se vaya solo’

Para evitarlo, de nueva cuenta, un grupo de mujeres se niega a permitir que la historia de este niño termine en una fosa común. Se trata del colectivo “Dulce María, Ningún Angelito Más Irá a la Fosa Común”.

“No queremos que se vaya solo”, dice Jessica Gabriela García Lerma, presidenta del colectivo.

Las integrantes del colectivo acudieron ante autoridades en Tecate para conocer la situación jurídica del cuerpo y buscar una vía que les permita reclamarlo legalmente.

El obstáculo siempre es el mismo: no son familiares del menor y tienen que esperar a que las autoridades conozcan el caso para que las ayuden a iniciar formalmente el procedimiento para hacerse cargo del cuerpecito del niño.

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Integrantes del Colectivo Dulce María, Ningún Angelito Más Irá a la Fosa Común se coordinan para darle una sepultura a los niños que no son reclamados por sus familiares. Foto: Cuartoscuro.
Integrantes del Colectivo Dulce María, Ningún Angelito Más Irá a la Fosa Común se coordinan para darle una sepultura a los niños que no son reclamados por sus familiares. Foto: Cuartoscuro.

Cerrazón de las autoridades

“Hemos ido a Tecate para ver si podemos recuperar el cuerpo y que no se vaya a la fosa común, pero no nos atienden y tampoco nos dan información porque no somos familiares”, lamentó García Lerma.

En este camino de reclamo de cuerpos de menores también está la madre religiosa Liliana Camacho Angulo, directora de la Casa Hogar Sonrisas de Ángeles y cofundadora del colectivo.

Su objetivo no es investigar ni pedir justicia. Es algo mucho más sencillo y humano: Que un niño no sea enterrado como si nunca hubiera existido. “Los bebés, los niños y las niñas no deberían irse sin ser despedidos. Solo queremos darle un nombre y que descanse en paz”, expresó Liliana Camacho. La violencia les arrebató la Vida; ellas buscan que no les arrebaten la identidad.

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Dulce María fue sepultada el 14 de diciembre de 2020, casi cuatro meses después de que fue encontrada sin vida. Foto: Cuartoscuro.
Dulce María fue sepultada el 14 de diciembre de 2020, casi cuatro meses después de que fue encontrada sin vida. Foto: Cuartoscuro.

Dulce María, la primera reconocida

El colectivo nació en 2020, después de un caso que conmocionó a Tijuana: una niña de aproximadamente 6 años fue encontrada sin vida dentro de una hielera en la colonia El Pípila.

Había nacido con parálisis cerebral infantil, padecía desnutrición severa y, por sus condiciones de salud, físicamente aparentaba una edad menor. Nadie llegó a reclamarla.

Las mujeres decidieron que no sería sepultada como una desconocida. Por ello la llamaron Dulce María y, con apoyo de la Casa Hogar Sonrisas de Ángeles, realizaron los trámites necesarios para recuperar su cuerpo. Finalmente, fue sepultada el 14 de diciembre de 2020, casi cuatro meses después de su muerte.

Su nombre terminó convirtiéndose en el nombre de una lucha.

Desde entonces, el colectivo ha logrado dar sepultura a cuatro infantes que no fueron reclamados, incluidos dos hermanos cuyos cuerpos fueron encontrados calcinados y una niña localizada dentro de una maleta.

Jessica García Lerma señala que al velorio acudieron decenas de tijuanenses conmovidos por el caso y que creen que también acudieron los padres de la menor.

“En el velorio llegó una pareja y le dejó una cadenita de plata con un dije de una cruz. Lloraron mucho por ella. Creemos que eran los padres o familiares que no quisieron reclamar el cuerpo por miedo a ir a la cárcel. A Dulce María no la asesinaron; murió por omisión de cuidados y por la pobreza en la que vivían, además de la parálisis que tenía”, dijo Jessica García.

Dulce María fue enterrada en el panteón municipal número 12, en la colonia El Niño, de Tijuana. En la tumba recibe flores; los integrantes del colectivo piensan que son sus padres quienes la visitan.

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Desde hace seis años un grupo de mujeres y una religiosa dan un adiós digno a los infantes alcanzados por la violencia. Foto: Cuartoscuro.
Desde hace seis años un grupo de mujeres y una religiosa dan un adiós digno a los infantes alcanzados por la violencia. Foto: Cuartoscuro.

Si algún día su mamá lo busca, queremos que tenga dónde llevarle flores

Las integrantes del colectivo saben que detrás de un cuerpo no identificado puede existir una familia que también está desaparecida, que vive en condiciones de extrema vulnerabilidad o que, por miedo, no se acerca a las autoridades.

Por eso no preguntan quién fue su madre ni por qué nadie ha ido por ellos. No juzgan. Esperan.

“Si su mamá algún día puede reclamarlo, queremos que tenga un lugar donde llevarle flores, llorarle y rezarle. Nosotros no estamos para juzgar a nadie”, afirmó García Lerma.

Ese es el sentido de su lucha: que una familia que quizá todavía no sabe dónde está su hijo pueda algún día encontrar un lugar donde despedirlo.

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Tras recibir el cuerpo, la activistas hacen un velorio, en el que probablemente llegan los padres para despedirse sin exponerse a ser detenidos por las autoridades. Foto: Ana Lilia Ramírez.
Tras recibir el cuerpo, la activistas hacen un velorio, en el que probablemente llegan los padres para despedirse sin exponerse a ser detenidos por las autoridades. Foto: Ana Lilia Ramírez.

El pequeño de Tecate sin nombre

El caso del menor localizado en Tecate fue dado a conocer el 3 de junio, cuando su cuerpo fue encontrado dentro de una maleta que posteriormente fue incendiada. La abandonaron en la Colonia Nueva Indú, en la zona rural de ese municipio. 

De acuerdo con la información forense, la causa de muerte fue estrangulamiento. También presentaba huellas de violencia y tenía las manos sujetas con alambre.

Días después, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de Baja California, Laureano Carrillo Rodríguez, informó que el menor no había sido identificado y que tampoco existía, hasta ese momento, una denuncia por desaparición que permitiera relacionarlo con alguna familia.

El 18 de junio, el funcionario advirtió que, si nadie acudía a reconocerlo y reclamarlo, el cuerpo podría terminar en una fosa común.

Las autoridades realizaron recorridos en comunidades cercanas al lugar donde fue hallado y buscaron información que pudiera conducir a su identificación, pero no lograron su objetivo. Hasta ahora, el pequeño continúa sin nombre.

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En la Fiscalía regional de Tecate está el último caso de un niño que no ha sido identificado, pero no quieren entregar el cuerpo a las integrantes del colectivo para que le den una sepultura digna. Foto: Fiscalía BC.
En la Fiscalía regional de Tecate está el último caso de un niño que no ha sido identificado, pero no quieren entregar el cuerpo a las integrantes del colectivo para que le den una sepultura digna. Foto: Fiscalía BC.

Cuatro niños tienen un lugar donde descansar

Antes de tocar la puerta de las autoridades por el caso de Tecate, estas mujeres recorrieron un camino parecido. Además de a Dulce María, sepultaron a dos hermanos, un niño de 8 años y una niña de 3, encontrados calcinados en Tijuana en enero de 2021, cuyos cuerpos no fueron reclamados, los llamaron Juan de Dios y Ana María.

“De ellos también les llevan flores a la tumba donde están sepultados, en el panteón número 12. Pensamos que son los padres. Lo que dijo la Fiscalía es que a los niños los mataron por una deuda de drogas, por eso no los reclamaron”, dijo Jessica García Lerma.

También a otra menor, de alrededor de 14 años, cuyo cuerpo fue localizado dentro de una maleta en Pórticos de San Antonio, en Tijuana, en marzo de 2021, la llamaron Marbella Guadalupe.

“Ella no la buscan en la tumba; murió víctima de la violencia que ya alcanzó a los niños y niñas”, dijo García Lerma.

Cuatro historias marcadas por la violencia, cuatro menores que no pudieron volver a casa, pero también cuatro niños que dejaron de ser cuerpos sin identificar para convertirse en personas con nombre, sepultura y un lugar donde alguien pueda llevar flores.

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Ahora el colectivo quiere hacer lo mismo con el pequeño de Tecate. Jessica García sabe que quizá nunca podrán conocer toda su historia, tampoco saber quién lo quiso, dónde nació o quién alguna vez lo llamó por su nombre. Pero hay algo que sí pueden hacer: evitar que se vaya solo.

Por ello, las integrantes del colectivo hacen un llamado a las autoridades de Baja California para encontrar una vía legal que les permita intervenir y evitar que el menor sea enviado a una fosa común.

Porque para estas mujeres, darle sepultura a un niño no es solamente enterrarlo: es reconocer que existió, darle un nombre, decirle que alguien lo quiso y, aunque haya llegado demasiado tarde, darle la despedida que merece.