Falsas ofertas laborales, detrás de uno de cada tres casos de trata reportados

Dalila Sarabia y Edgar Ledesma · 27 de julio de 2026

Falsas ofertas laborales, detrás de uno de cada tres casos de trata reportados

A sus 21 años, Lupita dejó su natal Veracruz. La vida en su comunidad, dice, no era fácil. A veces ni siquiera había qué comer. Por eso comenzó a buscar opciones para ayudar a su familia y construir un mejor futuro. Decidió mudarse al centro de la ciudad de Puebla para trabajar limpiando casas. Jamás imaginó que esa búsqueda de una vida mejor terminaría por llevarla a ocho años de explotación sexual.

“Sufrí violencia física y psicológica porque me golpeaba e insultaba cuando no le daba una cantidad (de dinero) exacta. Me retiraba mi teléfono y me dejaba encerrada hasta el otro día… abría nada más para llevarme de comer y que me alistara para volver a llevarme a trabajar”, contó Lupita.

Me decía que era yo una tonta, que una pendeja, que nadie me iba a querer por lo que yo era y hacía (…) él me alejó de mis familiares, de mis amistades; yo no tenía comunicación (con nadie) solo cuando era cuestión de trabajo podía manejar mi celular”, añadió la mujer, hoy de 36 años.

La trata de personas en México persiste y sus métodos de enganche evolucionan. A la captación cara a cara se han sumado las redes sociales, utilizadas para engañar a mujeres, hombres y menores de edad que después son sometidos a explotación sexual mediante la fuerza, el fraude o la coerción.

De 2013 a la fecha, el Consejo Ciudadano, que cuenta con un Programa Nacional de Atención contra la Trata de Personas, ha registrado 25 mil 369 atenciones telefónicas relacionadas con este delito.

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Del total de reportes, el 49 % proviene de los estados y alrededor del 21 % de la Ciudad de México. Otro 4 % corresponde a llamadas realizadas desde el extranjero, principalmente desde Estados Unidos.

El 26 % restante, detalló el Consejo Ciudadano, corresponde a reportes en los que las personas denunciantes, por seguridad, no precisan el lugar donde ocurrieron los hechos.

“La trata de personas es una promesa de amor, una promesa de un trabajo, de éxito o de una vida mejor, pero acaba en una explotación y en una pérdida de la libertad”, resumió Gabriela González García, directora encargada del Programa Nacional Contra la Trata de Personas del Consejo Ciudadano.

“Creemos que la trata de personas es cuando están encadenadas, ¿no? —el cliché—, pero es más sutil. Opera mucho el tema del engaño y juega un papel fundamental la manipulación psicológica”, agregó.

De acuerdo con estimaciones del Consejo Ciudadano, la cifra negra de este delito se ubica entre el 96 % y el 99 %.

El engaño: a las mujeres se les promete un sueldo atractivo como meseras, recepcionistas o edecanes, pero se les obliga progresivamente a prestar servicios sexuales
El engaño: a las mujeres se les promete un sueldo atractivo como meseras, recepcionistas o edecanes, pero se les obliga progresivamente a prestar servicios sexuales. Foto: Especial

Falsas ofertas de trabajo como método de enganche

Aunque la principal forma de captación sigue siendo persona a persona, a través del enamoramiento, un tercio de los reportes involucra a víctimas enganchadas mediante una oferta de trabajo falsa.

A diferencia de la manipulación romántica, este método suele operar mediante “verdades a medias”. A las mujeres se les promete un sueldo atractivo como meseras, recepcionistas o edecanes, pero al llegar a su destino se les obliga progresivamente a prestar servicios sexuales.

Para forzarlas, los tratantes inventan deudas impagables por concepto de boletos de avión, hospedaje, ropa o arreglo personal, y retienen sus documentos de identidad. En otras ocasiones, la oferta laboral falsa se emplea como una modalidad de secuestro exprés para trasladar a la víctima hasta un punto de encuentro y venderla a un tercero.

“En el caso de las ofertas de empleo como mecanismo de enganche tenemos el dato de que asciende al 34 %. Es un dato muy importante (porque estamos hablando) de que un tercio de las personas captadas es por esta vía”, detalló González García, en entrevista con Animal Político.

Si bien esta cifra se ha mantenido constante, los canales para enganchar a las víctimas —7 de cada 10 son mujeres— han cambiado con los años: los anuncios en periódicos o revistas dieron paso a los volantes pegados en postes y, más recientemente, a las redes sociales. Estas plataformas dan anonimato a los delincuentes y les permiten contactar a varias personas al mismo tiempo. Aprovechándose de su necesidad económica, les ofrecen sueldos elevados, exigen pocos requisitos y, en muchos casos, les piden cambiar de residencia.

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Una vez que las mujeres aceptan la oferta laboral y llegan al nuevo destino, muchas veces ya endeudadas por los gastos de traslado que les imponen los tratantes, son aisladas.

En esa situación de vulnerabilidad, explicó Mariana Wenzel, directora de la Asociación Nacional Contra la Trata Humana en la Sociedad (ANTHUS), son forzadas a dar un “pequeño paso” hacia la explotación sexual o son utilizadas como mercancía para ser vendidas.

“Los tratantes utilizan las falsas ofertas laborales cuando buscan dinero rápido y no quieren invertir el tiempo ni los recursos económicos que requiere el método de enamoramiento”, explicó Wenzel, quien cuenta con más de 20 años de trabajo en la materia.

“Cada tratante va analizando a su víctima y va viendo qué le conviene más porque para muchos tratantes es muy cansado el enamoramiento, que requiere de meses, o sea, ellos lo ven como un negocio de ‘voy a invertir tantos meses y tanto dinero en ella porque va a ser mi minita de oro’. Muchos no quieren invertir esos meses o esa cantidad de dinero, por lo que prefieren una falsa oferta de trabajo y ‘se la vendo a alguien más y me llevo mi comisión’”, abundó.

El 30 de julio, Día Mundial contra la Trata de Personas
El 30 de julio, Día Mundial contra la Trata de Personas. Foto: ONU

“Tú ya eres mi pareja y vas a vivir conmigo”

En poco tiempo, el sueño de Lupita de trabajar, salir adelante y ayudar a su familia se convirtió en una pesadilla de ocho años que casi le cuesta la vida.

Poco después de llegar a Puebla, conoció a un hombre de 42 años, el doble de edad que ella. Aunque en sus planes no estaba iniciar una relación, mucho menos vivir con alguien, en apenas 15 días él comenzó a presionarla y, sin darle oportunidad de decidir, le dijo que ella era su pareja y debía vivir con él.

Sometida a presión y manipulación, y sin nadie a quien pedir ayuda, Lupita terminó por irse a vivir con ese hombre.

El primer mes transcurrió con aparente normalidad, hasta que “me dijo que me tenía que ir a trabajar a la calle, pero yo no le entendí a qué se refería y me dijo que iba a ir como sexoservidora”, narró Lupita.

Al principio, ella se negó e incluso buscó la manera de irse de ahí, pero no pudo. El miedo, los golpes y las amenazas se volvieron cotidianos. Quería huir, pero no encontraba la fortaleza para hacerlo.

“Él me explicó bien todo: cómo debía hacer los servicios, cuánto debía cobrar de cada servicio que hiciera o me pidieran y que eso era un dinero más extra (…) no pude encontrar una salida a tiempo”, lamentó.

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Durante ocho años, Lupita fue sometida a violencia física y psicológica extrema, y permaneció completamente aislada de sus familiares y amistades.

En ese tiempo tuvo dos hijos con su agresor, quienes se convirtieron en el principal mecanismo de control para evitar que escapara: “con mis hijos era como me tenía más presionada. Yo tenía que regresar (a la casa) sea como sea por mis niños”, compartió.

Lupita no fue la única: durante esos ocho años, el hombre explotó a otras seis mujeres.

El punto de quiebre ocurrió tras un episodio en el que las amenazas se intensificaron y el miedo a perder la vida la impulsó a huir. “Presentía que él me iba a matar”, dijo. Un día, al salir a trabajar, decidió no regresar. Buscó a un hermano con el que no tenía contacto, pero que sabía que vivía en el centro de Puebla.

Tras recibir asesoría mediante una línea anónima, Lupita se presentó ante la Fiscalía para denunciar. Aunque reconoce que tenía mucho miedo e incluso pensó en regresar por sus hijos —que entonces tenían dos años y ocho meses—, colaboró con las autoridades para tenderle una trampa al agresor: por teléfono, le hizo creer que volvería con él.

“Cuando llegué ya lo habían detenido, ya no lo vi, solo vi la camioneta y ahí iban mis dos niños, ahí los llevaba… eran la presa de que ‘aquí los traigo’ para que me volviera a engañar”, narró la mujer.

Que una persona se reconozca como víctima puede requerir entre siete y ocho meses de acompañamiento
Que una persona se reconozca como víctima puede requerir entre siete y ocho meses de acompañamiento. Foto: Cuartoscuro

El largo camino para reconocerse como víctima

De 2014 a abril de 2026, el Consejo Ciudadano informó que las alertas recibidas mediante su línea de ayuda (800 5533 000) y la colaboración con las autoridades han permitido rescatar a 222 víctimas.

Aunque la cifra parece pequeña frente al número de reportes, las especialistas consultadas advirtieron que muchas víctimas de trata no se reconocen como tales y, por ello, rechazan la ayuda que se les ofrece.

“Nos manipulan, nos amenazan, nos meten miedo (…) yo vivía con todas esas dudas, con esas cosas que él me decía”, subrayó Lupita.

Mitzi Cuadra, directora operativa de ANTHUS, explicó en entrevista que reconocer el propio proceso de victimización puede requerir entre siete y ocho meses de acompañamiento integral. Durante ese periodo, la psicoeducación y la terapia ayudan a las víctimas a derribar profundas barreras psicológicas para reconocerse como tales.

Verbalizar el delito, sin embargo, no significa asimilarlo, subrayó.

“(Hablar de trata) no necesariamente implica que le atraviese en la conciencia, en la emoción. No necesariamente saben qué implica ser víctima de trata”, señaló la experta.

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Por su parte, Gabriela González García explicó que las víctimas suelen interpretar lo que viven como una infidelidad, un engaño o maltrato, sin identificarlo como trata:

“Es difícil que puedan percibir que son víctimas de un delito de trata. Generalmente creen que les fueron infieles, que las están engañando, a lo mejor que las maltratan, pero pocas veces saben que se trata de este delito (…), de un proceso en el que empiezas a trabajar con la víctima y hacerla consciente de sus necesidades, de sus derechos, de la situación por la que está atravesando y empiezas a contradecir el discurso del tratante que funciona mucho para que no pidan ayuda”.

Cuadra señaló que el mayor obstáculo que enfrentan las víctimas no es la culpa o la vergüenza, sino la falsa creencia de que actuaron por voluntad propia. Al haber aceptado ciertas promesas —como tener una casa o un terreno— o recibido satisfactores básicos, como comida y transporte, las mujeres pueden llegar a considerarse “copartícipes de su propia explotación”.

“Es mucho menos doloroso pensar que una tuvo agencia y que ha participado, a que de plano me quitaron todo. No me quiero sentir tonta, no quiero sentirme usada”, sostuvo Cuadra.

Desmontar el engaño y la creencia de haber actuado por voluntad propia requiere un profundo trabajo terapéutico. Cuadra advirtió que algunas mujeres nunca llegan a reconocerse como víctimas: “hay algunas que incluso no llegan (…) nunca les atravesó el ser víctima, o sea, nunca vivieron desde ahí”.

Niños que trabajan en las calles están expuestos a las peores formas de trabajo infantil, explotación sexual y trata de personas
Niños que trabajan en las calles están expuestos a las peores formas de trabajo infantil, explotación sexual y trata de personas. Foto: Cuartoscuro

Qué es y qué hace ANTHUS 

ANTHUS es una asociación nacional fundada en 2013 por Mariana Wenzel que brinda apoyo a víctimas de trata procedentes de distintos estados del país.

Su labor se centra en el rescate, el acompañamiento y la rehabilitación. En enero de 2015 abrió en Puebla un refugio especializado de puertas cerradas y, tres años después, el Centro ANTHUS, una casa de medio camino de puertas abiertas.

Desde entonces, la asociación ha atendido a más de 100 mujeres y a sus hijos. El acompañamiento no se limita a unos meses, sino que puede prolongarse durante años, de acuerdo con las necesidades de cada sobreviviente.

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A cinco años de haber recuperado la libertad, Lupita continúa reconstruyendo su vida, mientras el proceso contra su agresor sigue sin darle la justicia que reclama.

Todos los días lidia con el miedo y la frustración: pese a la gravedad del delito, su agresor permanece bajo arraigo domiciliario y cuenta con recursos para pagar abogados particulares.

“Quiero justicia y que pague todo lo que me hizo pasar. Digo, porque yo creo que de tantas fui la única que tuvo ese valor para denunciarlo (…) eso es lo único que pido, que pague lo que tenga que pagar y que acepte su culpa”, urgió Lupita.