“Tan cerca y tan lejos”: un mundial ajeno a los vecinos del estadio Azteca

Andro Aguilar · 11 de abril de 2026

“Tan cerca y tan lejos”: un mundial ajeno a los vecinos del estadio Azteca

Para el matrimonio de Ana María Licona y Ricardo Reyes, que viven a una calle del Estadio Azteca, el mundial de futbol es un evento exclusivo para las grandes marcas al que los vecinos no están invitados.

Durante el mundial de futbol de 1986 —el segundo realizado en México—, la señora Ana y el señor Ricardo vendieron quesadillas y otros alimentos afuera de su vivienda en la colonia Santa Úrsula Coapa para aprovechar la visita de aficionados. Cuarenta años después, sin embargo, se enfrentan al cerco de las autoridades que prohíben el comercio informal en la zona durante los días de juego.

Los 50 metros de distancia entre la casa del matrimonio y el estadio acentúan la paradoja de vivir tan cerca del epicentro de un evento que les resulta inaccesible.

“Tan cerca y tan lejos”: un mundial ajeno a los vecinos del estadio Azteca
Foto: Andro Aguilar

El aspecto de la vivienda del matrimonio contrasta con el estadio recién remodelado. Bajo la sombra de un pirul, escaleras abajo desde el nivel de la calle, está la construcción sin repellado ni pintura donde el matrimonio vive con tres patos, tres gallinas, un gallo, cuatro gatos y dos perras. El techo, de tejas de asbesto, está a la misma altura de la calle repavimentada como parte de las obras gubernamentales para el mundial.

La vivienda desentona también con un edificio contiguo, recién levantado con una docena de departamentos en cuya fachada aún se pueden ver los sellos de que la obra violó las reglas de construcción.

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Ricardo Reyes vio crecer el estadio Azteca desde sus cimientos. Llegó a Santa Úrsula en 1957, a los 7 años. Cuando cumplió 12, se inició la construcción del inmueble al que él ha asistido como aficionado y trabajador, a echar porras a los Rayos de Necaxa —antes de que ese equipo fuera trasladado a Aguascalientes—  y a laborar con su oficio de electricista.

“Tan cerca y tan lejos”: un mundial ajeno a los vecinos del estadio Azteca
Foto: Andro Aguilar

Luego de más de medio siglo en la zona, ahora que el Azteca vuelve a ser foco del futbol mundial, además de los precios que le resultan inaccesibles para ver un juego desde las gradas, el vecino siente que es tratado como un extraño en la tierra que ha pisado por 70 años.

Desde octubre, los habitantes de Santa Úrsula han soportado el ruido de máquinas que perforan el suelo hasta la medianoche, nubes de polvo constantes y el desvío del transporte público. “Es una imposición”, acusa el señor Ricardo.

“Hubo mucho cascajo, todas las calles sucias, mucha gente que venía a trabajar bloqueaba las calles, las taponeaban y era un polvaderón… Un ruido intenso de las máquinas perforadoras que en la noche estaban trabajando hasta las 10, 11 de la noche. No podía uno dormir bien. Esto lo hicieron sin avisar, sin prevenir. El gobierno siempre ha hecho las cosas a su manera, no toma el parecer de los colonos. Es una imposición. ¿Basado en qué? En el estadio Banorte…”.

La fiesta ajena

La distancia de su casa con el estadio Azteca es breve; sin embargo, el matrimonio asegura que la fiesta del mundial de futbol no alcanza a cruzar una calle.

Aunque los gritos de los asistentes a la reinauguración del inmueble retumbaron el pasado 28 de marzo —en la reinauguración del inmueble— y la publicidad ha inundado desde hace semanas las fachadas de las calles aledañas, la señora Ana y su esposo vislumbran el mundial de futbol de la FIFA como un espectáculo inalcanzable, como espectadores que no pueden participar ni beneficiarse económicamente.

“Tan cerca y tan lejos”: un mundial ajeno a los vecinos del estadio Azteca
Foto: Andro Aguilar

“Tan cerca y tan lejos”, lamenta la mujer de 74 años.

El matrimonio se queja también de la reforma a la Ley de Cultura Cívica impulsada por la jefa de Gobierno Clara Brugada, que les impide cuidar los automóviles de aficionados frente a su domicilio, ante el riesgo de pagar multas o hasta 36 horas de cárcel.

“No hay nada de beneficio para los colonos, mucho menos para todas las alcaldías que van a estar afectadas por este evento internacional. Es exclusivamente para gente multimillonaria y para beneficio de los empresarios del estadio Azteca, que viene siendo Emilio Azcárraga Jean, Banorte y varios empresarios más”, dice el señor Ricardo, de oficio electricista, sentado en uno de los tabicones sueltos que le sirven como bancas temporales afuera de su vivienda.

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El señor Ricardo también recuerda las concesiones fiscales que el gobierno mexicano dio a la FIFA por el torneo. Las autoridades se comprometieron con esa organización a otorgar “exenciones de impuestos y operaciones con moneda extranjera”, como parte de una de las garantías para obtener la candidatura para la Copa Mundial. Su ejecución fue confirmada en la Ley de Ingresos de 2026.

“Tan cerca y tan lejos”: un mundial ajeno a los vecinos del estadio Azteca
Foto: Andro Aguilar

Por ello, Ricardo reclama que mientras a los vecinos se les prohíbe el comercio informal bajo amenaza de multas o cárcel, la FIFA y las marcas internacionales operan protegidas por el gobierno para no pagar impuestos durante el mundial.

“Se sabe perfectamente que FIFA no va a pagar ni un centavo por hacer el evento acá. Cómo es posible que se respeten todavía en esta administración con Claudia Sheinbaum tratos con empresarios que afectan al pueblo mexicano. Eso no debe ser. Si ya tuvo un acuerdo con (Enrique) Peña Nieto, ‘lo siento mucho, lo deshacemos y vamos a hacer de acuerdo a lo que pida el pueblo’. Porque para eso están esas autoridades, que son servidores públicos”.

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Foto: Andro Aguilar

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Ricardo reconoce que el parque Alegría, ubicado frente a su vivienda y remodelado por el gobierno capitalino, “quedó bonito”, pero advierte que no tomaron en cuenta las opiniones de los vecinos.

La señora Ana reclama que fueron retiradas las verduras y hortalizas que crecían ahí.

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Foto: Andro Aguilar

“Aquí había de todo. Había árboles, había hasta verduras para comer. Salían quelites, salían varias cosas, jitomate, tomate, pero pues ya acabaron con todo. La verdad es que no nos tomaron en cuenta”, dice ella sentada en una banca de ese espacio.

El parque estuvo cerrado seis meses. Al reabrir, tras la inauguración de las obras alrededor del estadio, los quelites y jitomates habían desaparecido.