El Mundial sin exclusión: noventa minutos lejos del odio en casa de El Caracol

Eréndira Aquino · 12 de junio de 2026

El Mundial sin exclusión: noventa minutos lejos del odio en casa de El Caracol

La Ciudad de México amaneció transformada en un escenario de contrastes insalvables. Mientras el Estadio Ciudad de México y las zonas aledañas a los fan fests oficiales permanecían sitiados por dispositivos policiales y las protestas de distintos colectivos, el resto de la metrópoli se tensó bajo el peso de una narrativa oficial enfocada en el control.

Días antes de la inauguración, las denuncias por acciones de “limpieza social” en alcaldías, como la Cuauhtémoc, habían encendido las alarmas: reportes sobre el retiro forzado de personas en situación de calle y el despliegue de operativos diseñados para ocultar la pobreza bajo el brillo artificial del Mundial 2026, terminaron por blindar una ciudad que se negaba a mostrar sus fracturas. 

Las jugadas tenían a los asistentes al borde de sus sillas
Las jugadas tenían a los asistentes al borde de sus sillas. Foto: Eréndira Aquino

​Sin embargo, en las oficinas de El Caracol, en la alcaldía Venustiano Carranza, la realidad se resistía a ser invisibilizada. Aquí no hubo vallas metálicas ni intentos por desalojar la identidad de nadie. Lo que hubo fue un fan fest sin costo, sin exigencias y, sobre todo, sin exclusión. 

​En la pantalla, el partido avanzaba entre jugadas que mantenían a la treintena de asistentes al borde de sus sillas. La pasión no se limitó a los colores de la Selección Nacional: el recinto era un mosaico de lealtades donde convivían playeras de diversos equipos, demostrando que el fervor futbolero trasciende cualquier bandera, en una atmósfera marcada por el ritmo incesante de las infancias, quienes, armadas con cornetas y manos aplaudidoras de plástico, convirtieron cada jugada en una fiesta sonora.

​Para Noé Juárez Zúñiga, de 55 años, este espacio fue mucho más que un lugar para ver el partido. “Aquí es más tranquilo, más cómodo, y en compañía de mis compañeros es muy agradable”, comentó.

Noé, quien conoce bien los contrastes de la ciudad, señaló que prefirió este refugio antes que exponerse a los operativos de zonas como Chapultepec o el Zócalo, donde se exige identificación para entrar y se vive bajo la constante vigilancia que excluye a quienes no cumplen con un estándar de “buena vista” para el turista.

El balón hizo aparecer la camaradería y desaparecer las etiquetas
El balón hizo aparecer la camaradería y desaparecer las etiquetas. Foto: Eréndira Aquino

El sabor agridulce de la fiesta en un ambiente de discriminación

Enrique Hernández, director de El Caracol, explicó que la decisión de organizar este evento surgió ante las barreras impuestas en los espacios oficiales, “para que vieran el partido en condiciones seguras, para que pudieran divertirse y echarle porras a México de manera natural”. 

Para Hernández, la inclusión no debe ser forzada, sino un ejercicio cotidiano donde, por un momento, las etiquetas desaparecen ante el balón.

​Sin embargo, pese al oasis inclusivo que supuso este espacio para el disfrute mundialista, el evento no está exento de una realidad dolorosa. El activista reconoció que el ambiente es “agridulce” debido a la ola de odio y discriminación que enfrenta la población callejera, ejemplificada en agresiones físicas recientes contra integrantes de su comunidad.

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​”Siempre estamos atendiendo la emergencia, lo duro de la calle”, apuntó el director. “Por eso, este evento fue un intento de cambiar el chip: pasarla bien sin estar en alerta, invertir en hot dogs y dedicarnos a gritar ¡México!, porque también tienen derecho a disfrutar de la vida cotidiana más allá de la crisis”.

​Cuando el balón finalmente sacudió la red, el estallido de júbilo nada tuvo que envidiarle a las tribunas del Azteca. En este espacio, el derecho a la alegría no estuvo condicionado por el estatus social: por un par de horas, la ciudad recuperó su rostro más humano y la calle gritó gol, reclamando, entre el sonido de las matracas y la camaradería, su legítimo lugar en la fiesta. 

Jaime fue golpeado e incendiado por dos personas en la alcaldía Venustiano Carranza
Jaime fue golpeado e incendiado por dos personas en la alcaldía Venustiano Carranza. Foto: Cortesía El Caracol

Más allá del partido: la labor de El Caracol a favor de las poblaciones callejeras

​El ambiente, sin embargo, no logra desprenderse de una realidad que acecha a cada paso. Mientras las pantallas mostraban las jugadas del partido, en la mente de varios asistentes y del equipo de El Caracol rondaba el nombre de Jaime.

Él, un integrante de la comunidad que suele habitar las calles, se encuentra hoy en un hospital, luchando por su vida tras haber sido víctima de una agresión brutal: fue golpeado y quemado, una muestra extrema de la “ola de odio” que, según denuncia Enrique Hernández, permea contra quienes viven a la intemperie. 

​Para los organizadores, incluir este tema como parte de la agenda de la celebración mundialista no es una distracción del evento, sino un recordatorio de por qué era urgente abrir un espacio así. “Tenemos a Jaime bastante grave; es consecuencia de esta ola de odio y de discriminación”, lamenta Hernández. La presencia de Jaime —o el vacío que deja su ausencia en este día de fiesta— se vuelve un espejo de la vulnerabilidad extrema que enfrentan.

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En un contexto en el que  la ciudad se limpia para el turismo y se invisibiliza la tragedia, el fan fest se convirtió en una trinchera: un lugar donde, al menos por noventa minutos, se eligió recordar la humanidad del compañero herido celebrando la vida de los que aún pueden gritar un gol.

Más allá de este festejo, la labor de El Caracol es una vigilancia constante. La organización forma parte del observatorio de derechos humanos conformado por la Red Tdt (Todos los Derechos para Todas y Todos), un esfuerzo colectivo que busca documentar las violaciones a los derechos de quienes habitan las calles.

Ante el clima de violencia que viven las poblaciones callejeras —que se intensifica ante la realización de eventos masivos—, El Caracol hizo un llamado a la ciudadanía: en caso de presenciar cualquier acto de agresión o abuso de autoridad, se recomienda dar parte a la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM), organismo que ha implementado un despliegue para atender las posibles vulneraciones cometidas en la capital en el marco del Mundial 2026.