Partidos y glitter: el futbol diverso que se juega en cárceles de CDMX

Marcela Nochebuena · 25 de julio de 2026

Partidos y glitter: el futbol diverso que se juega en cárceles de CDMX

“En medio de este contexto mundialista, estamos aquí en un evento diverso… es bien importante que estemos viendo futbol con personas de la diversidad”, se escuchó a través del micrófono durante el Mundial 2026. El escenario estaba instalado al centro de una cancha de futbol americano, dividida provisionalmente en dos para soccer, en una de las pocas áreas a cielo abierto del Reclusorio Preventivo Varonil Norte.

A más de 30 kilómetros de la sede mundialista de la capital y a poco más de 24 horas de que la Selección Mexicana enfrentara a Ecuador en busca del pase a octavos de final, la promesa de aquel lunes era diametralmente opuesta a la del futbol profesional y sus federaciones: “partidos, mucho glitter y mucho show”. Las y los integrantes de 10 equipos de 10 centros de reclusión distintos de la Ciudad de México habían sido trasladados desde la madrugada a la prisión que se convirtió durante un día en la sede del tercer Torneo de Futbol Inter Penitenciario LGBTIQ+.

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Las personas privadas de la libertad que habían llegado muy temprano desde los reclusorios más lejanos, como el Oriente o Tepepan, dejaban ver un entusiasmo como si recién hubiera amanecido. Antes de que empezara el torneo, se congregaban alrededor de mesas y sillas blancas de plástico, entre maquillaje, café, risas, tamales y nuevos uniformes que llegaban como un regalo inusual a sus manos.

Unos minutos antes, cerca de las 9 de la mañana, incluso el azul gastado de las paredes de la Aduana del ReNo —como se le conoce al Reclusorio Norte— lucía diferente: casi nunca puede apreciarse tanto color cerca de esas puertas, que privan de la libertad pero no de otros derechos, como evidencian eventos especiales como este, en el marco del Mes del Orgullo LGBTIQ+. Maletas, pelucas, listones y colores aguardaban el acceso de visitantes, artistas invitadas y civiles.

Partidos, glitter y diamantina: el futbol diverso que se juega en las cárceles de CDMX
Desde hace unos 5 años se logró que el sistema penitenciario reconociera a las poblaciones LGBT. Foto: SSC.

Ese día el futbol era, en realidad, un pretexto para celebrar, cantar y performar la diversidad. En términos de seguridad, el movimiento también era inusual: en el estacionamiento había varias camionetas y vehículos grandes rotulados como propiedad del sistema penitenciario, numerosos elementos de la secretaría de seguridad y custodios de otros centros.

En medio de ese escenario, llegaba uno de los últimos camiones que transportaba al equipo femenil de Santa Martha Acatitla. La algarabía se escapaba de las ventanas del camión cuando juntas gritaban “¡las jefas, las jefas, las jefas!”, el nombre de su equipo. El típico gris de pasillos y barrotes tenía un toque diferente y poco habitual para un reclusorio: arcos formados con globos de colores y banners con las letras PRIDE.

Cuando los civiles llegaban a la fiesta interpenitenciaria, el sarcasmo del encuentro entre la libertad y el encierro era inevitable: “¿Cómo estás?”, preguntó el integrante de una de las organizaciones civiles involucradas en la organización. “De maravilla, aquí encerrado”, respondió con una sonrisa uno de los hombres privados de su libertad, impaciente por vestir su uniforme e iniciar el torneo.

“El único derecho que pierden es a la libertad, no los demás”

Andrea Luna, del Colectivo Trans por la Libertad de Ser y Decidir, fue una de las primeras en llegar, con más entusiasmo que cualquier aficionada. Lleva 17 años haciendo activismo por las poblaciones LGBT privadas de la libertad, primero garantizando su salud ante infecciones de transmisión sexual, y después impulsando iniciativas como el torneo. Presumía su paraguas de colores mientras saludaba a los de dentro que ya la conocen, por su trabajo o por el tiempo que compartió con ellos.

“Yo fui una mujer trans igual privada de mi libertad y hemos podido ver cómo ha cambiado; no te voy a decir que hoy en día están muy bien y todo, siguen pasando cosas, pero seguimos trabajando, seguimos impulsando, visibilizando cuando se cometen estas violaciones a los derechos o se omite que hay personas que necesitan salud; cuando una comete una falta, o muchas personas lo toman como un error en su vida, el único derecho que pierde es el derecho a la libertad, no sus demás derechos”, recuerda.

“De noche y de día, arriba la Penitenciaría”, empezaban a escucharse algunas porras. En otro punto del patio alguno ya estaba incluso “volando”, como ocurrió por toda la Ciudad de México durante los festejos del Mundial 2026, cuando la Selección Mexicana todavía avanzaba invicta. Con atraso, por fin llegó la hora de ocupar la cancha y las gradas, después de enfundarse en los nuevos uniformes, con los que el beige, azul, blanco y negro reglamentarios en la vestimenta penitenciaria cedieron lugar al morado, rosa, rojo y todo un arcoiris.

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Vestido de rosa y ansioso porque los partidos empezaran, uno de los internos del Anexo 8 del Oriente explicaba cómo funcionó el entrenamiento de la selección de su reclusorio, que él mismo armó. Con 15 años privado de la libertad y cinco que le faltan para cumplir sentencia, contaba que de dos a tres meses antes fue cuando eligieron a los integrantes definitivos, pero todos trabajaron desde un año atrás.

Para ello, hizo falta tener buen comportamiento, pero no solo eso, sino además saber hacer equipo y estar preparados para un torneo, subrayó. Al fondo de la cancha de futbol americano, dividida en dos de soccer solo para este día, un mural ilustraba lo que debería significar el deporte mediante imágenes alusivas al box, atletismo, balompié y futbol americano enlazadas por un listón donde se leen las palabras “esfuerzo, serenidad, compromiso, superación, sabiduría, respeto, voluntad, valor, tenacidad, pasión, gratitud y humanidad”.

Partidos, glitter y diamantina: el futbol diverso que se juega en las cárceles de CDMX
Reclusorio Preventivo Varonil Norte de la Ciudad de México. Foto. SSC.

“La diversidad no es una excepción, sino la historia misma de la humanidad”

“La diversidad no es una excepción, sino la historia misma de la humanidad”, fue la frase que inauguró el torneo en voz del maestro de ceremonias, Mario Bustamante. Como el campo de americano se dividió en dos canchas, se jugaron dos partidos simultáneos: el primero, el Reclusorio Oriente contra el Cevareso y el segundo, el Anexo Oriente contra el Cevarepsi. El arbitraje quedó a cargo del anfitrión, el Reclusorio Norte.

Mientras, en las gradas ya se desbordaban las porras y el entusiasmo. Pasaban de mano en mano diademas, collares hechos de trozos de papel de colores, silbatos y botanas. La diversidad se decía en el micrófono mientras se vivía en los colores de la cancha y la tribuna.

Fue entonces cuando llegó la promesa de más partidos, glitter y show. Entre los uniformes más vistosos destacaban uno morado con dorado y uno verde pistache con el texto “propiedad de Dios”. Las de Tepepan también presumían su origen en las letras de sus playeras. Casi irreconocible en su faceta deportiva, con ese equipo llegó Carolina, que ya ha relatado cómo la absorbió la violencia y las actividades que aprendió en su privación de la libertad.

El lodo en el pasto de la cancha por la lluvia acumulada hizo estragos en los cuerpos y los uniformes, pero eso fue irrelevante para armar la fiesta del futbol. La ola se organizó de lado a lado en las gradas, como ocurre en cualquier encuentro desde el barrio hasta los estadios. Igual que en los márgenes, en contraste con la fiesta más grande y comercial del futbol, dominada por las federaciones, en los reclusorios —donde imperan la hacinación y la precariedad— el balompié ocurre en su estado más puro: no cobra ni vende, solo se juega.

Además, esta vez, como pocas –o casi nunca— las diversidades fueron las protagonistas, esas poblaciones que han quedado fuera de cualquier liga profesional, federación o selección nacional. Esas que siguen siendo tabú, o un tema que si se vive, debe ser en silencio en las grandes ligas. En el mundo, los jugadores profesionales de soccer abiertamente homosexuales han sido excepcionales; en México, ninguno. En cambio, las expresiones e insultos homofóbicos han proliferado de tal manera que la FIFA ha llegado a prohibirlos.

Hasta el medio tiempo es una fiesta LGBT: derechos, salud y resistencia

En este torneo del Reclusorio Norte, en cambio, no solo todos los jugadores lo son abiertamente, sino que hasta el medio tiempo es una fiesta LGBTIQ+. Jorge Luis, del Reclusorio Oriente, está a cargo del primer show con “A lo mejor” de la Banda MS. Cristian, del Anexo del Oriente, le sigue con una canción a capela con su guitarra. Cuando toca el turno de los espectáculos drags, el maestro de ceremonias lanza: “ya vamos a empezar con la diamantina y el glitter”.

Sarai, del Cevasep, entra al escenario con el Noa Noa, y Todos me miran de Gloria Trevi. Empieza con un traje formal del que poco a poco se va despojando para lucir un vestido y prender a la porra con Doctor Psiquiatra. En ese momento, el evento deja de ser solo un torneo de futbol y se convierte al mismo tiempo en una fiesta de globos y colores. Siguen los partidos simultáneos del Cevasep 2 contra el Reclusorio Sur, y el femenil de Santa Martha contra Tepepan. Las de Santha Martha golean 6 a 0, pero la euforia no se acaba.

En el fondo, su fiesta del futbol no se trata solo de deporte y algarabía. Detrás de las gradas están instaladas dos mesas blancas donde personal de la secretaría de salud aplica pruebas de detección de VIH, sífilis y hepatitis. Se reparten folletos sobre sexualidad e infecciones de transmisión sexual, al igual que condones.

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Si han vivido marginación en el futbol profesional, la vida de las poblaciones LGBT en privación de la libertad es mucho más difícil. Por eso el Colectivo Trans lleva más de 10 años entrando a las cárceles de la Ciudad de México para apoyarlas y acompañarlas, en los que han identificado múltiples violaciones a sus derechos, aún con los avances que pueden reconocerse, dice Andrea. Al principio fueron solo charlas y talleres informativos cada mes.

Partidos, glitter y diamantina: el futbol diverso que se juega en las cárceles de CDMX
Reclusorio Preventivo Varonil Norte de la Ciudad de México. Foto. SSC.

Desde hace unos cinco años, junto con otras organizaciones civiles, lograron que el sistema penitenciario reconociera a las poblaciones LGBT, y que en el mes de junio se hicieran marchas y otras celebraciones para resaltar las necesidades y las problemáticas a las que se enfrentan las personas privadas de la libertad que se identifican con la diversidad sexual. Desde entonces, se llevan a cabo en todos los centros.

En esa constante búsqueda por visualizarlas, nació la iniciativa de incluirlas en otros ámbitos, como el deporte. Así surgió la idea de organizar equipos de futbol, que primero empezaron a competir internamente en cada centro. Fue hace tres años cuando se propuso por primera vez el encuentro deportivo interreclusorios.

Como el sistema penitenciario contaba ya con algunas ligas, se trataba de una forma de incluirles y reforzar el tema del derecho al deporte. La sede se ha rotado cada año —primero la Peni, luego el Cevareso y, en esta tercera edición, el Norte— por cuestiones de seguridad.

“De alguna forma ayuda a su salud mental, a la motivación, a tener –como nosotros hemos desarrollado en estos 10 años— una autoestima, sentirnos incluidas y decir ‘no más al rechazo’, ‘no más a la discriminación’, y que las diversidades estén en todos estos niveles, en todos los ámbitos, y el deporte creo que es súper importante”, apunta Andrea.

Se estima que en todos los reclusorios del país están privadas de la libertad 8 mil 719 personas que se identifican como LGBTQ+, el 4% de la población total. En Ciudad de México, la Penitenciaría y el femenil de Santa Martha Acatitla están entre los reclusorios que más población trans concentran. La mayoría enfrenta diferentes formas de discriminación, aislamiento en el caso de las personas trans, al menos un hecho victimizante —más del 40 por ciento—, en especial agresiones sexuales, así como obstáculos para acceder a medicamento y tratamientos.

“A quién le importa lo que yo haga”: marcha y fiesta cierran el torneo

La importancia de incluir y ver a las poblaciones LGBTIQ+ jugando futbol es un énfasis que se hace durante el torneo desde la cancha, originalmente rotulada con el logo de los RENOS, equipo de futbol americano del reclusorio. En el escenario que divide a los dos terrenos de juego improvisados para el soccer, ya se desarrolla un nuevo show entre partidos: Ivana, del Reclusorio Preventivo Varonil Oriente, se transforma en Selena al pisar el escenario.

Sara Aldrete, reclusa en Tepepan y conocida —injustamente, defiende ella— como la “Narcosatánica”, aparece envuelta en una estola de colores, botas negras altas, collares y brillo, para lucir un porte elegante y festivo que expresa todo lo contrario a ese apodo. “A quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga, yo soy así, nunca cambiaré, así seguiré…”, interpreta sin cantar al centro de la pista.

Partidos, glitter y diamantina: el futbol diverso que se juega en las cárceles de CDMX
Se estima que en todos los reclusorios del país están privadas de la libertad 8 mil 719 personas que se identifican como LGBTQ+. Foto: SSC.

Todavía no termina el siguiente partido cuando dos internas ya están en el escenario caracterizadas como Shakira y Karol G haciendo la coreografía de TQG, después de que la primera dejara toda su interpretación de Antología y Suerte. El último silbatazo de la jornada marca el arranque del partido entre los anfitriones y la Penitenciaría. Camila Finix, del segundo centro, presenta el último show drag.

Pero las sorpresas aún no se acaban: al torneo sigue la tercera Marcha del Orgullo Gay 2026 en el patio del ReNo rumbo al auditorio de la instalación. Un “no que no, sí que sí, ya volvimos a salir” y “aquí está, la resistencia trans” retumban y se apagan al interior de los muros; afuera nadie alcanza a escuchar.

Una vez en el auditorio, solo queda más fiesta. Mentidrags, las invitadas especiales, cierran la celebración, con un público que las sigue cantando a todo pulmón un popurri de las clásicas del musical Mentiras. El entusiasmo se desborda; los heterosexuales –el resto de la población general varonil— se unen a la celebración y sorprenden con su sincronía para lanzar porras a diestra y siniestra: a las invitadas, a sus compañeres de otros centros y a la diversidad.

“Un aplauso a los heterosexuales”, pide la artista drag encargada del cierre final, que se define a sí misma como “una pinche rocola” antes de entonar a Juan Gabriel, Selena y Alejandra Guzmán. Como tantas veces se les ha reclamado a las selecciones nacionales, desde el escenario desata las risas de les futbolistes en reclusión con un “jugaron bien de la verga, pero le echaron muchas ganas”.

A la manta morada colgada de los barrotes grises, junto con la demás parafernalia, que rezaba “El amor no tiene género” le quedaban pocos días de vida. Las poblaciones LGBT volverían a enfrentar dificultades una vez terminado junio, pero ya cuentan con organizaciones que no cejarán en su empeño por apoyarlas el resto del año.

Al menos por un día, los colores hostiles, esa pesadumbre conocida como el “carcelazo”, la pérdida de la noción del tiempo y la monotonía no fueron, como es habitual, las marcas distintivas de la prisión, que al día siguiente volvería a representar el mismo castigo de siempre.