Marcela Nochebuena · 17 de julio de 2026
Un conjuro escénico para que todas las personas que han sido desaparecidas regresen a casa y una estrategia de organización sensible desde los cuerpos que se mueven para hacer aparecer otro mundo posible. Esas son las premisas de las que parte la obra de teatro “¿Qué puede un cuerpo?”, una pieza dedicada a las familias buscadoras.
Dirigida por Shanti Vera, de la compañía Cuatro x Cuatro, la obra llegará este sábado al Palacio de Bellas Artes tras las conversaciones que su director sostuvo con distintos colectivos de búsqueda en las que les planteó cuestionamientos sobre la desaparición de sus seres queridos.

Una de las respuestas surgió cuando Vera le pidió a un hombre buscador de Veracruz que le compartiera sus sueños y él le dijo: “Sí creo que voy a encontrar a alguien, porque ya lo soñé”.
Eso le parece maravilloso, reconoce Vera en entrevista. Al mismo tiempo es un hecho muy fuerte, pero descubrió que no solo le pasa a ese hombre, sino también a personas que están en Tamaulipas, en el Estado de México y en muchas otras entidades del país.
Además, dice, no solo acuden a su cuerpo, a las cosas que sienten o que intuyen, sino a otros campos de saberes, como leer los elementos de la naturaleza. De manera personal, eso conectó con las prácticas de su familia materna.
“Me parece algo muy digno de dirigir la mirada, de entender; para nosotros se abrió como un campo de conocimiento increíble que está en todas las culturas: lo podemos observar en nuestras abuelas, esos presentimientos, intuiciones, de eso va un poco, de cómo podemos pensar el cuerpo como un territorio al cual podemos acudir, y también saber que no sabemos lo que está pasando el cuerpo de otra persona”, describe.
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Esa le parece una posición dinámica y política: entender que todo lo que sucede enfrente de una persona es muy difícil, y saber que se puede acudir al cuerpo para relacionarse con el mundo desde otra latitud. “Va un poco por ahí esta investigación, que evidentemente no es un tema, sino algo que nos encontró porque estamos contextualizados en México”, sostiene.
De acuerdo con el registro oficial, en México hay más de 135 mil personas desaparecidas y no localizadas. Entre los principales factores que perpetúan esta crisis se encuentran la falta de recursos y operatividad de las comisiones de búsqueda y fiscalías estatales, así como el rezago forense en el país, con un cálculo de más de 70 mil cuerpos sin identificar. Entre los estados con más personas reportadas como desaparecidas se encuentran Tamaulipas, Estado de México, Jalisco, Michoacán y Nuevo León.

A partir de la investigación “Los jornaleros forenses”, de Paula Mónaco y Wendy Selene Pérez, Shanti Vera quiso preguntarse qué estaban soñando las personas que buscan. Esa fue la primera puerta, revela.
“A través de ellas, yo contacté a algunos integrantes de colectivos de búsqueda, los entrevisté. Quería saber qué están soñando, y lo que me parecía sorprendente es que una persona ubicada en Veracruz y una que está en San Fernando, Tamaulipas, o en el Estado de México, sueñan cosas parecidas, que es como que les está hablando la tierra, los árboles, les están diciendo”, relata.
La poesía, los cantos, las recetas caseras para curar atraviesan también a esas madres y a otras, que son la conexión que el director encontró con su historia personal, como su abuela, que sabía exactamente para qué sirve cada rama, cada palo, cada piedra, la brasa y el fuego. “Tienen un conocimiento que es nombrado como ancestral; es una sensibilidad, esa sensibilidad es la que me parece brutal, y tendríamos que estudiarla en nosotros”, añade.
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Desde su perspectiva, las personas buscadoras nos están mostrando la belleza de habitar esa sensibilidad, pues frente a uno de los fenómenos más complejos, acuden a otro tipo de saberes que complementan el conocimiento científico, que es el paradigma de la modernidad, pero no deja atrás otros saberes sumamente vastos que él llama “conocimientos sensibles”.
Para el director, el arte siempre ha sido un espacio vital en donde se puede hablar desde otras aproximaciones, y se pueden insertar otras formas de pensar, sentir y relacionarnos. Por eso, a través de esas entrevistas, dice, se dio cuenta de que las cosas más sencillas en lo cotidiano sostienen el mundo: cuando una persona limpia, acomoda algo, teje una bufanda para cubrir a su hijo, calienta un poco de café para los demás.
“Esta cosa que el humano tiene, que me conmueve mucho, que es la de poder cuidar a otra persona, y que esas personas son integrantes de colectivos, sobre todo madres, no todas, porque hay quienes están abriéndose a cuidar a otras aunque no las conozcan. Eso me conmueve mucho, porque siempre me pregunto cuáles son las sociedades que queremos imaginar, construir y sostener”, señala.

Ante un paradigma de la modernidad y el capitalismo, donde hay expresiones que se sustentan en un “todos contra todos, sálvese quien pueda”, abordar esos temas es hablar de un proceso totalmente racional y estructurado que está en el inconsciente, y se trata de pensar cómo podemos acceder a esos cuidados que todos los días alguien hace.
“Eso, que son las cosas más sencillas del mundo, son las que lo sostienen. Esa cotidianidad, ese cuidado. Entonces, para mí es honrar a las madres, a mi madre, a las madres de mis amigos que me sostienen también, y que me cuidan y me han cuidado, a las madres que han cuidado a sus hijos y que los siguen cuidando más allá de todo, eso me parece muy digno, muy increíble, me conmueve mucho, y es un homenaje a ellas y a esa práctica”, explica.
Aclara que su mirada es la de un artista, no de un activista, aunque tiene una profunda admiración por ellos, por los periodistas, por las madres y los colectivos de búsqueda. Desde el campo del arte es una manera de honrarlos, así como el proceso que tienen para poner el cuerpo en el mundo y dar respuesta a las preguntas que se hacen desde la compañía Cuatro por Cuatro, como “¿qué deberíamos de desear?” más allá de lo material.
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“¿Por qué no podemos imaginar y tejer otra sociedad, en donde podamos tener otra distribución económica, política, poética y social?” o “¿Qué resiste un cuerpo?” son algunos otros cuestionamientos.
Vera recuerda un verso de su madre que dice “un cuerpo resiste millones de caricias”. Para él, nuestra atención como humanidad debería estar dirigida a ello, pero siempre pareciese que es a lo opuesto, “resistir ante el mundo”. Y sin embargo, las madres han podido con ese mundo, y han dado respuestas sobre cómo hacerlo diferente.
“Es lo que todos los días nos muestran que hay otro tipo de mundo que se puede hacer”, agrega. Al mismo tiempo, el proceso de acercamiento a ese contexto y las entrevistas siguen siendo un aprendizaje constante, donde permanece la admiración a esa sensibilidad del cuidado.

“Desde el arte lo único que puedo hacer es reproducir experiencias estéticas que tengan que ver con hacer emerger esos cuerpos, esas sensibilidades, va un poco por ahí… Y específicamente esta pieza ‘¿Qué puede un cuerpo?’ es un conjuro, lo nombramos así, en donde ponemos olores, trazos, materialidades, poemas, movimientos, cuidamos cada cosa y necesitamos la energía de los otros”, relata.
En la convención del teatro, además, hay gente que tiene que llegar a observar, prestar y poner su energía, junto con quienes están en escena. Ese campo de atención y tensión lo considera único, y una posibilidad de producir otra realidad a través de la ficción. Para él, es importante dirigir la mirada a contextos dignos de ser vistos y pensados, como el de la desaparición.
Aunque su intención no es aleccionar a nadie, haber nacido en México obliga a Shanti Vera a hablar de sus problemáticas. El arte, afirma, es un campo de conocimiento humano en el que podríamos preguntar, cartografiar futuros para preguntarnos y vislumbrar cuál es el cuerpo en nuestra sociedad y cómo lo cuidamos. Esas preguntas las comparte con su compañía y amistades, y muchas otras personas las están pensando. Lo que le interesa es crear un espacio para pensar en conjunto.
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La puesta en escena pretende, al final, dejar en los espectadores diversas preguntas: ¿cuál es el lugar que ocupa el cuerpo hoy en día cuando hacemos sociedad? ¿cómo lo cuidamos? ¿quiénes nos cuidan? ¿cómo son las sociedades que queremos imaginar, construir, sostener y tejer? ¿cómo podemos, aunque no lo entendamos y no lo comprendamos, tener empatía con esas cosas que no entendemos ni comprendemos?
“Son legítimas las manifestaciones de los defensores de derechos humanos, son legítimas las manifestaciones de las madres buscadoras, son legítimas. Sabemos cómo está México, y yo creo que no deberíamos de molestarnos por no entender qué tan legítimo es. Que tal vez esa no sea la realidad de muchas personas, no significa que lo otro no tenga cabida…
“Cómo poder tener una mirada más gentil con la otra persona que no conozco, cómo podemos respetar los espacios de los otros; está muy difícil ser parte de la sociedad y construir sociedad. Necesitamos del cuidado y de la gentileza, y también de aceptar que no tenemos las respuestas de muchas cosas, pero sí podemos ser gentiles con las emociones y los gestos de las otras personas”, concluye.