EZLN y familias de desaparecidos: ¿por qué hasta ahora?

Israel Fuguemann · 17 de octubre de 2026

EZLN y familias de desaparecidos: ¿por qué hasta ahora?

Hay movimientos sociales que pueden pasar años replegados y, aun así, conservar la capacidad de sacudir el escenario político cuando deciden volver a salir. El EZLN es uno de esos pocos. El anuncio de su movilización a la Ciudad de México —denominada el “Capítulo Nacional de la Gira por la Vida”, para encontrarse con familias y colectivos que buscan a personas desaparecidas— ha puesto una vez más en la agenda pública a una fuerza política y simbólica que, a cuatro décadas de su nacimiento en las montañas altas de Chiapas, aún consigue convocar a un gran número de personas y organizaciones de distintos puntos del país.

El EZLN, junto a otras organizaciones que lo apoyan en la gestión del viaje, ha dejado muy claro que esta propuesta no es una fecha más dentro de su gira, sino el corazón de ella. Durante la sesión informativa del “Viaje-Abrazo a Buscador@s”, realizada el pasado 3 de octubre en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, el Subcomandante Insurgente Moisés insistió en que las reuniones con las buscadoras son la prioridad, además de recalcar que llevan “años esperando el momento de encontrarse con ellas”.

La dirigencia zapatista también reconoció que durante estos años hizo “poco o nada” por las buscadoras y, de manera autocrítica, planteó que la Comisión de la Sexta debería pedirles disculpas por este hecho. Este reconocimiento, inédito, forma parte de una reflexión profunda y necesaria ante la crisis de inseguridad, desplazamientos forzados y desapariciones forzadas en sus propias geografías llamadas Chiapas.

EZLN y familias de desaparecidos: ¿por qué hasta ahora?
Foto: Cuartoscuro

Para el comandante Moisés, este próximo encuentro no debería terminar únicamente cuando la delegación regrese a las comunidades zapatistas. En sus palabras, “el abrazo” no solo debería tener la intención de agradecer y disculparse, sino también la de construir un acompañamiento que continúe incluso después, siempre respetando el calendario, la geografía y las formas de cada colectivo. El objetivo es “que no se convierta solamente en un episodio coyuntural o anecdótico”.

Esta no es la primera vez que el EZLN sale de las montañas aunque sus desplazamientos anteriores tuvieron objetivos distintos. Cuando el movimiento apareció públicamente el 1 de enero de 1994, lo hizo mediante un levantamiento armado que tomó siete cabeceras municipales de Chiapas —San Cristóbal de las Casas, Ocosingo, Las Margaritas, Altamirano, Chanal, Oxchuc y Huixtán— y declaró la guerra al gobierno federal. El conflicto armado se prolongó durante 12 días, incluyendo enfrentamientos como la batalla de Ocosingo y el asalto al cuartel militar de Rancho Nuevo, hasta el cese al fuego unilateral anunciado el 12 de enero. Desde entonces, sus salidas han sido contadas y en contextos políticos precisos.

La primera ocasión fue cuando la Comandanta Ramona viajó a la Ciudad de México para participar en el Congreso Nacional Indígena. Después vendrían la marcha de los 1,111 zapatistas hacia la capital en 1997, la Consulta Nacional por los Derechos y la Cultura Indígenas de 1999, que movilizó a unos 5,000 delegados por el país, y la Marcha del Color de la Tierra de 2001, cuando una delegación de la comandancia recorrió 12 estados hasta llegar a la capital. En 2006, la Otra Campaña volvió a llevar al zapatismo por distintos territorios del país. Más tarde, entre 2017 y 2018, el EZLN acompañó el proceso del Congreso Nacional Indígena y el Concejo Indígena de Gobierno, incluido el impulso a la candidatura de María de Jesús Patricio Martínez, “Marichuy”. En 2021, la Gira por la Vida llevó a una delegación zapatista fuera de México, primero con el Escuadrón 421 y después con La Extemporánea, que salió de Ciudad de México rumbo a Europa. La actual movilización a la capital constituirá, así, su octava incursión oficial fuera de Chiapas

Su regreso está generando una gran expectativa y un amplio debate nacional, pero no una única respuesta. Para algunas familias, el acercamiento significa una posibilidad de sumar una contranarrativa ideológica, nuevas redes de colaboración, organización y visibilidad a la lucha más dolorosa del país. Para otras, más cautelosas, significa una aparición tardía y cuestionable.

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La duda

Valentina Peralta Puga, directora de la Red Eslabones por los Derechos Humanos, forma parte de quienes reciben la propuesta zapatista con cautela. En entrevista para Animal Político reconoce que su relación con el movimiento zapatista viene de lejos; pues, al igual que miles de personas, creció con el entusiasmo que detonó el levantamiento indígena de 1994. Sin embargo, considera que en la actualidad es indispensable cuestionar el prolongado silencio de la comandancia frente a la tragedia humana más dolorosa del país, la que tiene más de 130 mil desapariciones registradas en las últimas décadas.

—Los zapatistas han estado desaparecidos de los desaparecidos —afirma.

También cuenta que, a través de su experiencia, que inició en 2011 tras integrarse al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, el EZLN siempre ha estado al margen y cree que su presencia pudo haber tenido más impacto de haberse manifestado. 

—Nunca hemos contado con un grupo del ejército zapatista para ir a buscar en donde hemos buscado. En los cerros, en los desiertos, en los basureros. Nunca nos han dicho: “Vamos a ir 5, 10, 20” a ayudar. No conozco una sola familia que diga: “El ejército zapatista me puso un abogado, me acercó un binomio canino, me puso un georradar o me ayudó a revisar mi carpeta de investigación”.

EZLN y familias de desaparecidos: ¿por qué hasta ahora?
Foto: Cuartoscuro

Ese distanciamiento le resulta especialmente incongruente al mirar hacia el propio sureste mexicano, donde el reclutamiento forzado “desgarra a las comunidades indígenas”. En su lectura, la influencia que en los noventa prometía transformar el país terminó por agazaparse en las montañas, alejada de otras luchas.

—Vemos que el ejército zapatista pues se guardó en su caja fuerte su influencia política y que esa bandera que todos en su momento apoyamos, aplaudimos, se quedó en una ilusión.

Los tiempos y las formas en que aparece la convocatoria han generado dudas en distintos sectores sociales, como la red de colectivos que ella coordina. Valentina asegura que si en su momento alzaron la voz para denunciar a los políticos que usaban su “lucha y su dolor” para generar empatía con los votantes, también lo harán con cualquier otro grupo que pretenda hacer algo parecido. 

Valentina aclara que su crítica no significa un portazo definitivo al encuentro, que su voz no es la única, y que la desconfianza no implica una cerrazón absoluta ante la movilización planeada para diciembre. Al contrario lo plantea como una invitación a que el EZLN “revise su ausencia”. Las buscadoras de la Red Eslabones por los Derechos Humanos se han otorgado un margen de espera para que el zapatismo demuestre con hechos que su abrazo no es solo retórica.

—Estamos empezando octubre, tenemos 60 días para ver algunos elementos mayores a ese abrazo simbólico. Quizás una disculpa pública y una explicación. Si los vemos, tal vez participemos y si participamos seremos muy críticas y muy autocríticas.

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No sólo el zapatismo está llegando tarde, el país también

Jorge Verástegui González busca a su hermano Antonio Verástegui González y a su sobrino Antonio de Jesús Verástegui Escobedo, desaparecidos en enero de 2009 en Parras, Coahuila. Es fundador de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Fundec) y hoy, junto con otras familias, participa activamente en la toma de la Glorieta de las y los Desaparecidos en Ciudad de México, donde han convertido el espacio en un memorial que mantiene visibles las fichas de búsqueda.

Por medio de una conversación telefónica, cuenta que su noción más cercana con el zapatismo comenzó años después de la desaparición de su hermano y su sobrino, a través del acompañamiento que Fundec recibió del Centro de Derechos Humanos de la Diócesis de Saltillo “Fray Juan de Larios”, un organismo pionero en documentar y acompañar de forma jurídica y psicosocial a colectivos de familiares en el norte del país. De aquel primer encuentro surgió la propuesta de visitar la Escuelita Zapatista para conocer sobre el proceso organizativo de las comunidades indígenas de los Altos de Chiapas.

En aquellos primeros encuentros, dice, no hubo un ofrecimiento de acompañamiento directo a las familias buscadoras, sino que el intercambio estuvo más relacionado con el aprendizaje de la forma de organizarse en el territorio y construir una visión política y crítica de lo que estaba sucediendo en México, un país cuya violencia hace una década ya era perceptible prácticamente en la mayoría del territorio nacional. 

Desde su experiencia, Verástegui considera que una de las fortalezas históricas del EZLN es la continuidad de su capacidad organizativa y la percepción hacia afuera de su firmeza ética. Eso, dice, otorga la seguridad de acercarse al ofrecimiento que ha hecho el movimiento sin el temor de que el encuentro pueda convertirse en una operación política para utilizar a las familias buscadoras.

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Foto: Cuartoscuro

—Los zapatistas han sido congruentes con su lucha y eso no es algo peligroso en el sentido de decir: “Vamos a dialogar con una persona que sea candidata a un puesto de elección popular”. Su historia los respalda, su coherencia, y creo que no tienen la intención de utilizar a las familias con dobles intenciones.

Dicho de otra forma, el valor de la Gira por la Vida versión México adquiere un peso político relevante frente al contexto actual, pues considera relevante que el zapatismo coloque la búsqueda de personas desaparecidas en el centro de su regreso a la capital del país, sobre todo en un momento en que los movimientos sociales enfrentan un escenario cada vez más complejo y los “gobiernos autoritarios” están ganando terreno y elecciones en distintas partes del mundo. 

En México, además, observa una disputa por las narrativas sobre las causas sociales y el papel del gobierno frente a ellas.

—¿Por qué crees que este llamado del EZLN está generando dudas en otros colectivos de familias buscadoras?

Verástegui no esquiva la crítica de quienes consideran tardío el acercamiento zapatista. La asume como un reclamo legítimo y recuerda que la crisis de desapariciones tiene décadas. Al mismo tiempo, amplía la pregunta hacia una sociedad que, a su juicio, tampoco ha respondido con la fuerza necesaria.

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Foto: Cuartoscuro

—Sin duda hay un sentimiento de que se llega tarde, pensando que estas últimas desapariciones tienen ya casi 20 años y que tenemos desaparecidos desde hace 60 años. Sin embargo, creo que México en su conjunto como sociedad no ha logrado responder y mostrar una indignación frente a la crisis; no solo el zapatismo está llegando tarde, sino el mismo país está llegando tarde o ni siquiera ha llegado.

Esa misma mirada lo lleva a plantear una autocrítica, pues reconoce que la dimensión de la crisis y la urgencia de encontrar a sus familiares también han dificultado que las propias colectivas buscadoras tiendan puentes hacia otras luchas y resistencias que existen en el país, como la de los pueblos originarios.

—Nosotras mismas como familias y colectivos tampoco hemos tenido la capacidad de sumarnos a otras luchas, concretamente a la de los pueblos indígenas, por la dimensión de nuestro propio problema. Necesitamos tender puentes hacia esos otros espacios y no solo esperar que la ayuda venga hacia nuestra causa.

Por eso, más que esperar que los zapatistas resuelvan las deficiencias de las instituciones encargadas de la búsqueda, Jorge piensa en el encuentro como una posibilidad de aprendizaje. La organización que el EZLN ha construido durante décadas, su capacidad para sostener una estructura colectiva y mantener una línea política propia, pueden ser útiles para familias que enfrentan una lucha de largo aliento.

—Aún es momento de hacer y crecer porque el tiempo también juega en contra: algunas familias envejecen mientras buscan a sus seres queridos y otras han perdido integrantes en el camino.

La respuesta de las familias de la Glorieta al llamado de las montañas ya es un hecho. Sus integrantes han puesto sobre la mesa una fecha, un lugar y una propuesta de diálogo para comenzar a pensar qué puede venir después del abrazo. Desde ese espacio, símbolo de su lucha en la Ciudad de México, hicieron pública una carta de invitación al EZLN para encontrarse el próximo 6 de diciembre y construir un canal de diálogo público y abierto que permita discutir una agenda común sin importar las geografías de cada uno.

—Su llegada nos parece muy potente; estamos contentas y contentos de poder recibir el abrazo y, seguramente, el reto de qué poder hacer en conjunto para después. Que no se quede nada más en el simbolismo.

El EZLN volverá a salir de las montañas con una deuda reconocida y un abrazo pendiente, para encontrarse con familias que ya tienen sus propias formas de organización, de encuentro, y sus propias luchas históricas que comenzaron tiempo atrás. Algunas esperan encontrar manos para acompañar su búsqueda; otras, respuestas para saber por qué esas manos llegan hasta ahoraahora, y algunas más, simplemente recibir un abrazo. Faltan cerca de dos meses para que ese encuentro ocurra. Lo que suceda entonces dependerá de lo que cada una sea capaz de construir para después.