Eréndira Aquino · 18 de julio de 2026
Mientras más de 50 mil estudiantes celebran su ingreso a la licenciatura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), otros continúan sin saber lo que ocurrirá con su examen y se organizan para exigir que se reconsidere la cancelación de sus pruebas por quejas contra el sistema que supervisa a los aspirantes con inteligencia artificial.
Ángela esperaba con ansias el resultado del examen de ingreso a medicina, en el que calculaba alcanzar más de 115 aciertos. Sin embargo, este viernes se encontró en su correo electrónico con un mensaje en el que la UNAM le informó que se canceló su participación en el concurso y que cuenta con 10 días hábiles “para solicitar una cita… a efecto de mostrarte las evidencias y los elementos que sustentaron la determinación”.
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De acuerdo con la UNAM, en este concurso de selección 158 mil 712 aspirantes presentaron el examen de forma virtual, de los cuales “el proceso de ingreso de 2% de personas fue cancelado por haber realizado conductas contrarias a lo establecido en la Convocatoria y en la Legislación Universitaria”.

Las redes sociales, que durante meses funcionaron como un ecosistema de apoyo donde los aspirantes compartían guías de estudio, técnicas de memorización y recursos gratuitos, han sufrido una transformación radical ante la crisis. Lo que antes era un foro de colaboración, hoy se ha fragmentado en un espacio de contrastes: mientras un sector celebra con euforia su ingreso a la máxima casa de estudios, otro navega en un mar de acusaciones cruzadas.
En grupos de Facebook la convivencia se ha tensado. Es común encontrar desde señalamientos de trampas —muchas veces infundados— hasta la circulación de supuestos “consejos” para burlar los candados de seguridad del examen virtual o evadir la vigilancia de los sistemas de supervisión remota. Esta atmósfera de desconfianza ha exacerbado la incertidumbre de quienes, como Ángela, aseguran haber realizado la prueba bajo las reglas establecidas, pero ahora enfrentan el estigma de haber sido señalados por la institución sin una explicación individualizada.
Ángela recuerda que pudo concluir el examen sin problema, segura de haber tenido un buen desempeño, principalmente de química, biología y física. Fue dos semanas después cuando empezó su incertidumbre, más allá de los nervios de cualquier aspirante. A su correo electrónico llegó un mensaje en el que le pedían acudir a la Facultad de Contaduría y Administración para una “entrevista”, pero al acudir a la cita se enteró que era para que volviera a presentar su examen de ingreso.
Tanto ella como los demás jóvenes presentes se negaron a hacer el examen, argumentando que no fueron informados sobre el motivo de la cita, por lo que el personal de la UNAM les dijo que se reagendaría su cita para volver a presentar la prueba, lo que no ocurrió.
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Otras personas reclaman no haber sido citados para darles oportunidad de presentar el examen por segunda ocasión, como le ocurrió a Julio César, quien concursó para ingresar a la carrera de sociología.

“El día del examen no tuve inconvenientes, ni me saltó alguna alerta. En redes vi que hubo gente que recibió un correo electrónico, pero yo me enteré que me cancelaron hasta que salieron los resultados, y no sé por qué”, lamenta, pues llevaba meses preparándose por cuenta propia.
Pese a que no hay garantía de que se reconsidere la cancelación de su examen, Julio César afirma que viajará desde Guanajuato —de donde es originario— a la Ciudad de México, “al menos para que me digan una razón válida de por qué lo hicieron”.
El pasado 6 de julio, la UNAM anunció la presentación de acciones legales por supuestas “prácticas ilegales de personas y empresas que engañaron a familias y vendieron servicios fraudulentos para sustentar el examen”. Sin dar más detalles, la institución subrayó que “en su gran mayoría, los aspirantes realizaron su examen sin contratiempo alguno”.
Ante la falta de claridad institucional y el estigma social que rodea a quienes fueron notificados de la cancelación, los aspirantes han comenzado a transitar de la frustración individual a la acción colectiva. Lo que nació como un intercambio de dudas en foros digitales ha escalado hacia una organización formal de jóvenes que se sienten señalados injustamente por un sistema de vigilancia que, denuncian, carece de criterios transparentes.
El primer paso para muchos es el agotamiento de la vía administrativa: cumplir con el engorroso proceso de solicitar la cita para revisar las “evidencias” que la universidad alega tener. Sin embargo, la desconfianza en la institución ha crecido al mismo ritmo que las denuncias de fallas técnicas en el software de supervisión, lo que ha llevado a los aspirantes a preparar nuevas formas de presión.
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A través de grupos de mensajería instantánea y redes sociales, cientos de inconformes ya coordinan movilizaciones y protestas que buscan visibilizar su situación fuera de las oficinas de la universidad. Su exigencia es puntual: que la UNAM no sólo entregue las pruebas de las presuntas faltas, sino que también reconsidere la anulación de exámenes que, aseguran, fueron realizados con honestidad.
La UNAM, en tanto, defendió que el examen en línea “se traduce en brindar la oportunidad de seguir su proceso de ingreso a un mayor número de personas aspirantes que viven en diferentes regiones del país y del extranjero, sin necesidad de desplazarse”.
En un comunicado, la universidad sostuvo que el sistema que se utilizó para aplicar los exámenes está basado en inteligencia artificial, una herramienta que permite captar y grabar cualquier conducta y acción realizada por cada persona aspirante a lo largo de su examen, lo que la convierte en un apoyo estratégico para el monitoreo humano que se implementó durante todas las jornadas de examen.