El laberinto de la marihuana. “¿Y qué le digo al poli si me la hace de pedo?”

Israel Fuguemann · 2 de mayo de 2026

El laberinto de la marihuana. “¿Y qué le digo al poli si me la hace de pedo?”

(Primera parte)

Como en cada abril y en cada mayo la luz del sol cae con fuerza sobre las alas de un Ángel y se fragmenta en destellos que viajan en múltiples direcciones. A los pies de ese ser alado, un par de turistas ensaya sus mejores muecas para una selfie, y un grupo de evangelistas reparte folletos bíblicos que prometen la salvación divina. Como si nadie en este lugar la tuviera asegurada. ‘Un jalón y te vas al cielo’, dicen los presentes.

—¡Sáquenla, ya! —le dice un joven a sus amigos.

Son cuatro. No pasan de los veinte años. Emocionados, como quien está a punto de hacer una travesura. Chicos son distintos entre sí. La vestimenta los uniforma: gorra ancha, gafas oscuras, ropa holgada bien tumbada, tenis Jordan. Por si hay que volar.

—¿A poco sí?, ¿ya se puede?
—¡A huevo, m’ijo! Es 4/20

La jornada -que durará 12 días- arranca el 20 de abril, que es el Día Mundial de la Marihuana. Día de Santa Juanita. Van a ‘rezarle’. Y a ‘prenderle una veladora’.

—¿Y qué le digo al poli si me la hace de pedo?
—Nada, hoy hay chance, hoy se puede fumar mota libremente.

Un joven es retratado en el Monumento a la Revolución durante los eventos del 4/20. El 20 de abril se conmemora el Día Internacional de la Marihuana, una fecha asociada a la cultura cannábica, el consumo y la lucha por su legalización y despenalización en distintos países. Foto: Israel Fuguemann.

Frase contundente. Decenas de personas imitan la acción. El color verde y una densa capa de humo se apoderan del espacio. La escena, en pleno Paseo de la Reforma, frente a ese Ángel de la Independencia que ya no se tapa los ojos. Impensable hace veinticinco años. A comienzos de los años dos mil, cuando las primeras marchas cannábicas se abrían paso en la Ciudad de México, fumar en público era una provocación, un escándalo, una señal de delincuencia. Y echándoles una mano: un tabú.

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Dos décadas después… a dos kilómetros de ese monumento, sentado en una esquina de La Juanita —ese pequeño coffee shop que gestiona sobre avenida Insurgentes Centro y cuya estética recupera símbolos del activismo cannábico—, Leopoldo Rivera retoma la reflexión que tuvo hace veinticinco años, cuando su cabello era igual de largo, pero oscuro. Cuando las personas usuarias apenas existían en el discurso oficial. Cuando frente al Estado, dice, cabían en dos categorías posibles: la de criminal o la de enfermo.

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Después, aquellos primeros intentos por elevar el discurso del consumo cannábico a una esfera más amplia. Llegaron fallos judiciales, permisos administrativos y criterios constitucionales que reconocieron el derecho al libre desarrollo de la personalidad para el consumo personal y el autocultivo. Pero el Congreso mexicano no concretó ninguna regulación integral sobre producción, acceso y mercado. Desde entonces, lo que ocurre en la calle y lo que sigue pendiente en la ley: México, atrapado en una ambigüedad funcional. Los consumidores de marihuana son visibles. No libres.

Los pocos espacios de consumo tolerado que hoy existen en algunos estados del país, y sobre todo en la CdMx, no surgieron de una agenda gubernamental clara. Surgen de años de presión social, litigio y ocupación del espacio público. Pequeña victoria en la historia del consumo de un país con tradición ancestral en el uso de plantas medicinales. “¡Si no, no la hicieran pomada!”.

El laberinto de la marihuana. “¿Y qué le digo al poli si me la hace de pedo?”
Un consumidor de cannabis limpia la hierba para preparar un cigarro en uno de los puntos de consumo tolerado en la Ciudad de México. Foto: Israel Fuguemann.

En 2019 la Suprema Corte estableció jurisprudencia y en 2021 emitió la Declaratoria General de Inconstitucionalidad -exhortando al Congreso a legislar-, pero la reforma se empantanó. Lo de siempre. Prórrogas y disputas parlamentarias. La ley que los activistas esperaban, se es…fumó.

Parálisis paradójica. Desde 2018 los gobiernos de México se autoproclaman progresistas, humanistas o de izquierda. Su postura frente al cannabis ha resultado para los colectivos, más conservadora que los de antes. Ni durante el sexenio de AMLO ni en el arranque del gobierno de Claudia Sheinbaum, se ha delineado una ruta clara para reabrir la discusión federal. Para muchos consumidores, marco legal incierto: entre la tolerancia parcial y la discrecionalidad cotidiana.

La ausencia de definiciones es administración urbana. Hay gestión de ‘parches’. Faltan cambios significativos ante la veloz realidad: reubicar puntos de consumo, tolerar ciertos espacios… mirando para otro lado, contener conflictos surgidos alrededor de ellos. Conquistar un lugar no implica habitarlo… en igualdad de condiciones.

El laberinto de la marihuana. “¿Y qué le digo al poli si me la hace de pedo?”
Decenas de personas bailan y fuman marihuana en el Monumento a la Revolución como parte de las actividades del 4/20. Cada año, colectivos y organizaciones se reúnen en este espacio para visibilizar el consumo y exigir su regulación. Foto: Israel Fuguemann.

Esa ausencia de definiciones es, en el fondo, pura administración urbana. No hay cambios significativos, sino una gestión de parches ante una realidad que avanza más rápido: reubicar puntos de consumo, tolerar ciertos espacios o simplemente mirar hacia otro lado.

Hace un cuarto de siglo, una tarde de mayo de 2001, Leopoldo y un puñado de personas —no más de quince— se plantaron sobre Reforma para hacer algo, entonces, fuera de lugar: marcharon por la liberación de la marihuana. Sin redes sociales ni teléfonos inteligentes. Apenas unos volantes. Y la sospecha constante de que aquello podía ser una trampa. Estuvieron ahí, nombrando en voz alta lo que hasta entonces eran solo susurros.

Hoy el humo y el olor no sorprenden a nadie. Leopoldo insiste en marcar una diferencia: el ‘4/20’ puede ser una celebración… el 2 de mayo sigue siendo una demanda política. “Nada de lo que hoy existe fue concedido; cada espacio —cada esquina, cada punto de tolerancia— ha sido ganado”.

La ley continúa en pausa. La historia del cannabis en el país, avanza. Por donde empezó: en la calle. Que es un laberinto.