Marcela Nochebuena · 31 de agosto de 2026
Este domingo, durante la conmemoración del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, la Glorieta de las Personas Desaparecidas, sobre Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, fue escenario de acciones contra el olvido, así como de exigencia y resistencia que recordaron que el derecho a la memoria siempre está en disputa.
En uno de los primeros eventos de la jornada, la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM) presentó un recuento de las quejas que ha recibido, relacionadas con espacios de los que se han removido memoriales y expresiones que pretendían visibilizar y reclamar que en México siguen desaparecidas más de 132 mil personas, de acuerdo con los registros oficiales.
“Estas disputas son otra de las muchas que libran las familias de personas desaparecidas junto con la búsqueda misma. Es una lucha contra el olvido, contra una narrativa que reduce el problema de la desaparición a un juego de números y de registros, y contra los obstáculos que la memoria encuentra en su camino”, señaló Volga de Pina, cuarta visitadora de la CDHCM.

Esos obstáculos suelen ser las normas urbanas, la manera en que se regula y se administra el espacio público y la desmemoria. Al respecto, la comisión ha recibido varias quejas sobre hechos que reflejan esas dificultades, que han sucedido tanto en Paseo de la Reforma —donde este domingo se realizaron la mayoría de las actividades— como en otros puntos de la capital.
La visitadora señaló que siempre hay reacciones similares ante las acciones que toman las familias al ejercer su derecho a la memoria en el espacio público: retiro de fichas, de memoriales, resguardos sin rastro y negaciones, porque la desaparición y la memoria siguen muchas veces sin tener cabida.
Una de las quejas abiertas ante la CDHCM es precisamente por el resguardo de la Glorieta de las Personas Desaparecidas, tras varias amenazas de sustitución o remoción. El sitio, sobre Paseo de la Reforma, se conocía antes como Glorieta de la Palma y luego fue nombrada de forma oficial como la Glorieta del Ahuehuete, pero los colectivos de búsqueda la renombraron y adoptaron como punto de reunión y denuncia hasta el día de hoy.
Dentro de esa misma queja se documentó también el retiro en 2024 de algunos memoriales en el Zócalo capitalino, cercanos a la Puerta Mariana, entre los que estaban el de Antonio Verástegui y su hijo, así como el de Óscar Antonio López Enamorado. Desde entonces, nadie ha aceptado la responsabilidad.
“Nadie sabe quién se los llevó y hasta el momento, no sabemos dónde están. Por más solicitudes que se han hecho e incluso un amparo que presentaron las familias en el que obtuvieron una suspensión provisional”, precisó De Pina.
Otra queja, distinta y más reciente, se detonó por el retiro de fichas de búsqueda en las inmediaciones del Estadio Azteca, la misma noche en que se colocaron, “con una rapidez sorprendente y tampoco sabemos quién se las llevó ni dónde están”.
“También se ha documentado eso porque los colectivos que interpusieron la queja dijeron que ‘no era ni propaganda ni vandalismo, mucho menos basura. Eran rostros de nuestros familiares, eran fichas de búsqueda”, apuntó la visitadora.

El 12 de julio, ya concluido el Mundial 2026, se instaló un antimonumento en el Ángel de la Independencia por el primer aniversario de la desaparición de Ana Amelí García Gamez, que con una “rapidez brutal” y a pesar de que había varias cámaras grabando, fue retirado sin que se conozcan responsables ni su destino final.
“La misma indiferencia se ha repetido en otros puntos de la ciudad y de varias ciudades de este país: lonas con fotografías que son borradas, tiradas a la basura, retiradas de puentes peatonales, bardas y calles, a veces por una autoridad, pero también a veces por personas particulares, como las que se llevaron las lonas en el Ángel para taparse de la lluvia”, explicó De Pina.
Sumado a ello, no solo hay actos consumados, sino también intentos de reemplazo como el que la propia Glorieta de las Personas Desaparecidas ha sufrido. Jorge Verástegui, quien junto a otras familias se ha agrupado en torno a la Glorieta, relató los obstáculos a los que se siguen enfrentando para mantener el espacio como un símbolo de la memoria.
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“Se mantiene la exigencia al Gobierno de la Ciudad de México para que reconozca oficialmente el espacio, también para que nos permitan construir nuestro memorial. Le hemos dicho al Gobierno de la Ciudad de México que no queremos dinero del gobierno, porque creemos que lo que toca el gobierno, lo echa a perder, y creemos que la memoria de nuestros familiares vale mucho para dejarla en manos del gobierno”, apuntó Verástegui, quien busca a su hermano Antonio y a su sobrino Antonio de Jesús.
Sin embargo, con la sociedad sí ha habido un avance importante. Él mismo se congratula de que, a diferencia de lo que pasaba antes, cuando casi siempre recibían reclamos por sus actos de intervención, el fin de semana pasado, durante las actividades de limpieza de la Glorieta, hubo ciclistas y paseantes que se les acercaron para cuestionar que estuvieran quitando las fichas, por lo que tuvieron que explicar que era con el fin de pegar otras nuevas durante la jornada de este domingo.
“Fue algo muy potente porque logramos lo que estábamos buscando: que la sociedad asumiera a nuestros desaparecidos como sus desaparecidos y asumiera este espacio como un memorial de todas y todos”, comentó durante las primeras horas de la jornada.

“Hemos logrado que estén ustedes acá como personas solidarias, que estén más familias aquí acuerpando; sobre todo que tengamos personas defendiendo el espacio, la Glorieta, como un espacio de dignidad y de memoria para todas las personas que han sido desaparecidas”, añadió.
Las primeras horas de la jornada de este domingo estuvieron marcadas también por otras exigencias. Desde el Ángel de la Independencia, en los primeros minutos de la mañana, coincidieron el Maratón de la Ciudad de México y un posicionamiento del Movimiento por Nuestros Desaparecidos, con motivo de la conmemoración que estaba comenzando.
“No basta con cifras, registros, folios y protocolos. Exigimos prevención, búsqueda, identificación y justicia. México necesita pasar de los diagnósticos a resultados concretos: prevención efectiva, búsqueda oportuna, investigación eficaz, identificación digna, justicia sin dilaciones y verdad para las familias”, señalaron.
“Este 30 de agosto, las familias del Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México volvemos a colocar en el centro a quienes nunca debieron desaparecer. Durante años nos hemos organizado para buscarles y transformar las instituciones. Exigir y construir no son caminos opuestos. Nuestra exigencia nace de la ausencia; nuestra participación se sostiene en la experiencia acumulada”, añadieron.
Recordaron que el 11 de mayo de 2026, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos publicó su informe “Desapariciones en México” con 40 recomendaciones, donde reconoce el esfuerzo de familias y colectivos, pero advierte de retos persistentes como respuestas tardías, investigaciones fragmentadas, impunidad, crisis de identificación, riesgos para quienes buscan y falta de participación efectiva de las familias.
Un caso concreto que se dio a conocer un día antes del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, sucedió en Culiacán, Sinaloa, donde una madre buscadora sufrió un ataque armado. De 2010 a la fecha, Artículo 19 ha documentado 44 agresiones letales contra personas buscadoras.

En tanto, el Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas adoptó el 19 de marzo de 2026 una decisión en virtud del artículo 34 de la Convención. El Secretario General la transmitió a la Asamblea General mediante la nota A/80/737. La ruta, piden, no debe reducirse a una controversia política o diplomática ni minimizarse, sino abordarse como una nueva oportunidad de fortalecer las capacidades nacionales mediante cooperación técnica y forense, búsqueda, verdad y protección a las familias.
“El Estado mexicano no debe enfocarse en las diferencias entre instituciones ni en las controversias entre gobiernos. El centro son las personas desaparecidas, quienes las buscan, la verdad y la justicia, así como la protección de todas las personas y de nuestros derechos. Después de años de diagnósticos, necesitamos acciones que cambien la realidad”, exigieron.
A lo largo del día, una diversidad de historias y personas que buscan sin tregua confluyeron en torno a la Glorieta. Por ejemplo, el colectivo Zapotengo, que busca a 10 personas de esta comunidad en Pochutla, Oaxaca, que desaparecieron hace 16 años en un mismo hecho en Matamoros, Tamaulipas. Alma Delia Salinas Robles y María de Jesús Vizarretea Salinas, integrantes del grupo, recordaron que estaban ahí porque son una misma familia y están unidas por la misma causa.
También llegó hasta el punto de memoria y encuentro Joanna Alvear, madre de Lilith Saori, joven trans desaparecida en Puerto Escondido, Oaxaca, en 2023. Pidió solidaridad para que no sean retirados los posters, cédulas y lonas que ha colocado en la vía pública.
Señaló que ante la crisis tan grande de desaparición es necesario visibilizar a las personas cuyo paradero se desconoce: “debemos seguir hablando de que en realidad es lamentable que tengamos que seguir alzando la voz… Necesitamos seguir marchando, nombrando a nuestros desaparecidos”, afirmó.
Gustavo Hernández, quien busca a su hijo Abraham Zeydi desde 2024, desaparecido en Escobedo, Nuevo León, aseguró que aunque ya hay una línea de investigación más sólida, lo más triste es que su hijo no ha regresado a casa. “Tenemos la esperanza de que esa lucecita no se apague, hasta que regrese… Debemos seguir levantando la voz, no solo por mi hijo”, señaló.

Áurea Ruby Reyes Escobar, quien busca a su hermano Jesús Armando, desaparecido junto con Leonel Baez Martínez y Ángel Gerardo Ramírez Chaufon, fue otra de esas voces. Los tres trabajadores de Sanborns desaparecieron el 29 de noviembre de 2019 en la alcaldía Gustavo A. Madero.
“Desde el primer día de la desaparición de mi hermano, de Ángel y de Jesús, hubo revictimización de parte del gobierno. Desde ahí empezamos con el mal trato que nos dan a nosotras como víctimas. En esto que andamos, que ya son siete años de la búsqueda de mi hermano, no hemos tenido algo claro de lo que pasó con ellos, a pesar de que hay cinco personas detenidas. No se puede llegar a que puedan decir qué pasó o dónde están”, reclamó.
En la Glorieta se colocaron series de fotografías, hubo carpas de bordado del colectivo Corazones Robados y actividades, como la iniciativa Sangre de mi Sangre de la Colectiva Hilos, que une un tejido rojo, así como la pega de nuevas fichas alrededor de toda la Glorieta, una semana después de las labores de limpieza que llevaron a cabo familias buscadoras.
Luego se realizó la marcha, que partió a las 14 horas del Ángel de la Independencia hacia el Hemiciclo a Juárez. Y sí, entre el dolor por la ausencia, también hubo música y baile.
“No somos solo dolor, también somos esperanza y mucho amor. Lo que nos sostiene para buscar a nuestros familiares no es el dolor, sino el amor que les tenemos. Y eso también queremos compartirlo con ustedes, por eso en esta jornada ponemos música, baile, mesas de reflexión, porque queremos también arropar y abrazar a las personas solidarias de esta otra manera y no solo con el dolor”, afirmó Verástegui.
Durante más de 12 horas no dejaron de escucharse en diferentes tonos, momentos y actividades las voces que insisten en las mismas preguntas, unas con respuestas claras y otras en constante espera de solución:
— “¿Por qué les buscamos?
—Porque les amamos?
—“¿Hasta cuándo?
—“Hasta encontrarles”
—“¿Dónde están?”, nuestros hijos, dónde están?…
*Con información de Óscar Nogueda