Eréndira Aquino · 26 de octubre de 2026
El cambio climático dejó de ser una amenaza abstracta del futuro para convertirse en una emergencia que afecta el presente y el desarrollo de 9 de cada 10 niñas, niños y adolescentes de México, advierte un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
De acuerdo con la publicación La infancia y adolescencia frente al cambio climático en México, el 90.5 % de las personas en estas edades están expuestas de forma simultánea al menos a dos riesgos climáticos, pese a ser quienes menos han contribuido a generar esta crisis.
Ante la extensión territorial del país y su ubicación geográfica entre dos océanos, Unicef ubicó a México en el puesto 54 de 200 en el Índice de Riesgo Climático de la Infancia (IRCI), cuyos efectos se prevé que incrementen la incidencia de enfermedades respiratorias y gastrointestinales, así como la mortalidad materno-infantil.

El estudio advierte que los impactos del cambio climático no se distribuyen de manera equitativa, sino que profundizan las desigualdades preexistentes en el país. Las infancias que habitan en zonas rurales y comunidades marginadas son las más desprotegidas ante fenómenos como las olas de calor o las inundaciones repentinas.
Esta vulnerabilidad socioeconómica y climática se concentra de forma alarmante en el sur y sureste del país. Mientras que la tasa de pobreza multidimensional para la población de 0 a 17 años a nivel nacional fue del 38.7 % en 2024, en la región sureste (integrada por Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán) el 62.5 % de las infancias y adolescencias vive en condiciones de pobreza.
Esta situación se agrava al analizar a sectores específicos de la población infantil: el 82.3 % de las niñas, los niños y los adolescentes hablantes de alguna lengua indígena vive en condiciones de pobreza, y el 50.2 % se encuentra en pobreza extrema; en el caso de los hogares donde habitan personas con discapacidad, el 54.6 % es pobre.
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Las consecuencias más drásticas se concentran en los primeros años de vida (de 0 a 5 años) y durante las épocas de ondas de calor extremo o precipitaciones pluviales acumuladas en pocos días.
Las proyecciones científicas y económicas contenidas en el estudio advierten que el panorama climático y sus repercusiones en la niñez mexicana se intensificarán de manera notable. Para el periodo comprendido entre 2041 y 2060, bajo un escenario de altas emisiones de gases de efecto invernadero, se prevé que la temperatura media anual en la mayor parte del país aumente de 2.0 a 2.5 grados, alterando permanentemente los patrones ambientales y la disponibilidad de recursos básicos. Estas previsiones contrastan drásticamente con el estado actual que ya enfrenta la niñez.
Este incremento térmico y la mayor frecuencia de eventos meteorológicos extremos detonarán escenarios críticos de movilidad humana: Unicef proyecta que para el año 2050 más de 3 millones de personas en México se verán obligadas a desplazarse internamente debido a los impactos acumulados del cambio climático. Esto afectará de forma directa los derechos, la estabilidad y el acceso a servicios de miles de niñas, niños y adolescentes en tránsito, quienes hoy en día ya padecen carencias estructurales, como la falta de agua potable en 22.2 % de las escuelas de educación básica y el 25.5 % de media superior.

En el ámbito de la salud, los modelos econométricos anticipan que la morbilidad y la mortalidad infantil asociada a la degradación ambiental generarán costos económicos cuantiosos. Hacia 2050, el Valor Presente Neto (VPN) de la mortalidad y morbilidad infantil adicional acumulada alcanzará los 411 millones de pesos en un escenario de bajas emisiones, que se eleva hasta los 888 millones de pesos en un escenario de altas emisiones.
Estas cifras futuras se suman a los daños actuales ya documentados, en los que un aumento del 10 % en las precipitaciones extremas incrementa 1.9 % la mortalidad infantil por diarrea, o donde el 82.3 % de la infancia indígena y el 62.5 % de la niñez en el sureste viven en condiciones de pobreza.
Ante este contexto, el organismo internacional señala que las finanzas públicas y los marcos normativos muestran vacíos preocupantes. Si bien existen instrumentos como el Anexo Transversal de Cambio Climático —el cual concentró 178.79 mil millones de pesos constantes en 2024—, los recursos continúan priorizando megaproyectos de infraestructura ferroviaria (53.8 %) y energía (15.9 %), mientras que sectores sociales fundamentales y el medio ambiente (con apenas 3 %) carecen de suficiencia financiera y de criterios específicos de adaptación climática orientados a proteger a las infancias.
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Frente a este panorama, el estudio de Unicef concluye que la infancia y la adolescencia en México no pueden seguir siendo tratadas como espectadoras pasivas o daños colaterales de una crisis ambiental global que amenaza con hipotecar su desarrollo. Para revertir esta vulnerabilidad, el organismo internacional subraya la urgencia de concretar un cambio estructural que contemple: