Reino Fungi en Quintana Roo: un viaje a la monarquía de lo invisible

Haidé Serrano · 28 de septiembre de 2026

Reino Fungi en Quintana Roo: un viaje a la monarquía de lo invisible

No es planta, no es animal, está en todas partes, conecta todo en silencio y navega entre el misterio y la poesía. ¿Qué es? Es el reino Fungi.

Inmenso y pequeño a la vez, este reino se revela ante los ojos de un puñado de curiosas y curiosos que acudimos a la cita con el biólogo Juan Rodríguez en el Parque La Ceiba.

Son las 8 de la mañana y ya nos espera en una de las palapas dentro del parque, un remanso en medio de la mancha urbana, donde la cultura se encuentra con la naturaleza desde el año 2008. Esta vez, a través de la mirada del experto, descubriremos lo que habita a nuestro alrededor y que pasa desapercibido.

El Parque La Ceiba se ubica en Playa del Carmen.
El Parque La Ceiba se ubica en Playa del Carmen. Foto: Haidé Serrano

Primero, una charla como entremés sobre Fotobionte, el proyecto de ciencia ciudadana que nos reúne esta mañana. Se trata también de recorridos programados para conocer algunos hongos y de paso descubrir nuevas especies. La divulgación ambiental, colectas sistemáticas y registro científico de la funga regional forman parte de lo que hoy está por manifestarse.

El potencial micológico de Quintana Roo y la Península

Rodríguez comenta con entusiasmo que en el Parque La Ceiba se han documentado 58 especies de hongos macroscópicos. A nivel estatal, Quintana Roo cuenta con solo 401 especies publicadas, aunque se estima la existencia de más de 14 mil especies lo que representa entre el 2.1% y 2.3% conocido. En la Península de Yucatán hay 484 especies reportadas científicamente: 401 en Quintana Roo, 154 en Campeche y 29 en Yucatán.

El experto lamenta que la comunidad de micólogos en México y Quintana Roo sea tan reducida. Aunque hay especialistas que destacan: Javier de la Fuente en Chetumal, Juan Pablo Pinzón en Yucatán y Yacelyn Marrufo en Cozumel.

Debido a la colonización, Rodríguez refiere que se perdió gran parte de la etnomicología o relación tradicional maya con los hongos. Estudios en comunidades de Valladolid (Gerardo Mata) mostraron que los pobladores solo reconocían tres tipos: champiñón, seta blanca (ambas especies europeas) y huitlacoche. No obstante, investigaciones recientes señalan que existen 39 especies nativas comestibles en la península que la sociedad desconoce. La meta del proyecto Fotobionte es “fungiculturizar” a la población para revalorizar este recurso.

El reino fungi es uno de los degradadores clave en la fertilización.
El reino fungi es uno de los degradadores clave en la fertilización. Foto: Haidé Serrano

Ahora es momento de verles cara a cara. Le seguimos en fila india por los senderos hasta que el experto se detiene en “cualquier lugar”. Solo es un montón de tierra y troncos. Y ahí están: los primeros ejemplares, diminutos y perfectos, de hongos. Sostiene al primero con delicadeza, aún pegado a un pequeño tallo. Le toma foto, lo mide, lo huele. Casi conversa con él como con un amigo conocido.

Luego nos lo presenta, nos explica el tipo de sombrero y pie, sus colores y hasta el aroma. “!Huélelo!”, me pide. Dudo un poco, pero lo hago, no quiero desentonar en el entusiasmo que nos contagia. “¿Y?”. Respondo que huele a tierra mojada. ¿Le atiné? Sí, y aprovecha para explicarnos que, aunque algunos aromas son agradables y casi imperceptibles, el más común es el olor a tierra, aunque hay otros llegan a oler terriblemente.

En este recorrido encontraremos pocos, pues las lluvias aún no llegan. La época de mayor fructificación micológica en la región alcanza su pico en octubre y concluye hacia noviembre o principios de diciembre.

El experto explica el alcance del reino fungi.
El experto explica el alcance del reino fungi. Foto: Haidé Serrano

Rodríguez sigue “tirando factos” que arrancan expresiones de sorpresa entre una joven y su novio. Nancy estudió biotecnología y Adrián es mercadólogo, quienes vinieron desde Cancún a pasar un sábado diferente.

La función vital de los hongos en el suelo forestal

Los hongos carecen de clorofila y no realizan fotosíntesis, puntualiza Rodríguez. “Se alimentan mediante digestión extracelular: secretan enzimas que degradan la materia orgánica (carbohidratos e hidrocarburos) a nivel molecular y absorben los nutrientes por ósmosis (el vocablo fungi alude a su comportamiento tipo “esponja”). Son degradadores clave en la fertilización y reciclaje de nutrientes en el suelo forestal”, explica al tomar otro ejemplar, esta vez un Auricularia, conocido como Oreja de Judas.

Los hongos pueden ser organismos gigantes, comenta Rodríguez, como el espécimen de Armillaria ostoyae, popularmente conocido como el “Hongo Gigante” (Humongous Fungus), documentado en Estados Unidos, que mide más de 965 hectáreas, lo que equivale a unos mil 350 campos de fútbol; la comunidad científica calcula su edad mínima en los 2 mil 400 años, pero algunos expertos estiman que su rango de edad real podría situarse entre los 2 mil y los 8 mil 650 años de antigüedad.

“¡Imagínense! Es por mucho el organismo más longevo sobre la Tierra”. “Wow”, exclamamos al unísono.

Quintana Roo cuenta con solo 401 especies publicadas, aunque se estima la existencia de más de 14 mil.
Quintana Roo cuenta con solo 401 especies publicadas, aunque se estima la existencia de más de 14 mil. Foto: Haidé Serrano

Y, por si fuera poco el asombro, el biólogo nos pregunta si sabemos cómo se reproducen los hongos, o sea sobre su sexualidad. “¿No es eso muy íntimo?”, bromea una joven. Palabras más, palabras menos, los hongos se reproducen mediante la formación y dispersión de esporas microscópicas; y la reproducción no es masculina o femenina, le llaman positivo y negativo, aunque también puede ser reproducción asexual.

El trabajo de investigación que el biólogo Juan Rodríguez lleva a cabo en el Parque La Ceiba está dando frutos. Refiere que actualmente trabaja en la descripción de especies potencialmente nuevas o no registradas, como un Geastrum (sección Myceliostroma, candidato a llamarse Geastrum comunensis o cushum) y una pequeña Favolaschia de 4 milímetros asociada exclusivamente al raquis de la palma chi’it (Sabal yapa).

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Regresamos a la palapa para cerrar con más conocimiento esta travesía del conocimiento. Más hongos por aquí, otros por allá. Lo que antes era invisible, ahora brilla entre las piedras y los montones de hojas y tierra.