Verónica Fajardo · 26 de octubre de 2026
El exgobernador de Quintana Roo, Félix Arturo González Canto, resaltó que, a 21 años del paso del huracán Wilma, la emergencia representó también una gran oportunidad para la entidad, pues permitió mejorar la vivienda de cientos de familias que habitaban en condiciones endebles. Recordó cómo enfrentó a las aseguradoras que pretendían irse a litigio para evitar indemnizar a los hoteles, teniendo que recurrir a la Presidencia de la República para solicitar apoyo. Del 15 de octubre al 15 de diciembre de 2005, Quintana Roo permaneció sin actividad turística, con las playas de Cancún severamente erosionadas y las muescas de atraque de cruceros destruidas.
González Canto destacó que, tras el embate de uno de los fenómenos naturales más devastadores en la historia del estado, se logró una movilización social y gubernamental récord. Rememoró la magnitud del desastre y el esfuerzo colectivo que permitió levantar la infraestructura estatal en tiempo récord, logrando lo que calificó como “una reconstrucción ejemplar, reconocida incluso por la Organización de las Naciones Unidas (ONU)”.
El exmandatario relató que el 15 de octubre se encontraba en Europa junto con los alcaldes quintanarroenses participando en un congreso sobre turismo. “Cuando nos enteramos de la amenaza ciclónica, suspendimos la agenda y regresamos de inmediato al estado. En ese entonces no existían las redes sociales ni el servicio de mensajería instantánea. Al arribar al Aeropuerto Internacional de Cancún nos informaron que para el 17 de octubre el sistema ya había alcanzado la categoría 5”, expuso.

La instalación previa de los Comités Municipales de Protección Civil resultó crucial: son las instancias donde se coordinan las autoridades de los tres órdenes de gobierno. A través del Comité Estatal, se concentró toda la información operativa para canalizar el apoyo a los ayuntamientos de manera oportuna.
Uno de los factores determinantes para evitar la pérdida de vidas humanas fue la labor preventiva de las emisoras radiofónicas de cada municipio y de la televisión local. Dichos medios transmitieron de manera ininterrumpida la información oficial y las recomendaciones a la población antes, durante y después del embate del huracán, hasta que las antenas colapsaron por las ráfagas de viento.
Félix González rememoró que, conforme se acercaba el fenómeno, las emergencias aumentaban en intensidad. Entre las intervenciones más delicadas previas a la llegada de la pared del ojo, figuró el auxilio a un transbordador que zarpó de Cozumel con 16 pasajeros a bordo hacia el sur de la entidad. Las fuertes rachas asociadas a las bandas de tormenta hicieron que la embarcación encallara en las inmediaciones de Banco Chinchorro.
“Solicité el apoyo inmediato de la Zona Naval para salvaguardar las 16 vidas a bordo. Tras evaluar las condiciones operativas, la Secretaría de Marina ejecutó el rescate mediante helicópteros y trasladó a las personas a una zona segura”, detalló el exgobernador.

Asimismo, recordó la situación crítica registrada en el Hospital General de Cancún, donde el equipo médico tuvo que realizar una intervención quirúrgica de emergencia utilizando plantas auxiliares de energía. Cuando la luz falló por completo al momento del impacto directo del ciclón, el personal logró concluir la operación con éxito. En el mismo nosocomio, médicos y enfermeras asistieron manualmente con respiración artificial a pacientes en estado delicado durante el periodo de mayor contingencia.
González Canto puntualizó que Wilma ha sido el único huracán registrado en la historia reciente que permaneció prácticamente estacionario sobre el territorio durante más de 60 horas. Ello provocó desabasto de alimentos y el cierre total de establecimientos comerciales. “La población está acostumbrada a que un ciclón cruce en pocas horas; sin embargo, en esta ocasión la devastación se prolongó por días. No se puede calificar de delincuente a un padre de familia que, impulsado por la desesperación, busca llevar alimento a sus hijos en una situación extrema de desastre”, reflexionó.
No obstante, para garantizar el orden público y frenar brotes de saqueo, las autoridades acordaron implementar un toque de queda temporal en coordinación con las fuerzas de seguridad y el Ejército Mexicano. Las Fuerzas Armadas desplegaron el Plan DN-III-E para brindar atención médica, instalar comedores comunitarios y habilitar albergues en las zonas urbanas de mayor vulnerabilidad.
Una vez contenido el problema de seguridad, el gobierno estatal priorizó la reparación e interconexión de la red vial, las avenidas principales, las zonas portuarias y la terminal aérea para restablecer la cadena de suministro en la franja septentrional del estado.

A través del respaldo del Gobierno Federal, organizaciones internacionales y la Cruz Roja, se sustituyeron viviendas frágiles por estructuras permanentes y se modernizaron planteles educativos e infraestructura pública. “Las torres de transmisión eléctrica ubicadas sobre la avenida Bonampak colapsaron durante el evento, lo que dio pauta a que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) desarrollara la red subterránea en la zona”, puntualizó.
De igual forma, la reconstrucción de los muelles de Cozumel derivó en la ampliación y modernización de la infraestructura portuaria, consolidando a la isla como uno de los principales puertos de escala para la industria de cruceros a nivel global.
En el Aeropuerto Internacional de Cancún, operado por el Grupo Aeroportuario del Sureste (ASUR), las obras de reparación permitieron proyectar la construcción de una nueva pista para optimizar la conectividad y atender la demanda creciente de las aerolíneas internacionales.
Ante la postura inicial de las compañías aseguradoras de diferir los pagos hasta el desahogo de litigios, la intervención directa del entonces presidente Vicente Fox Quezada obligó a las firmas a otorgar anticipos inmediatos a los prestadores de servicios hoteleros. Esto permitió agilizar los trabajos de restauración en la Zona Hotelera de Cancún, donde los daños a la planta física habían sido severos.
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González Canto explicó que las autoridades fijaron el 15 de diciembre de 2005 como fecha objetivo para la reapertura turística. Para evitar la cancelación masiva de rutas, comitivas integradas por los tres órdenes de gobierno entablaron negociaciones directas con las aerolíneas, ofreciendo esquemas de incentivos operativos para mantener la conectividad del destino.
Asimismo, se habilitó un portal digital de verificación oficial para informar en tiempo real sobre los establecimientos hoteleros que reanudaban operaciones y la reapertura de reservaciones, logrando captar el flujo turístico procedente de Estados Unidos y Canadá para la temporada invernal.
Félix González Canto remarcó que el impacto del huracán Wilma en octubre de 2005 se enfrentó priorizando la evacuación masiva, la comunicación constante y una estrategia de reconstrucción coordinada. Al ser una de las tormentas más destructivas en la historia del Atlántico, el mandatario, quien llevaba apenas unos meses en el cargo, tuvo que gestionar una contingencia inédita de más de 60 horas de afectaciones continuas.