Madres buscadoras en Quintana Roo: rastrear restos en el paraíso

Haidé Serrano · 7 de septiembre de 2026

Madres buscadoras en Quintana Roo: rastrear restos en el paraíso

A tan solo unos metros de la playa, en el “patio trasero” de un hotel gran turismo, un grupo de madres buscadoras hurga en la basura. Es la zona continental de Isla Mujeres, que también es la periferia de Cancún. Un área donde el mangle, una especie protegida, crece en un pantano de desechos humanos y pestilencia.

Es una cuadrilla de 14 personas, integrantes de Verdad, Memoria y Justicia, colectivo fundado por Romana Rivera Ramírez. Son, en su mayoría, mujeres, hermanas, hijas y madres, quienes se acompañan para escarbar tierra e indicios de sus familiares desaparecidos.

El contraste turístico: la crisis de desaparición en cifras

Quintana Roo, atractivo turístico, alberga tres municipios en el ranking de los cien con más desapariciones en México: Benito Juárez (Cancún), Playa del Carmen y Othón P. Blanco (Chetumal, la capital), según datos de Red Lupa.

Cancún lidera la clasificación regional, situándose en la posición 35 a nivel nacional, con 758 individuos desaparecidos (576 hombres y 182 mujeres, lo que equivale a un ratio de 8 por cada 100 mil habitantes); le siguen Othón P. Blanco, en la posición 69 nacional, con 387 registros (310 hombres y 77 mujeres), que alcanza el nivel más elevado con 17 casos por cada 100 mil habitantes, y Playa del Carmen, en la posición 78 con 364 personas (216 hombres y 148 mujeres) Foto: Haidé Serrano

La jornada para la exploración de este 2 de septiembre del 2026 comenzó a las 8 de la mañana en las puertas de la Fiscalía General del Estado de Quintana Roo de Cancún. “De allí saldremos hacia la primera parte de la búsqueda en la Laguna Manatí”, explicó Romana Rivera Ramírez, quien desde hace seis años y seis meses busca a su hija Diana García Rivera, desaparecida en Cancún.

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La travesía hacia Laguna Manatí bajo temperaturas extremas

Vamos en caravana. Antes de llegar a la Laguna Manatí, una reserva ecológica enclavada en plena zona urbana de Cancún, nos detenemos para comprar algo de comer y enfrentar las próximas siete horas que durará la exploración. Ya casi son las 10 de la mañana. Damos tumbos por un camino de terracería. Una antropóloga que trabaja en la Fiscalía General del Estado de Quintana Roo comparte con Romana Rivera la vista en su celular del Google Maps. “Es una foto tomada hace cinco años, así que sabremos las condiciones del camino hasta llegar”.

 La dimensión del problema en Quintana Roo se refleja en las cifras oficiales y de monitoreo civil: Cancún encabeza la lista regional, al ubicarse en la posición 35 a nivel nacional, con 758 personas desaparecidas (576 hombres y 182 mujeres, equivalente a una tasa de 8 por cada 100 mil habitantes); le siguen Othón P. Blanco, en el lugar 69 nacional, con 387 registros (310 hombres y 77 mujeres), que alcanza la tasa más alta con 17 casos por cada 100 mil habitantes, y Playa del Carmen, en la posición 78 con 364 personas (216 hombres y 148 mujeres, con una tasa de 11).

Previo a la llegada a la Laguna Manatí, una reserva natural situada en el corazón de la zona urbana de Cancún, nos paramos para adquirir algo de comida y prepararse para las siete horas que durará la travesía. Fotos: Haidé Serrano

Llegamos a una encrucijada. Hay algunas dudas sobre cuál ruta tomar. Eligen y estacionan los vehículos en el camino, casi bloqueando el paso. El grupo se prepara para emprender la búsqueda y algunas personas se enfundan pasamontañas, guantes, sombreros con protección solar y botas de senderismo.

Hay tortas de pollo para desayunar y agua de horchata que la madre de Diana García Rivera preparó para este día. “Coman algo ahora, porque después no será posible”, avisa. 

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Herramientas rudimentarias frente a un problema en aumento

Los casos de desaparición en Quintana Roo aumentaron desde 2019, siendo 2025 el año con la mayor concentración de casos, con 393 personas que continúan desaparecidas. Previamente, 2024 había sido el año con más casos, concentrando 360. Hasta el 2018, el total de personas desaparecidas se había mantenido bajo y aunque hubo una disminución durante el 2020, la tendencia indica que la problemática muestra un aumento sostenido, de acuerdo con cifras del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas.

Es la canícula. La sensación térmica alcanza los 40 grados y el porcentaje de humedad es del 80 por ciento. Son las condiciones ideales para un golpe de calor que puede arrebatar la vida por deshidratación.

Son las condiciones perfectas para un golpe de calor, que puede causar la muerte por deshidratación. Foto: Haidé Serrano

La senda está desolada. El grupo se dividió en dos. Las armas de sus esperanzas son las mismas de la jardinería: rastrillos, palas, azadas, palas, picos, machetes y cuchillos. Algunos cortaban ramas de almendro que pulieron; son lanzas rudimentarias para apoyarse o escudriñar despojos.

 “Soy madre buscadora obligada por las trágicas circunstancias del 22 de febrero de 2020, cuando mi hija salió acompañada de un joven a una discoteca. En la madrugada del 21 para el 22 llegaron a Plaza Infinity, donde estaba el Nightclub Imperio. De ahí fueron sustraídos y privados de su libertad. Llevo 6 años y 6 meses en la búsqueda de mi hija. Inicié sola, tocando puertas y buscando en vida; eso me llevó a recorrer todas las dependencias buscando ser escuchada.

“En 2020, en plena pandemia, viajé cuatro veces a la Ciudad de México para tocar puertas. Uno quisiera ser escuchada por la cúpula del poder. Cuando el señor Carlos Joaquín era gobernador jamás nos dio la pauta para escucharnos. Siempre se negaron, al igual que el entonces secretario de Seguridad Pública Estatal, el señor Capella, quien jamás me dio acceso para tener mayor información o ayuda en las labores de búsqueda. Fue muy difícil: era un año de pandemia y no permitían el acceso a más de dos o tres personas”, relata Romana Rivera, mientras abanica su cuchillo Rambo para abrirse paso entre el mangle.

Es un grupo de 14 individuos, miembros de Verdad, Memoria y Justicia, agrupación establecida por Romana Rivera Ramírez. Foto: Haidé Serrano

Es una caminata lenta, un “hiking” de dolor, que rastrea bolsas negras, montículos de piedras, ramas y vestigios de alguna actividad anti natural. La presencia humana deja su rastro de inmundicia. Hay de todo. Les llama en particular la atención la ropa. Se detienen a leer los pedazos de papel, una nota de compra de una tlapalería fechada en el 2024, que conserva nítidamente la tinta.

Verdad, Memoria y Justicia arrancó con 12 mamás y papás, relata su fundadora, quien lamenta su crecimiento. “A mí no me alegra que tengamos a más víctimas confiando en nuestra labor; al contrario, me da mucha tristeza que día con día busquen apoyo, acompañamiento y orientación sobre cómo le hacemos, a dónde vamos y qué hacemos”.

Llegamos a la Laguna Manatí, un cuerpo sereno de agua azul profundo. En el pasado, fue un lugar frecuentado los fines de semana por familias, quienes disfrutaban de un restaurante hoy en ruinas. El embarcadero sostiene algunas lanchas de pescadores. Un hombre mayor se mece en su hamaca, es el guardián del lugar. Responde las preguntas, sin dejar de mecerse. “No, no he visto nada. No, nadie viene por acá. No, desde que llegó la ´maña´, el dueño ya no quiso abrir el restaurante. Solo vienen los fantasmas que se pasean por el camino y por encima de la laguna”, contesta socarrón.

Además de estar expuestas al riesgo de grupos delictivos, las madres buscadoras en Quintana Roo se exponen a ataques de la fauna local, como cocodrilos y serpientes; también experimentan quemaduras por árboles como el chechén (Metopium brownei), también conocido como el “árbol tóxico maya”, que provoca quemaduras químicas y fitodermatitis. Foto: Haidé Serrano

Emprendemos el regreso. Nos atenaza el calor. Al menos el pastor alemán que participa en la búsqueda se echó un chapuzón en la laguna; se llama Icabot, pertenece a la Unidad Canina Policía de Investigación K-9 y su entrenamiento incluye detección de restos humanos.

“Diana García Rivera al momento de su desaparición tenía 20 años. Ese mismo año, el 23 de julio, cumplió los 21; a la fecha tendría 26 años. Diana era una joven muy alegre, risueña, sociable y carismática. Estaba soltera y convivía mucho con la familia. Le gustaba que los fines de semana preparáramos comida e invitáramos a su tía y a sus primos a la casa, o preparábamos alimentos e íbamos a casa de su tía a comer.

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“Llegamos a Quintana Roo cuando Diana iba a entrar a tercero de primaria. Cursó la primaria y la secundaria, y dejó la prepa por cuestiones de salud. De ahí retomó un curso de pestañas. A ella le gustaba mucho arreglarse las cejas y las pestañas: cuando salía se ponía pestañas postizas y se maquillaba las cejas para pronunciarlas, aunque ya las tenía muy marcadas y oscuras. En cambio, casi no le gustaba pintarse las uñas ni que se las tocaran; ella sola se las arreglaba. Su arreglo personal era muy natural”, rememora su madre sin perder detalle del camino y sus alrededores.

Bajo el sol de la 1 de la tarde, el olor nauseabundo se impregna como una segunda piel. Nadie se queja de nada, ni de la peste, el calor, la sed, el cansancio o del fracaso de la jornada. Las pocas palabras que intercambian son sobre qué es esto o aquello, en voz baja, sin estridencias. Algunos gritos moderados rompen la solemnidad, son algunas advertencias para no entrar por algún recoveco por la presencia de los cocodrilos.

 Las madres buscadoras en Quintana Roo además de exponerse al peligro de grupos delictivos, se arriesgan a sufrir ataques de la fauna local, como cocodrilos y serpientes; también sufren quemaduras por árboles como el chechén (Metopium brownei), llamado el “árbol tóxico maya”, que causa quemaduras químicas y fitodermatitis. Otras padecen las picaduras de tábanos que causan un dolor agudo e intenso, además de inflamación local severa y a veces sangrado leve.

 Romana Rivera Ramírez considera que las búsquedas de personas dieron inicio con el impulso de su colectivo. En esta ocasión, hay presencia del gobierno municipal, del Estado, la Fiscalía, el Ejército y la Marina. “Lo único que nunca nos ha gustado es que las autoridades buscan sin vida: no hay un trabajo de búsqueda en vida”. Actualmente, el colectivo tiene activas 176 fichas, y a lo largo de los cinco años, ha brindado acompañamiento a cerca de 300 personas.

Una mujer joven se desprende del grupo y regresa apresurada. Cayó en un pantano de excrementos y se hundió hasta las rodillas. Encontró dónde enjuagarse, pero el tufo no cedió. Nos siguió de cerca un vehículo de seguridad privada porque el predio es propiedad de un hotel.

Una peste acre, mezcla de sal y podredumbre nos rodea. Llegamos al final del camino. Regresamos a los vehículos, luego a la afueras de la Fiscalía para despedirnos y luego a la vida. Las búsquedas continuarán. Romana Rivera no descarta la posibilidad de encontrar a Diana con vida “porque el milagro lo hace Dios”.