Haidé Serrano · 27 de octubre de 2026
La adquisición de vivienda en Quintana Roo como vehículo de inversión y rentas de corta estancia ha comenzado a desacelerarse debido al rápido encarecimiento inmobiliario y a la brecha entre el costo de los inmuebles y los ingresos de las familias.
De acuerdo con el reporte Situación Inmobiliaria México del segundo semestre de 2026 emitido por BBVA Research, el aumento continuo de los precios ha incrementado la barrera de entrada a este mercado, desincentivando la compra de segundas residencias por parte de compradores provenientes de zonas metropolitanas fuera de la entidad.
La pérdida de dinamismo en las compras para inversión responde al deterioro acumulado en la asequibilidad de la vivienda en Quintana Roo y otros destinos turísticos del país. El análisis del sector inmobiliario revela datos sobre esta desaceleración como el Índice de Poder Adquisitivo de la Vivienda e Ingreso Relativo (IPAVIR), que alcanzó 131 puntos porcentuales en Quintana Roo durante 2025, colocándose como una de las entidades con mayor divergencia del país, por encima del promedio nacional de 83.6 puntos.

En los últimos 24 meses, la vivienda en la entidad acumuló un incremento de precio del 12.1%, superando el ritmo de encarecimiento observado en diversas regiones del centro y sur del país.
Entre 2016 y 2025, los precios de la vivienda en México subieron 108.5%, mientras que los ingresos de los hogares únicamente crecieron un 25 por ciento.
Durante años anteriores, fue habitual que diversos hogares de zonas metropolitanas adquirieran segundas residencias en Quintana Roo con el objetivo principal de colocarlas en plataformas de rentas cortas o como refugio de capital, en lugar de habitarlas. Sin embargo, este modelo de inversión ha comenzado a mostrar un límite claro.
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Marissa González, economista senior de BBVA Research México, explicó que “estamos empezando a ver una disminución en este tipo de viviendas de inversión, sobre todo por la disparidad que observamos entre el aumento de precios y el ingreso de los hogares”.
Esta desconexión entre los valores del mercado inmobiliario y el poder de compra frena el flujo de nuevos inversionistas y agrava las barreras de acceso a la propiedad para la población local.