"Vienen por unos y luego por otros, y no lo vamos a permitir": Sheinbaum acusa injerencia de EU

Nayeli Roldán · 1 de junio de 2026

"Vienen por unos y luego por otros, y no lo vamos a permitir": Sheinbaum acusa injerencia de EU

La presidenta Claudia Sheinbaum, como lo hacía su antecesor Andrés Manuel López Obrador, conmemoró el aniversario de su triunfo electoral. La diferencia es que no solo se trató de la enumeración de “logros”. El mensaje central, al cumplirse dos años de la victoria de la primera mujer en llegar a Palacio Nacional, fue la acusación de “injerencia” que lanzó hacia el gobierno de Estados Unidos

Ante la solicitud de extradición del gobernador de Sinaloa con licencia, Rubén Rocha Moya, y nueve exfuncionarios estatales, por presuntos vínculos con el crimen organizado, la presidenta dejó una clara advertencia: “Vienen por unos, luego por otros, hasta que las oficinas del Departamento de Justicia se vuelven el principal elector en México. Eso no lo podemos permitir”. 

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Durante 40 minutos, Sheinbaum desglosó lo que considera los logros de su gestión en materia de economía, seguridad e infraestructura; un ejercicio que otros mandatarios hacían solo una vez al año como parte del informe presidencial.  Acto seguido, modificó el tono de su discurso para alertar sobre una nueva forma de “desestabilización por las derechas internacionales”, que incluye la “manipulación” a través de redes sociales, por lo que instó a la ciudadanía a “no dejarse llevar”.

Se refirió también al caso de la muerte de dos agentes estadounidenses sin acreditación oficial en una operación de seguridad en Chihuahua, donde este sábado hubo un acto de respaldo a la gobernadora María Eugenia Campos convocado por el PAN. “Quien venga a nuestro país debe hacerlo con respeto a nuestra soberanía”, subrayó.

“Pero ocurrió algo más grave”, continuó. El Departamento de Justicia de los Estados Unidos solicitó la extradición, “sin presentar públicamente pruebas que sustentaran esa solicitud”, del ahora gobernador con licencia Rubén Rocha Moya; el senador por Morena, Enrique Inzunza; el alcalde con licencia Juan de Dios Gámez, y otros siete exfuncionarios de Sinaloa. 

Lo que la presidenta omitió en su mensaje es que Estados Unidos los acusa de colaborar con “Los Chapitos”, una facción del Cártel de Sinaloa. El Departamento de Justicia incluso señala que el grupo criminal habría operado para ayudar a Rocha Moya a ganar la elección de 2021 en Sinaloa, amenazando a sus contrincantes, tal como relataron recientemente a Animal Político participantes en ese proceso electoral. Medios locales como Ríodoce lo documentaron al momento de la jornada electoral, incluyendo testimonios de personas que fueron secuestradas. “Si no gana Rocha, los matamos a todos”, denunciaron desde entonces.

En el discurso, la presidenta tampoco refirió que, hasta ahora, dos excolaboradores de Rocha se pusieron a disposición de las autoridades estadounidenses:  el general Gerardo Mérida, exsecretario de Seguridad Pública, quien está citado a comparecer este lunes en Nueva York, y Enrique Díaz Vega, exsecretario de Administración y Finanzas. 

La solicitud de extradición —dijo la presidenta— genera una duda: “¿Es realmente interés legítimo, genuino, por ayudar a México?, ¿es realmente un interés legítimo para combatir a la delincuencia organizada?, ¿o quizá estamos viendo cómo sectores de la ultraderecha estadounidense utilizan a nuestro país para posicionarse rumbo a sus elecciones de 2026?, ¿o acaso pretenden influir en la elección de 2027 en nuestro país? No son preguntas retóricas”. Y arengó: “¡México no es piñata de nadie!”.

 La frase provocó aplausos de pie entre las filas de asistentes donde se encontraban el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar; las ministras y el ministro Lenia Batres, Sara Herrerías y Arístides Guerrero, respectivamente; Ariadna Montiel, presidenta de Morena, y Citlali Hernández, secretaria del partido, y el director del IMSS, Zoé Robledo, entre otras personas. Lo mismo sucedió con integrantes del  gabinete que estaban en línea detrás de ella.  “¡Presidenta! ¡Presidenta! ¡Presidenta!”, era el grito conjunto en señal de respaldo. 

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La mandataria federal hizo un llamado a sus simpatizantes a convocar a asambleas públicas. Foto: Cuartoscuro

En contraste, una manta gigante de protesta fue desplegada en un edificio de la calle José María Iglesias, bastante lejos del templete, pero con una precisión calculada; quedó justo detrás de la pantalla donde se observaba el rostro de la presidenta, que no ocultaba un semblante de molestia.  

En la manta monumental se leía: “Claudia Sheinbaum protege a narco gobernantes”, con una fotografía suya y al lado Rubén Rocha Moya con los brazos cruzados.  La firmó el grupo “Mexicanos al grito de paz”. 

Sin saber lo que sucedía a sus espaldas, la presidenta siguió: “Cuando desde el exterior se dicta quién es culpable y quién no; cuando se busca presionar a nuestras instituciones desde fuera; cuando se normaliza la idea de ‘que otro país puede intervenir en asuntos que solo le corresponden a los mexicanos’, ya no estamos hablando de cooperación, estamos hablando de injerencia”.

Entonces, la presidenta Sheinbaum —rompiendo con el estilo más ecuánime que la caracteriza al dar discursos públicos— , levantó el dedo índice de la mano derecha y dio paso al clímax de su discurso: “México, que se oiga claro y que se oiga fuerte: ¡no acepta injerencias! ¡Somos un país libre, independiente y soberano!”, dijo enfáticamente, casi desgañitándose.

 Los asistentes, de nuevo, se pusieron de pie: “No estás sola, no estás sola”, vitoreaban sin parar. 

“Cuando se normaliza la idea de que otro país puede intervenir en asuntos que solo le corresponden a los mexicanos,  ya no estamos hablando de cooperación, estamos hablando de injerencia”, añadió, conservando un gesto de firmeza en el rostro. 

Luego vino la afirmación que disipó cualquier duda sobre si su gobierno entregaría a Rocha Moya a Estados Unidos. “Es legítimo dudar del verdadero interés en los juicios de extradición para autoridades electas. Hay que tenerlo claro: vienen por unos, luego por otros, hasta que las oficinas del Departamento de Justicia se vuelven el principal elector en México. Eso no lo podemos permitir”.

Mientras esto ocurría, decenas de personas abandonaban la explanada del Monumento a la Revolución. Se iba un grupo de representantes de la alcaldía  Magdalena Contreras y también asistentes como Lourdes, quien vino al mitin desde el campamento donde vive en Iztapalapa y a quien su “líder” le prometió que podría seguir ahí, siempre y cuando acudiera el domingo a “apoyar a la presidenta”. 

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La gran mayoría de la gente que fue a escuchar a Sheinbaum permanecía aún en la explanada principal. Llevaban banderas de México, playeras de Morena y gorras blancas de los trabajadores de limpia. Mientras, la presidenta hablaba sobre cómo combatir el tráfico de drogas, pero en “cooperación”.  

“Para ayudarnos a disminuir la violencia en México es indispensable detener el tráfico ilegal de armas hacia nuestro país y es fundamental que atiendan el grave problema de consumo de drogas en su territorio”, subrayó.

Finalmente, hizo un llamado a sus simpatizantes, como acostumbraba su antecesor, a convocar asambleas públicas para informar sobre la “manipulación”. Pidió incluir en la lista de invitadas e invitados a quienes tienen diferencias con su gobierno porque “todos deberíamos estar de acuerdo: ¡en México decidimos las y los mexicanos!”. 

El acto por el segundo aniversario del triunfo electoral de la primera presidenta de México recordó, por momentos, a una conmemoración del Grito de Independencia.  La presidenta lanzó “vivas” al concluir su mensaje —incluyendo una a la llamada “cuarta transformación”—  frente a las 130 mil personas, que según la Secretaría de Gobierno de la Ciudad de México, se congregaron este domingo en el Monumento a la Revolución.