Segundo Informe de Sheinbaum: pocos invitados, sin arengas y gobernadores sentados en orden alfabéti

Israel Fuguemann y Dalila Sarabia · 2 de septiembre de 2026

Segundo Informe de Sheinbaum: pocos invitados, sin arengas y gobernadores sentados en orden alfabéti

Palacio Nacional amaneció blindado. Un cordón de seguridad se extendió por varias calles a su alrededor y custodió los accesos al Zócalo de la Ciudad de México. La plaza donde reside el poder político volvió a ser eso: una inmensa plaza cuyos edificios comienzan a ser decorados con los símbolos nacionales. Es septiembre y el mes de la patria se viste de blanco, verde y rojo.

Pasadas las 9 de la mañana, la plancha se miraba imponente y casi vacía. Amaneció sin los puestos ni vendedores que comúnmente la ocupan. No hubo ambulantaje. Solo una mañana fresca y una plaza despejada para que la presidenta Claudia Sheinbaum pudiera recibir a las personas invitadas a su Segundo Informe de Gobierno.

La cita fue a las 11:00 horas en el Patio de Honor de Palacio Nacional, aunque a los invitados se les pidió estar con una hora de antelación. Fue una ceremonia pequeña, austera: unos 320 invitados y un centenar de fotógrafos y camarógrafos de los medios de comunicación. El ambiente fue solemne y privado.

Segundo Informe de Sheinbaum: pocos invitados, sin arengas y gobernadores sentados en orden alfabético
México camina por el rumbo de la prosperidad compartida, con independencia, libertad y con mucha dignidad, dijo la presidenta en Palacio Nacional. Foto: Israel Fuguemann

Dentro, aplausos a la mandataria. Afuera, vallas y un silencio casi sepulcral apenas roto por las campanas de la Catedral Metropolitana. No hubo movilizaciones ni porras, solo el ir y venir de decenas de camionetas de lujo que llegaron a Palacio Nacional para dejar a funcionarios e invitados especiales.

Trajes y vestidos, casi todos oscuros, acompañaron la solemnidad del acto. En el gobierno autoproclamado de “las mujeres” hubo más sacos y corbatas que tacones. Abundaron las sonrisas mañaneras.

El patio fue decorado con grandes telas con los colores de la Bandera. Un estrado sobrio, con apenas dos pantallas, ocupó el centro. En el primer piso, sobre los pasillos de Palacio, se alcanzaban a distinguir los cuadros de los presidentes que antecedieron a la primera mujer que ocupa la Presidencia de México.

Sobre el podio principal se alcanzaba a ver un retrato de Enrique Peña Nieto. A un costado, encima del lugar desde donde Sheinbaum daría su discurso, la pintura de un sonriente Andrés Manuel López Obrador miraba desde el balcón principal. En una de sus manos el exmandatario sostiene el bastón de mando otorgado por pueblos indígenas, parecido al que hoy también acompaña a la presidenta.

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Mientras esperaban a que bajara Sheinbaum, los invitados fueron formando pequeños grupos, células, tribus que representan a los distintos bloques y círculos que rodean a la figura presidencial.

Urge austeridad y humildad

De pie, mientras el Sol comenzaba a bañar Palacio Nacional, los asistentes recibieron a la presidenta que en esta ocasión optó por usar un conjunto completamente morado. “Comparezco ante el pueblo de México a casi dos años de haber asumido la Presidencia de la República. Lo hago con la certeza de que estamos transformando la vida pública del país. Cada avance, decisión y esfuerzo tienen un mismo propósito: que el bienestar llegue a todas y a todos”, fueron las primeras palabras que pronunció.

“Estoy convencida de que México camina por el rumbo de la prosperidad compartida, con independencia, libertad y con mucha dignidad”, agregó.

Antes de sumergirse en la lectura de su discurso, el cual fue dispuesto previamente en el presidium, Sheinbaum tomó unos minutos para hablar de la austeridad y la humildad, cualidades con las que, afirmó, ha gobernado el país desde hace 23 meses, pero que algunos funcionarios y miembros de la llamada Cuarta Transformación han olvidado.

Segundo Informe de Sheinbaum: pocos invitados, sin arengas y gobernadores sentados en orden alfabético
La presidenta dijo que se ha reducido el gasto corriente en 200 mil millones de pesos, comparado con 2024. Foto: Israel Fuguemann

“Los servidores públicos tenemos la obligación de comportarnos con profunda responsabilidad, pero, al mismo tiempo, con sencillez y humildad”, subrayó la mandataria.

Recordó que años atrás, mientras millones de mexicanas y mexicanos trabajaban todos los días para salir adelante, el gobierno se dedicó a alejarse de ellos obviando sus necesidades y su realidad. “Se utilizaban los recursos públicos para excentricidades y lujos, y se gobernaba para unos pocos. Eso terminó con la llegada de la Cuarta Transformación, y lo digo claro: debe continuar de esa manera”, lanzó a los presentes.

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Y aunque el discurso se contraponía a la realidad que hacía unos minutos se había visto afuera de las puertas de Palacio Nacional, a donde llegaron decenas de camionetas, Sheinbaum afirmó que durante su gobierno no se han adquirido vehículos de lujo ni se han destinado recursos públicos a gastos innecesarios.

“Los salarios de los servidores públicos del más alto nivel no han aumentado. Además, hemos reducido el gasto corriente en 200 mil millones de pesos comparado con 2024, sin afectar las áreas sustantivas”, informó.

Distancia y orden

A su izquierda y en primera fila la acompañó su familia. Jesús María Tarriba, su esposo; Annie Pardo Cemo, su madre; y Rodrigo Imaz, su hijo. A su lado, el científico Enrique Semo y la economista Margarita Arévalo. Al final, pero en primera fila, el gabinete de seguridad.

Del otro lado, a su derecha, Hugo Aguilar, ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), ocupó la primera silla. A su lado, los representantes del Poder Legislativo: Raúl Bolaños Cacho Cué, presidente de la Mesa Directiva en la Cámara de Diputados, e Higinio Martínez, su homólogo en el Senado de la República. A su lado, Ernestina Godoy, fiscal de la República.

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Siguiendo estrictamente el orden alfabético del nombre de las 32 entidades fueron sentados los gobernadores del país. La panista Tere Jiménez, mandataria de Aguascalientes, quedó en la primera silla.

La morenista Marina del Pilar Ávila, gobernadora de Baja California, y quien en las últimas semanas se ha visto envuelta en polémica tras revelarse audios en los que presuntamente negociaba con autoridades estadounidenses a fin de no perder su visa, también ocupó una silla en primera fila. Ataviada en un traje rojo fue difícil que su presencia pasara desapercibida.

Segundo Informe de Sheinbaum: pocos invitados, sin arengas y gobernadores sentados en orden alfabético
Manuel Velasco, coordinador de la bancada del Partido Verde Ecologista de México en el Senado, estuvo entre los asistentes. Foto: Israel Fuguemann

Más atrás, Graciela Domínguez Nava, quien apenas hace una semana rindió protesta como gobernadora de Sinaloa tras la solicitud de licencia definitiva que hizo Rubén Rocha Moya, señalado por las autoridades estadounidenses de presumiblemente tener vínculos con el crimen organizado.

Al final, 31 de los 32 mandatarios estatales atendieron la invitación hecha por la Presidencia de la República para escuchar el Segundo Informe de Gobierno. La única ausencia fue la de la panista Maru Campos, gobernadora de Chihuahua.

Y si bien, en medio de las tensiones por el asesinato de dos agentes de la DEA en Chihuahua, lo que abrió la puerta a señalamientos de un trabajo conjunto con Estados Unidos al margen del Gobierno de México, era predecible que la panista desairara la invitación presidencial, la ausencia de Adán Augusto López y Gerardo Fernández Noroña tampoco pasó inadvertida.

Empresarios y otros invitados

Hasta la cuarta fila, detrás de los gobernadores, se advirtió la presencia del diputado Ricardo Monreal, quien compartió su lugar con Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena.

Más atrás se ubicó a un pequeño grupo de empresarios, entre ellos el hombre más rico de México, Carlos Slim; Daniel Servitje, presidente ejecutivo de Grupo Bimbo, así como Bernardo Gómez y Alfonso de Angoitia, copresidentes ejecutivos de Grupo Televisa.

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El director de cine Luis Mandoki, el flautista Horacio Franco y el actor Damián Alcázar, representando la rama cultural, también acudieron a la convocatoria hecha por Sheinbaum. Hasta el fondo, en la última fila, ubicaron a los representantes de los pueblos indígenas. Portaron bastones de mando parecidos a los que aparecen en el cuadro que, desde uno de los muros, parece vigilar a la presidenta mientras pronuncia su discurso.

Aplausos sí, arengas no

Aunque durante el mensaje que duró poco más de una hora se escucharon alrededor de una veintena de aplausos, este martes, y contrario a lo visto en el Primer Informe de Gobierno y en otras convocatorias, los gritos de “Es un honor estar con Claudia hoy” o “¡Presidenta!, ¡Presidenta!” no se escucharon durante la presentación de Sheinbaum.

A 23 meses del inicio de su gobierno, el llamado Segundo Piso de la Transformación sigue pregonando la austeridad republicana y esta ceremonia buscó demostrarlo.

Segundo Informe de Sheinbaum: pocos invitados, sin arengas y gobernadores sentados en orden alfabético
Esta vez no hubo fotografías ni videos de la presidenta con nadie en particular. Foto: Israel Fuguemann

El informe presidencial, sin embargo, fue un ejercicio en el que la presidenta habló de los logros de su gobierno. Muchas noticias positivas, una narrativa que priorizó los avances en seguridad y transporte ferroviario, la disminución de la deuda de Petróleos Mexicanos, la inauguración de hospitales y canchas de futbol, así como el retorno de miles de mexicanos deportados desde Estados Unidos.

Quedaron fuera del discurso otros rostros del país: las madres de miles de personas desaparecidas, los miles de migrantes de otros países que permanecen en México, las dificultades de la educación y las grandes demandas de diversos grupos que, apenas dos meses atrás, se manifestaban diariamente en distintos puntos del país.

La presidenta destacó especialmente la disminución de la violencia y de homicidios en México que, dijo, han bajado un 51 %. Agradeció a quienes encabezan las instituciones de seguridad, entre ellos al secretario Omar García Harfuch, y los titulares de Marina y Defensa, así como a todo el gabinete de la Cuarta Transformación.

Y para que no quedara lugar a dudas, enfatizó que la Cuarta Transformación no tiene divisiones, que está más unida que nunca y que esa unidad hace de México un gobierno soberano que no admite injerencias extranjeras.

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Al finalizar el evento, la presidenta cantó el Himno Nacional, rindió honores a la Bandera y alistó su retirada no sin antes pedir que le volvieran a encender el micrófono para pedir un aplauso a todo su gabinete “que es parte de estos grandes resultados”.

“Y gracias a las gobernadoras y gobernadores por su asistencia”, remató para retirarse con la misma sutileza con la que había ingresado al patio de Palacio Nacional. Esta vez no hubo fotografías ni videos con nadie en particular. Solo la mujer vestida de lila que desaparecía detrás del escenario mientras su grupo más cercano rompía filas.

Una vez roto el protocolo aparecieron más sonrisas y abrazos, selfies y saludos de cortesía. El círculo de las personas en el poder parecía relajarse. Por unos cuantos minutos, el patio dejó de parecer el escenario de un informe presidencial y se convirtió en un espacio de celebración.

Afuera, al mediodía, el Zócalo seguía vacío. Sin protestas. Sin vendedores. Solo un montón de vallas custodiando la plaza central y una Bandera que ondeaba sin que nadie la mirara.