Andro Aguilar · 31 de agosto de 2026
Pasaron 124 días desde que el senador Enrique Inzunza desapareció tras las acusaciones de vínculos criminales por parte de autoridades de Estados Unidos. Regresó al Senado e insistió que es inocente. Volvió ya sin el cobijo de la bancada de Morena pero aún con la protección del fuero constitucional.
Ya como legislador sin partido, insistió en su inocencia y dijo que no renunciará al fuero porque se trata de una embestida política, no un asunto jurídico, y que no teme ir a la cárcel.
Inzunza aseguró que mantendrá su respaldo a las propuestas de la presidenta Claudia Sheinbaum y a la coalición morenista. Advirtió que queda en manos de ese partido resolver si lo expulsa de sus filas.
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Llegó poco después de las 4:30 de la tarde. En el estacionamiento del Senado, Enrique Inzunza Cázarez descendió del asiento de copiloto de un vehículo compacto y pidió a los periodistas que lo esperaran en 15 minutos en el patio de la sede legislativa.
“Soy inocente, constitucional y jurídicamente, los hechos y el tiempo lo dirán, no tengo ninguna duda”, insistió minutos después ya frente al micrófono.
Enrique Inzunza se había mantenido alejado del Senado desde la mañana del 29 de abril, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos lo acusó a él, al gobernador Rubén Rocha Moya y a ocho personas más de tener vínculos criminales.
El legislador dijo que durante ese lapso que se mantuvo sin asistir al Congreso, trabajó en la realización de 22 iniciativas y visitó a sus padres que viven en su natal Badiraguato.

Enrique Inzunza explicó que no se presentó a la Comisión Permanente del Senado por decisión del coordinador morenista Ignacio Mier, quien en su momento explicó que evitaría que las sesiones se convirtieran en un show. Acusó una embestida mediática y calumnias tras las acusaciones sin pruebas del Departamento de Justicia de Estados Unidos.
El legislador aseguró que se separó de Morena por convicción propia, para evitar que se le cuestionen al movimiento morenista las imputaciones falsas que se le hacen a él; negó cualquier relación con grupos criminales y reclamó que su municipio natal, en la sierra de Sinaloa, ha sido estigmatizado.
Enrique Inzunza alabó al gobernador Rubén Rocha Moya, evitó pronunciarse sobre si metería las manos al fuego por él, pero dijo que su trayectoria lo sustenta.
“Fuimos compañeros de trabajo y ambos somos originarios de Badiraguato; considero que es un hombre honorable, profesor, humanista y autor de una docena de libros. No me gustan las expresiones de ‘meter las manos al fuego’, pero su trayectoria lo avala.
Enrique Inzunza informó que cuando reapareció Rubén Rocha Moya se encontró con él en Palacio de Gobierno porque el gobernador le pidió un consejo que se negó a relatar.

Tras responder preguntas de los medios de comunicación, el senador se fue hacia la zona restringida conocida como “pasos perdidos” y no se le volvió a ver hasta que ya había comenzado la ceremonia. Contrario a su costumbre de llegar puntual y esperar el inicio de sesiones desde su escaño con un libro, Inzunza entró tarde y con eso evitó a la prensa.
Antes de su llegada, la senadora sinaloense del PRI, Paloma Sánchez, calificó su presencia como una “desvergüenza” y colocó una hoja con la leyenda “Narcosenador” en el respaldo del escaño. También mostró otro mensaje escrito a mano: “Narcosenador +3000 homicidios y +4000 desaparecidos en Sinaloa”.
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Cuando la todavía presidenta Laura Itzel Castillo tocó la campana de inicio, las decenas de fotógrafos que aguardaban frente a su asiento tuvieron que despejar el área y el personal de resguardo los retiró del salón.
Sólo entonces, Enrique Inzunza Cázares llegó. Saludó con un abrazo a los compañeros que lo flanqueaban en sus lugares. A su derecha, a la bajacaliforniana Lucía Trasviña y, a su izquierda, al líder magisterial Alfonso Cepeda Salas, ambos de Morena. También se acercó a saludar a un par de legisladores del PAN.
Unos minutos después, el tabasqueño Óscar Cantón Zetina lo fue a buscar hasta encontrarlo con un abrazo sonoro.
En los últimos cuatro meses, durante las sesiones de la Comisión Permanente, las acusaciones contra Enrique Inzunza y los otros nueve sinaloenses fueron el principal motivo del debate entre el oficialismo y la oposición. Este lunes, sin embargo, con el legislador presente, sólo hubo algunas opiniones de los legisladores opositores cuestionados ante las cámaras de la prensa y un par de manifestaciones discretas de dos senadoras.
La panista Lily Téllez se colocó frente a Inzunza para transmitir en vivo para sus seguidores de Facebook y referirse a él como “narcosenador”. En su turno para votar en la urna por los nuevos integrantes de la Mesa Directiva, la panista repitió ante las cámaras, sin los gritos que suele realizar, la misma acusación.
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De acuerdo con testimonios de la bancada morenista, hasta este lunes Enrique Inzunza permanecía dentro del chat del grupo parlamentario. Aunque, eso sí, ya nadie se dirigía a él desde el llamado que hizo la presidenta Claudia Sheinbaum para que los implicados en las investigaciones de Sinaloa pidieran licencia.
En su regreso tras votar por la nueva Mesa Directiva del Senado, Enrique Inzunza se abrazó con los morenistas Juan Carlos Loera de la Rosa, Carlos Lomelí y Sabino Herrera. También se palmeó y se detuvo unos segundos a conversar con Alejandro González, del PT. Algunos otros, como Adán Augusto López Hernández, Cuauhtémoc Ochoa y Saúl Monreal aprovecharon que Inzunza se sienta en la primera fila para saludarlo con abrazos que acompañan con sonoras palmadas en la espalda luego de votar.
Inzunza se fue del salón de sesiones por una de las puertas laterales. Personal de resguardo del Senado se interpuso en las escaleras para impedir que representantes de la prensa volvieran a acercarse a él.