Jorge Avila · 10 de abril de 2026
El proceso de redacción, discusión y aprobación de la reforma electoral en México ha tenido, al menos, tres momentos destacables. El primero fue su anuncio y la creación de la Comisión presidencial encargada de, entre otros asuntos, escuchar las propuestas e inquietudes ciudadanas y buscar plasmarlas en un primer borrador; el segundo fue la entrega formal de la iniciativa a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y su posterior envío a la Cámara de diputaciones, lugar donde no alcanzó la votación suficiente.
Ante ello, se presentó el denominado “plan B”, una versión políticamente viable para la aprobación de la reforma, pero más limitada que la primera iniciativa. Encaminada principalmente a la reducción del tamaño de los ayuntamientos, la incorporación de criterios de paridad en su integración (tras haberse eliminado en la primera versión), la perspectiva de género en la actuación de autoridades y medidas de austeridad en el sistema electoral, esta iniciativa fue aprobada por el Senado —donde se eliminó lo relativo a la revocación de mandato— y esta semana por la Cámara baja.
Hasta aquí, este proceso podría leerse como un ejercicio clásico de negociación legislativa: se discute, no se alcanza el número de votos necesarios, se replantea y se vuelve a discutir. Sin embargo, hay algo más de fondo. Cuando una reforma se reduce, no sólo cambia lo que se busca modificar, también cambia lo que se deja de poner en la mesa. Y ahí es donde vale la pena enfocar la atención.
Desde el momento en que la reforma electoral se anunció, en Aúna decidimos ser parte de este proceso. Por ello, participamos en los foros ciudadanos de la propia Comisión presidencial y en diversos espacios de discusión, analizamos colectivamente las propuestas y nos pronunciamos cuando la primera iniciativa fue presentada. Ahora, es momento de insistir en los temas que consideramos deben priorizarse en la agenda político-electoral a fin de consolidar un sistema político democrático, incluyente e igualitario. En especial, porque es necesario ir más allá de una posible reorganización institucional o cuestiones presupuestales.
Por ejemplo, uno de los temas que deben asegurarse es que la paridad de género funcione en la práctica. Necesitamos reglas claras que materialicen este principio constitucional y permita que, quienes lleguen, puedan ejercer el cargo sin mayores obstáculos ni riesgos. De ahí que otro de los temas en los que hay que insistir es el fortalecimiento del marco normativo existente para la atención, prevención y sanción de la violencia política en razón de género a fin de garantizar que la participación política de las mujeres sea libre y segura.
Algo similar ocurre con las acciones afirmativas para grupos en situación de vulnerabilidad. Más allá de que estén contempladas en lineamientos del Instituto Nacional Electoral (y organismos locales) para cada proceso electoral, es urgente su inclusión y optimización en las leyes o, incluso, a nivel constitucional (como lo pretendía la primera iniciativa). De hacerlo, se daría un paso importante para mejorar su efectividad en la participación y representación de estos grupos.
Otro punto que no debe olvidarse es el impulso a los liderazgos de las mujeres. Los recursos para la formación política son fundamentales, pero no suficientes. Se necesita perfeccionar su regulación y el uso que hacen los partidos políticos para obtener mejores resultados. De ahí que en Aúna apostemos por un Sistema Nacional de Formación de Liderazgos de Mujeres que permita articular esfuerzos más amplios y con mayor alcance.
Dicho esto, la aprobación de esta reforma electoral por el Congreso de la Unión, el eventual visto bueno de los congresos locales y luego, las reformas a las leyes secundarias, no es el cierre de una discusión, sino una transición. Desde Aúna apostamos para que, de manera seria, abierta y con tiempo suficiente se abra una nueva oportunidad para afinar reglas, corregir omisiones y, en especial, poner algo que no debería estar al margen: la igualdad sustantiva.
Es momento de asegurar que las reglas sean incluyentes e igualitarias y, con ello, que permitan abrir más puertas del poder. Porque al final, lo importante no es cuántos artículos cambia una iniciativa, sino lo que está en juego: nuestra democracia.
Sobre Aúna México
Aúna es una plataforma de mujeres* que acompaña e impulsa a otras mujeres* a llegar a cargos públicos para avanzar en una agenda común de propuestas de políticas públicas.
Mujeres*: Se busca incluir a personas que no se identifican como mujeres, pero pueden sentirse aludidas en la categoría por experiencias compartidas.