Que el mundo vea a las familias buscadoras

Joel Aguirre · 16 de junio de 2026

Que el mundo vea a las familias buscadoras

Por Carlos Buburrón*

Evidentemente, las familias aprovecharían la ventana que ofrece el Mundial de Futbol en México para mostrar al mundo lo que ocurre en el país. Los eventos deportivos de esta magnitud son un espacio idóneo para que las causas sociales del país sede salgan a las calles, pues abren espacios para la negociación con el Estado. Además, permiten que los problemas nacionales sean vistos más allá de las fronteras.

 Las familias buscadoras frente al Mundial

Desde hace semanas las familias comenzaron una serie de acciones en las tres sedes mexicanas, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, así como en otras ciudades donde se jugaron partidos amistosos previos. Entre las acciones se encentraron la pega de fichas de búsqueda, la intervención de fotos de las personas desaparecidas para mostrarlas como estampas del álbum mundialista, la difusión de mensajes en distintos idiomas y la organización de “cascaritas” como forma de protesta. Incluso, se apropiaron y resignificaron elementos promovidos por el gobierno, como el ajolote en Ciudad de México que dio paso al Ajolote Buscador.

Así, se llegó a la jornada de la inauguración del Mundial en Ciudad de México. El 10 de junio se convocó a una velada que partió de la estación del tren ligero Registro Federal y pretendía culminar en el Estado Ciudad de México, colectivos locales y de distintos estados del país acudieron al llamado. Sin embargo, fue imposible llegar al estadio. Primero, un grupo de servidores públicos del gobierno de la Ciudad de México encabezados por César Cravioto, secretario de gobierno, intentaron sin éxito detener el paso. Después, el avance de las familias y personas solidarias fue impedido por completo por vehículos y elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Frente a ellos, las familias imploraban para que las dejaran pasar.

El 11 de junio, el día de la inauguración, las convocatorias se dispersaron por la ciudad, en Calzada de Tlalpan para culminar en el Estadio Ciudad de México, en el fan fest de la FIFA del Zócalo y en el Ángel de la Independencia en Reforma. En los tres lugares recibieron muestras de hostilidad por parte de autoridades y afición, particularmente en Reforma las familias fueron agredidas por quienes festejaban el triunfo de la selección mexicana. Sin embargo, en los tres epicentros de la fiesta mundialista se mostró que México lleva años siendo un campeón, un campeón en desaparición. Las más de 133,000 personas que continúan desaparecidas son la muestra más contundente.

Las estrategias de las familias buscadoras en torno al Mundial rebasaron la idea de un supuesto boicot. Desde un inicio se asumió que el Mundial ocurriría, entonces era necesario nombrar a quienes les fue arrebatada la posibilidad de disfrutar de él porque no han regresado a casa. También, evidenciar que el dispendio gubernamental para recibir a quienes asistirían al evento deportivo se contrapone a la falta de recursos y personal para la prevención, búsqueda e investigación de los casos de desaparición.

La respuesta gubernamental: negación e intento de deslegitimación

La respuesta del gobierno de México a las protestas de las familias buscadoras en el Mundial ha seguido una línea ya conocida. Esta se caracteriza por pedir que se reconozca lo que el gobierno evalúa como avances: las reformas a la Ley General en Materia de Desaparición, las reuniones de familias y colectivos con la Secretaría de Gobernación y la colaboración con organismos internacionales como la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas. En la lógica de esta autoevaluación gubernamental que concluye que efectivamente reconoce el problema, trabaja para combatirlo y tiene avances exitosos para contrarrestarlo, la protesta tiene poca cabida, resulta una exageración. No obstante, la evaluación de las familias de estas acciones es que son insuficientes, ineficientes y una simulación.

Por su parte, los gobiernos locales de las tres ciudades sede han tenido una actitud similar de ocultamiento y negación. En los días previos al inicio del mundial en Guadalajara las familias denunciaron que las fichas de búsqueda que colocaron por la ciudad fueron retiradas. En Monterrey el gobierno local intentó ocultar la Plaza de los Desaparecidos, la cual fue impulsada por las familias neolonesas en el centro de la ciudad desde hace años. En Ciudad de México, se mandaron a tapar las fichas de búsqueda colocadas por las familias cerca del estadio. En otras ciudades, como Puebla, donde se jugó un partido amistoso previo, policías agredieron a familias buscadoras que se manifestaban cerca del Estadio Cuauhtémoc.

En la mañanera del 11 de junio, Rosa Isela Rodríguez y Claudia Sheinbaum hicieron declaraciones que sintetizaron la postura del gobierno de México de desconfianza y minimización de las acciones de las familias. La secretaria, tras expresar su solidaridad con las familias y destacar su propio trabajo, dijo que se estaba investigando el origen del dinero con el que familias de Jalisco se trasladaron a la Ciudad de México para “determinar sus intenciones”. La presidenta mencionó entre risas que en el momento hubo más personal de la Comisión de Búsqueda y de Víctimas que manifestantes y que el impedir que las familias llegaran al estadio la noche del 10 de junio era para garantizar el desarrollo de la inauguración. 

En la mañanera del 12 de junio —tras el inicio del Mundial y el primer triunfo de la Selección Mexicana— la presidenta destacó la imagen de alegría que sobrepasó la imagen que intentaron mostrar las protestas de las familias buscadoras y otras organizaciones sociales el día anterior: “Quien la pasó mal es quien quiere que le vaya mal a México, y quien quiere que le vaya mal a México no la va a pasar bien nunca”, dijo Sheinbaum. En respuesta, familias, colectivos y organizaciones pidieron en un comunicado que se detenga la criminalización gubernamental en su contra.

El miedo a vernos en el espejo de la desaparición

Las familias buscadoras, al visibilizar a sus seres queridos, muestran mucho de lo que se vive en México: impunidad casi absoluta, falta de recursos para la procuración de justicia, corrupción en las fiscalías, ineficiencia de los servicios forenses, infiltración del crimen en el Estado, violencias cotidianas y reclutamiento criminal. Por eso resulta tan incómodo para los gobiernos mirarlas, pues las familias les recuerdan que sus fallas e incapacidades van más allá de la desaparición en sí. También, las familias resultan difíciles de ver para buena parte de la sociedad mexicana, la cual, anestesiada ante el dolor ajeno, se niega a mirar aquello que padece cotidianamente en medio de una fiesta inusual.

Una vez pasada la alegría del Mundial y la euforia momentánea de los triunfos se regresará a la normalidad. Aquella extraña normalidad en la que las personas son desaparecidas, las familias son quienes las buscan y los gobiernos minimizan la magnitud del problema y exigen que se reconozca su trabajo infructuoso. Sin embargo, el precedente habrá quedado marcado, las familias buscadoras habrán logrado que el mundo las vea y las escuche, que se entere brevemente del largo camino que han recorrido y seguirán recorriendo.

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 *Carlos Buburrón es politólogo e investigador del Seminario sobre Violencia y Paz de El Colegio de México.