Jorge Avila · 5 de mayo de 2026
Durante los últimos años, el abasto de medicamentos en México se ha convertido en uno de los puntos más sensibles del sistema de salud. No solo por su impacto directo en la atención, sino porque resume, en una sola experiencia, el funcionamiento —o la falla— de todo el sistema: la consulta sirve si hay tratamiento; sin él, todo lo demás pierde sentido.
En julio del año pasado se puso en marcha la Plataforma de monitoreo de medicamentos. Su objetivo es claro: dar seguimiento al suministro a partir de una métrica sencilla pero reveladora: el porcentaje de medicamentos entregados respecto a los solicitados por cada institución. Es, en esencia, una herramienta de transparencia que permite observar lo que antes estaba disperso o simplemente no se conocía.
Desde este espacio se advirtió entonces que la plataforma era un paso en la dirección correcta, pero insuficiente por sí mismo. Medir el problema no lo resuelve. El abasto de medicamentos no depende únicamente de registrar faltantes, sino de un sistema que funcione de extremo a extremo: planeación de la demanda, procesos de compra oportunos, logística de distribución y capacidad operativa en las unidades médicas.
Los datos más recientes publicados en la propia plataforma confirman esa advertencia. El abasto de medicamentospresenta diferencias relevantes entre instituciones, lo que evidencia que no existe un estándar mínimo homogéneo dentro del sistema público.
El Issste reporta un nivel de abasto de 86%, lo que implica un 14% de desabasto. Los Institutos Nacionales de Alta Especialidad se ubican en 84% (16% de desabasto). Sin embargo, en el IMSS el porcentaje cae a 65%, es decir, más de uno de cada tres medicamentos solicitados no se entrega. En el IMSS-Bienestar, el indicador alcanza 71%, lo que representa un desabasto cercano al 30%.
Estas cifras no son solo estadísticas: reflejan experiencias diferenciadas para millones de personas. Dependiendo de la institución en la que se atiendan, los pacientes enfrentan probabilidades muy distintas de recibir su tratamiento completo. El sistema, en los hechos, no garantiza lo mismo para todos.
La información disponible permite extraer al menos dos conclusiones. Primero, que el problema del desabasto de medicamentos persiste y no ha sido resuelto, a pesar de haber sido una de las principales promesas en materia de salud. Segundo, que la variabilidad entre instituciones sugiere fallas estructurales en los procesos de compra y distribución, más que un problema aislado o coyuntural.
La plataforma, en ese sentido, cumple una función relevante: visibilizar las brechas. Pero también deja claro que el desafío es más profundo. Sin una estrategia integral que articule la planeación con la ejecución —y que corrija las diferencias entre instituciones—, el monitoreo se queda en diagnóstico.
El abasto de medicamentos es un indicador crítico porque sintetiza la capacidad real del sistema para responder a las necesidades de la población. Hoy, los datos oficiales muestran avances en información, pero también evidencian una realidad que persiste: el acceso efectivo al tratamiento sigue siendo desigual.
Y mientras eso no cambie, cualquier mejora será parcial e insuficiente. Porque en salud, la diferencia entre tener o no un medicamento no es marginal: es, literalmente, la diferencia entre atender y no atender.
@ljcortes6