Redacción Animal Político · 16 de julio de 2025
Ayer por la mañana, el subsecretario Eduardo Clark presentó en la conferencia presidencial una herramienta que —de entrada— merece reconocimiento: la nueva Plataforma de Monitoreo de Medicamentos. Según lo dicho por el propio subsecretario, esta permitirá “consultar y seguir el proceso de abastecimiento de medicamentos en las unidades de salud, desde que se realizan las solicitudes hasta que llegan a su destino”. Es decir, transparentar una parte del laberinto que representa el abasto de medicamentos en México.
Sin rodeos: la plataforma es un buen paso. En un país donde la opacidad fue una constante a lo largo de la pasada administración, abrir información pública sobre cómo se están distribuyendo los medicamentos en los grandes subsistemas —IMSS, ISSSTE y OPD IMSS-Bienestar— no es poca cosa. Estas tres instituciones en conjunto tienen la tarea de atender a más de 92 millones de personas, según datos de 2024. Cerca del 87 % de quienes usan servicios públicos de salud. Nada menor.
Sin embargo, abrir una ventana no basta si lo que hay del otro lado es un panorama que preocupa. Al analizar los datos disponibles en la plataforma —por ahora sólo hay información completa del mes de junio— lo que se observa es que el problema del desabasto persiste. En junio se solicitaron poco más de 190 millones de piezas de medicamentos en total; de ellas, 77 % (148 millones) fueron entregadas en tiempo y forma, pero el 23 % restante (43 millones) no llegaron a su destino. Y eso es el promedio general.
Al mirar por institución, la desigualdad se profundiza:
Este dato es grave. Porque si bien la plataforma muestra lo solicitado y lo efectivamente entregado, no revela si lo solicitado cubre realmente lo necesario. El problema de fondo —y lo han señalado organizaciones y especialistas desde hace años— está en la planeación y en la distribución. Si se pide menos de lo que se necesita, el problema empieza antes de que el medicamento siquiera salga del almacén. Y si lo poco que se compra no llega donde se requiere, entonces tenemos un doble fracaso.
En ese sentido, la plataforma permite visualizar la distribución, pero no corrige ni anticipa errores de planeación. Es una fotografía parcial de un sistema complejo que exige información completa, tiempos oportunos y decisiones basadas en evidencia.
Insisto: reconocer el esfuerzo es justo. Transparentar parte del proceso es necesario. Pero no podemos perder de vista que el desabasto persiste, especialmente entre quienes más dependen del sistema público de salud. Si a esta herramienta se le añade planeación más eficaz, una compra bien programada y una distribución con enfoque territorial, entonces sí podríamos estar hablando de un cambio profundo.
Postdata no pedida: urge también incorporar en la plataforma los datos sobre entrega de insumos, que hasta ahora siguen siendo un punto ciego. Porque en múltiples estados del país, trabajadores y trabajadoras de la salud siguen reportando carencias básicas. Una plataforma que aspire a la integralidad no puede ignorar esa parte de la ecuación. Al tiempo.