La revuelta de la periferia: estudiantes y trabajadores toman las calles de París

Melissa Del Pozo y Marianne Wasowska | París, Francia · 21 de octubre de 2026

La revuelta de la periferia: estudiantes y trabajadores toman las calles de París

En semanas, Francia se ha convertido en el escenario de una marea de protestas que a la distancia y en las redes sociales, podrían parecer el retrato de una revuelta social ajena y violenta. Sin embargo, detrás de las postales de barricadas y gases lacrimógenos, en las calles de París se esconde una realidad mucho más profunda, tejida por el desencanto juvenil, el encarecimiento de la vida, en particular de los combustibles, y el desgaste de las instituciones.

A ello se suma que el país enfrentará elecciones presidenciales en seis meses y las posibilidades de un triunfo del partido de extrema derecha Agrupación Nacional, han ido creciendo en los últimos meses, según algunas encuestas.

El descontento, además, se ha esparcido rápidamente a otros países de Europa, como Italia, Albania, Serbia, Portugal, Bélgica y España; este último con un componente particular en las protestas por el encarecimiento de la vivienda.

La revuelta de la periferia: estudiantes y trabajadores toman las calles de París
Las acciones del gobierno francés no han logrado disminuir el descontento social. Foto: AFP

¿Y por qué ahora? La llegada de la temporada invernal a esta región del mundo eleva significativamente el uso de la electricidad y los combustibles. El precio de la gasolina se ha incrementado hasta en un 30 por ciento y el diésel hasta en un 42, en razón de las tensiones geopolíticas y bloqueos logísticos en el Estrecho de Ormuz.

De hecho, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha tenido que viajar de urgencia a los países del Golfo Pérsico para cerrar contratos de diésel adicionales y asegurar rutas alternativas que rodeen esta zona.

Pero las acciones del gobierno francés para garantizar la demanda de combustibles no han logrado disminuir el descontento social. Por el contrario, la gran manifestación del sábado pasado contagió a grupos que siguen  protestando desde la espontaneidad. Entre el domingo y el lunes, un grupo de estudiantes bloqueó los accesos al museo de Louvre en París.

En respuesta, el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, otorgó a los alcaldes la potestad de imponer toques de queda parciales tras un fin de semana de disturbios y saqueos en todo el país. En Marsella, la segunda ciudad más grande del país, se han prohibido las reuniones públicas entre el mediodía y las ocho de la noche, hasta el viernes.

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Ciudades del norte del país, como Douai, Wattignies, Lille, y Denain, decretaron un toque de queda parcial desde las seis de la tarde hasta las cuatro de la mañana.

La protesta del sábado sacó a las calles a más de medio millón de personas en Francia, según cifras de las autoridades. En París, la marcha entre las plazas de la República y de Clichy congregó a unas 100 mil.

El saldo, según datos de las autoridades, es de al menos mil 800 personas detenidas por los actos de rapiña que se concentraron en el centro de París , en particular en tiendas de ropa, supermercados y sitios de lujo. También se ha contabilizado a por lo menos 500 policías y bomberos que resultaron heridos. El ministro del Interior, Laurent Núñez, publicó las cifras en su cuenta de X y atribuyó los incidentes y saqueos de comercios y espacios públicos a grupos de extrema izquierda y a personas que aprovecharon las movilizaciones para cometer actos vandálicos.

Manifester est un droit fondamental. Semer le désordre avec violence et de manière concertée n’en est pas un.

Attaquer nos forces de l’ordre, s’en prendre à nos institutions, dégrader des bâtiments publics, s’introduire dans des préfectures ou des mairies, piller des commerces : rien ne peut le justifier.

Au lendemain de cette journée du 17 octobre qui dans certaines villes s’est poursuivie très tard, je remercie vivement et j’apporte mon total soutien aux policiers, aux gendarmes et aux sapeurs pompiers qui, partout en France, sont intervenus dans des conditions extrêmes. Dès la mi-journée, à Marseille dès le matin, des exactions étaient commises par plusieurs milliers d’individus d’ultra gauche décidés à s’en prendre à nos bâtiments publics et à prendre à partie nos forces de l’ordre. Par la suite, ils ont été rejoints par des délinquants qui ont pillé et saccagé de nombreux commerces dans plusieurs villes en France : Paris, Marseille, Lyon, Bordeaux, Rennes, Strasbourg, Grenoble, Nice, Limoges, … et bien d’autres.

Pour l’heure, plus de 2 000 personnes ont été interpellées et dès aujourd’hui des enquêtes sont menées pour identifier les auteurs de ces actes pour qu’ils en répondent devant la justice.

A ce stade, plus de 600 policiers, gendarmes et sapeurs-pompiers ont été blessés pris dans ces scènes de violences. Ce bilan sanitaire n’est malheureusement que provisoire. Les dégâts matériels sont considérables, pour notamment plusieurs centaines de commerçants.

La République ne cédera rien à ceux qui veulent imposer le désordre et la violence.

— Laurent Nuñez (@NunezLaurent) October 18, 2026

El domingo por la tarde, el presidente Emmanuel Macron emitió un mensaje en televisión nacional donde condenó los actos vandálicos en la nación y dio a conocer las acciones que su gobierno emprenderá, en respuesta.

Macron, quien terminará su gestión en 2027, señaló que el gobierno podría prohibir ciertas concentraciones a partir de ahora a fin de proteger edificios públicos y comercios. “Los prefectos tomarán las decisiones junto con los alcaldes para proteger nuestras ciudades”, dijo el mandatario.

También pidió a partidos políticos, organizaciones y sindicatos a “condenar sin ambigüedad toda violencia y a hacer un llamamiento a la calma. Además, se comprometió a realizar mesas de negociación y escucha con estudiantes cuyos reclamos han sido el detonante de las movilizaciones en todo el país. 

La revuelta de la periferia: estudiantes y trabajadores toman las calles de París
Algunas ciudades decretaron toque de queda parcial de las 18:00 a las 0400 horas. Foto: AFP

De las periferias a la protesta

Myriam y Najwa dos hermanas de ascendencia española salieron el sábado por la calle Château-d’Eau en grupo con otras chicas que acuden a la escuela con Najwa en el departamento 93. Myriam, de 21 años, tuvo que dejar la universidad porque el costo del transporte se ha vuelto insostenible para la familia. 

“Yo tengo 21 años, dejé la escuela hace un año. Muestro resistencia, me peleo por mi hermana pequeña y los otros niños que todavía están en la escuela primaria. Necesitamos solidaridad. Hoy el egoísmo no va a triunfar, contó Myriam durante las manifestaciones.

Najwa de 16 años se sumó a las protestas que comenzaron en los suburbios de la ciudad luego de la huelga de trabajadores en el liceo Saint-Exupéry de Crétel, en el suroeste de París por la falta de personal y los pocos insumos en el colegio para impartir clases  el 17 de septiembre.

“En mi preparatoria somos privilegiados en comparación con otras, en el sentido de que tenemos fugas de agua y son pocos maestros, pero sigue estando bien comparado con las condiciones de otras escuelas en las afueras” relató Najwa.

Como ella, miles de estudiantes de entre 15 y 18 años se  han movilizado desde las periferias al centro de París desde el 29 de septiembre. A diferencia de otras protestas, ésta movilización ha comenzado en las escuelas públicas que exigen mejores condiciones en la infraestructura de sus escuelas, incremento del personal docente y un acceso  garantizado  a Parcoursup, un programa para acceder a la educación superior. Los jóvenes han acusado a las autoridades educativas de ser poco transparentes con los resultados que arroja dicho programa y discriminación.

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Para el 8 de octubre, más de 400 centros educativos se habían sumado a protestas en las calles, pero fueron las manifestaciones del 13 de octubre lo que levantó la suma de otras organizaciones sociales y sindicales, que además agregaron demandas propias. 

La madre de Najwa y Myriam, Magda de 53 años, acompañó a sus hijas y las amigas de ellas el sábado pasado. “Los salarios, los horarios de trabajo, están mal pagados. Mi mamá es enfermera desde hace 10 años y la falta de consideración en la profesión médica es aberrante. A las personas que salvan vidas les pagan mal, y a los policías que quitan vidas, que dejan víctimas y heridos, se les autoriza todo”, contó Najwa.

Jenna de 24 años se movilizó en otro contingente que caminó cerca de la avenida Republique y se desplazaron desde el departamento 95. “Somos gente de la periferia, vivimos ahí, así que hemos conocido esas desigualdades y las hemos sufrido, sobre todo para encontrar buenas universidades o incluso para cosas sencillas como encontrar una práctica profesional. Siempre vamos a estar en desventaja comparadas con alguien que está en una escuela privada en París”

“Acabo de terminar mi licenciatura en Lenguas y actualmente trabajo en un empleo temporal porque no pude entrar a una maestría debido a la plataforma Mon Master, que es extremadamente selectiva y tiene muchísimos problemas. Así que, mientras tanto, trabajo para juntar dinero y hacer una maestría en el extranjero, ya que es mucho más sencillo que hacer una maestría en Francia”, contó.

“Es una manifestación que funciona como una convergencia de luchas. Cada quien se manifiesta por distintas causas, pero al final es lo mismo y es culpa de la misma persona: este gobierno, Macron. Todos estamos hartos, es un cansancio generalizado. Y yo estoy aquí como ex estudiante y también el precio de la gasolina, el costo de los productos en las tiendas, el precio del transporte público, la tarjeta de transporte (Pass Navigo) que va a subir a mil euros al año cuando el servicio que ofrecen es deplorable”, explicó Jenna. 

Valerie de 29 años es funcionaria pública y durante la marcha del pasado sábado se atrincheró en una de las barricadas que montaron los “chalecos amarrillos” cerca de la plaza de la Republique.

La revuelta de la periferia: estudiantes y trabajadores toman las calles de París
En las aplicaciones cortege.neru.tv y 17octobre.app los manifestantes pueden seguir en vivo las acciones de otros contingentes. Fotos: Especial

“Esta movilización era también un aniversario de los Chalecos Amarillos. Pero después tomó un nuevo impulso con los estudiantes de secundaria que hicieron bloqueos, la represión que han vivido ha sido hiperviolenta. Hubo uno que perdió un ojo, otro que perdió la mano y a otro intentaron ahogarlo. Después los arrestaron de forma masiva y todo eso. Así que creo que eso le dio un nuevo impulso”.

Y es que el renacimiento del movimiento de los chalecos amarillos responde a una confluencia de factores económicos y sociales muy similares a los que impulsaron a los franceses a salir a las calles en 2018.

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En aquel entonces, las movilizaciones se gestaron a través de un gran evento en Facebook organizado por los transportistas Éric Drouet y Bruno Lefevre que llamaron a otros trabajadores a un “bloqueo nacional contra el aumento del precio del combustible” para el 17 de noviembre de 2018. Los organizadores propusieron que todos los que quisieran apoyar la protesta colocaran un chaleco reflectante amarillo en la salpicadera de sus coches. Este chaleco es obligatorio por ley en todos los transportistas en Francia y ello se convirtió en el uniforme perfecto: barato, visible y altamente simbólico de la “Francia periférica” y trabajadora.

“Queremos y pedimos lo mismo que hicimos hace ocho años, idealmente, que Macron se vaya, que dimita o bien que hagamos que se vaya. En los hechos, creo que eso no es lo que va a pasar porque, efectivamente, él quitó realmente toda democracia y toda expresión de la calle en este país. Pero creo que incluso cuando no tenemos nada, prefiero estar aquí, prefiero moverme un poco y es el único espacio de libertad”, explicó Valerie.

Los chalecos amarillos se han unido a ellos bajo la premisa de “apoyar a sus hijos”, logrando una solidaridad intergeneracional masiva en las calle y a la que se han sumado quejas por la inflación y una nueva subida en los precios de la gasolina.

Las redes de la protesta

Otro de los factores que han provocado la salida de los chalecos amarillos a las calles es la percepción de brutalidad policial y ello reabrió viejas heridas del movimiento de 2018 marcado por mutilaciones debido al uso de proyectiles LBD, unas balas de goma que pueden provocar fracturas en el cuerpo. El lema “La policía mutila a los estudiantes” se ha convertido en un nuevo catalizador de la rabia.

Si en 2018 el ecosistema de origen fue Facebook, el actual renacimiento se ha gestado principalmente en TikTok y a ello se han sumado el desarrollo de plataformas como cortege.neru.tv y 17octobre.app, dos aplicaciones digitales donde los manifestantes pueden seguir en vivo las acciones de otros contingentes.

En ambos sitios, la comunidad que asiste a manifestarse puede hacer seguimiento de las rutas por las que los contingentes avanzan hacia sitios de protesta masiva, una vez ahí, cada usuario puede hacer reportes en vivo, subir fotografías, mensajes de apoyo y audios en tiempo real.

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Los reportes se van mapeando por zona de tal forma que los manifestantes pueden tener información en tiempo real de lugares donde se está vandalizando, represión policiaca, fumarolas, puntos de seguridad y particularmente sitios de resguardo.

Francia se encuentra a apenas seis meses de las próximas elecciones presidenciales. El descontento acumulado hacia la gestión del presidente Emmanuel Macron, percibido de nuevo por los manifestantes como un líder desconectado de la realidad social, advierte de nuevas movilizaciones en el país, principalmente de cara al aniversario de los chalecos amarillos en el mes de noviembre.