AFP · 18 de octubre de 2026
Francia evalúa este domingo los daños causados por los disturbios y saqueos a gran escala registrados durante las protestas contra el encarecimiento de la vida. Los enfrentamientos dejaron al menos mil 800 personas detenidas.
Las autoridades calificaron el caos de “sin precedentes”, en un contexto que aumenta la presión sobre el presidente de centroderecha, Emmanuel Macron, quien en las últimas semanas también ha enfrentado manifestaciones estudiantiles. Los disturbios ocurren a seis meses de las elecciones presidenciales de 2027, en las que Macron no podrá competir por el límite de mandatos y la ultraderechista Marine Le Pen encabeza los sondeos.
Al menos “mil 800 personas fueron arrestadas y se están llevando a cabo investigaciones para identificar a los autores de estos actos y poder llevarlos ante la justicia”, declaró este domingo en X el ministro del Interior, Laurent Nuñez.

La presidenta de la Asamblea Nacional, Yaël Braun-Pivet, propondrá el martes crear una comisión parlamentaria para investigar los disturbios y saqueos, así como la actuación de las fuerzas de seguridad, cuestionada por la oposición y varios alcaldes. Por su parte, Macron pronunciará un discurso a las 18:00 GMT, después de reunirse con el primer ministro y otros integrantes del Ejecutivo.
En París, donde la policía reportó un récord de 855 detenidos el sábado, las calles quedaron cubiertas de restos calcinados de las barricadas construidas con bicicletas, contenedores de basura y otros materiales. También se observaron escaparates destrozados y restos de automóviles incendiados.
La vicealcaldesa de París, Lamia El Aaraje, lamentó este domingo “un nivel de violencia que, creo, nunca habíamos visto”. En la capital y en ciudades como Marsella, Burdeos, Niza y Estrasburgo, decenas de negocios fueron saqueados por jóvenes enmascarados durante las movilizaciones nacionales contra la inflación y el alto costo de la vida. Según la Federación de Comercio y Distribución, al menos mil 500 comercios resultaron dañados en todo el país.
Este domingo, la policía volvió a intervenir en el centro de París para dispersar con gases lacrimógenos y granadas aturdidoras a cientos de personas reunidas en la Plaza de la República, tras una convocatoria difundida en redes sociales para una concentración no autorizada a las 14:00 horas. La Prefectura de Policía informó que desplegó un dispositivo de seguridad para impedir una nueva marcha sin autorización.

Ante las primeras tensiones, los agentes intentaron dispersar a los asistentes y realizaron detenciones. Algunos manifestantes lanzaron proyectiles contra las fuerzas de seguridad, que respondieron con gases y granadas aturdidoras, además de realizar cargas contra la multitud. Aunque la situación parecía controlada al inicio de la tarde, posteriormente se reanudaron los enfrentamientos.
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En el centro-oeste de Francia, un incendio destruyó el ayuntamiento del siglo XIX de la ciudad de Limoges. El prefecto local declaró a la cadena LCI que el fuego fue provocado deliberadamente por “una horda salvaje”.
El gobierno de Macron y la candidata presidencial de extrema derecha, Marine Le Pen, responsabilizaron a grupos de “ultraizquierda” por la violencia. Jean-Luc Mélenchon, líder del partido de izquierda radical La Francia Insumisa (LFI), que había respaldado abiertamente las movilizaciones, respondió: “Quienes comparten nuestra lucha no tienen nada que ver con el pillaje, el saqueo”.
La vicealcaldesa socialista de París, Lamia El Aaraje, acusó al partido Agrupación Nacional, de Le Pen, de actuar “como un bombero pirómano”, al considerar que avivó las tensiones para impulsar sus aspiraciones presidenciales de 2027.
Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vinculó los disturbios con la inmigración e instó a Francia a endurecer sus normas migratorias. “¡Francia está en llamas! La inmigración de personas procedentes de un mundo totalmente diferente, personas con odio en el corazón, ha destrozado ese país que en su día fue grande”, escribió en su plataforma Truth Social.

En París, la fiscalía informó que más de 500 personas seguían detenidas este domingo, entre ellas 171 menores. El primer ministro, Sébastien Lecornu, quien visitó los cordones policiales la noche del sábado, afirmó que 150 policías y gendarmes resultaron heridos en todo el país.
La violencia ocurrió al margen de una jornada de movilización nacional contra el encarecimiento de la vida, que reunió entre 550 mil y 800 mil personas, según las autoridades y la principal central sindical francesa, la Confederación General del Trabajo (CGT), respectivamente. La policía utilizó gases lacrimógenos y cañones de agua contra los manifestantes, quienes respondieron con proyectiles y fuegos artificiales.
En la ciudad sureña de Saint-Étienne, un joven de 17 años perdió una mano por la explosión de una granada lanzada por las fuerzas de seguridad.
Mujtaba Rahman, analista del centro de estudios Eurasia Group, escribió en X que la concentración del sábado “no fue una protesta política en el sentido estricto”. También sostuvo que “la mayoría de las verdaderas manifestaciones contra los altos precios del combustible y las deficiencias del sistema educativo fueron pacíficas”.
A su juicio, “la violencia provino de un sector marginal de la extrema izquierda”, mientras que los saqueos “fueron obra de pandillas oportunistas de los suburbios empobrecidos”. “Todo esto son buenas noticias para Marine Le Pen”, concluyó.
Durante y después de las marchas, grupos de jóvenes recorrieron las calles de París, se enfrentaron esporádicamente con la policía, provocaron incendios y atacaron tiendas cerradas para entrar y llevarse mercancía. Algunos manifestantes que acudieron este domingo a la Plaza de la República portaban pancartas con consignas como “Siembra la miseria, cosecha la ira”.
El movimiento de los chalecos amarillos, que organizó protestas hace ocho años contra el aumento previsto de un impuesto al combustible, convocó las manifestaciones del sábado bajo el lema “Amarillos y Jóvenes”. La principal queja fue el costo de la vida, impulsado en parte por la guerra en Oriente Medio, que ha contribuido a acelerar la inflación.