Tania Casasola · 16 de agosto de 2026
“No tenemos derecho a la educación, no tenemos derecho a trabajar, no tenemos derecho ni siquiera a existir libremente. Nos están eliminando de la sociedad”, asegura Naghma, una mujer de Afganistán, el único país del mundo donde la educación de las niñas está prohibida después de la primaria.
Su hija Aisha está por terminar la primaria, disfruta mucho asistir a la escuela, y convivir con sus amigas de clase. Su materia favorita son las matemáticas y su sueño es ser doctora.
Sin embargo, Aisha ya no podrá continuar la secundaria y mucho menos pisar la universidad. Tras retomar el poder hace cinco años, los talibanes las excluyeron de la educación secundaria y las universidades en 2022.
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Aisha sabe de la prohibición, pero no la entiende y solo le dice a su mamá: “A veces desearía ser un niño para poder seguir yendo a la escuela”.

Ese es solo uno de los testimonios que recolectó la Unesco este año para dar a conocer lo que muchas otras mujeres y niñas afganas sienten y que resume: “para ellas, la vida se ha vuelto insoportable, sin oportunidades, limitada a las cuatro paredes donde viven”.
A pesar de la restricción de sus derechos, los testimonios también dejan ver que las niñas y mujeres afganas no son débiles. En palabras de una niña desafiante y con esperanza resumen: “Es cierto que han cerrado las puertas de las escuelas y las universidades, pero nunca podrán cerrar nuestras mentes”.
Desde el regreso de los talibanes al poder, alrededor de 2.4 millones de niñas afganas están privadas de educación, estima la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que exigió restablecer de inmediato su derecho a estudiar ante la grave violación a sus derechos fundamentales.
Los talibanes tomaron el poder el 15 de agosto de 2021, durante la retirada de las fuerzas de EU y la OTAN tras dos décadas de guerra.
Poco después prohibieron que las niñas asistieran a la secundaria y, posteriormente, extendieron las restricciones a las universidades, el empleo y otros ámbitos de la vida pública.
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En 2026, el número de niñas afectadas aumentó en 200 mil respecto a 2025. Si la prohibición a la educación persiste, cerca de cuatro millones de niñas podrían verse privadas de ella de aquí a 2030, de acuerdo con la Unesco
“Estas restricciones hacen desaparecer dos décadas de avances en materia de acceso a la educación”, afirma. Esta exclusión, además de tener consecuencias perjudiciales para el bienestar y la salud mental y física de las niñas y las mujeres, también aumenta los riesgos de matrimonio precoz.
Ante la situación, la representante especial adjunta de la ONU para Afganistán, Georgette Gagnon, alertó que ya hay una “generación perdida” de niñas afganas por el veto al acceso a la educación que ya está lastrando el desarrollo económico del país, uno de los más pobres del mundo, mientras la comunidad internacional no hace nada.
“Se estima que cada año, unas 3.8 millones de niñas de entre 7 y 18 años, entre las que se incluyen más de 2.6 millones de madres adolescentes, quedan excluidas de forma permanente de los itinerarios de educación, lo que da lugar a una generación perdida de talento y potencial”, declaró Gagnon en una sesión del Consejo de Seguridad de junio.
Por lo que el organismo alertó que la comunidad internacional corre el riesgo de “normalizar la crisis más grave del mundo en materia de derechos de las mujeres”.
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La ONU también ha alertado de se ha “abolido la igualdad jurídica entre hombres y mujeres”, lo que dificulta que puedan abandonar matrimonios abusivos o acceder a protección frente a la violencia de género”.
Y no solo eso, según los datos de ONU Mujeres, más de la mitad de las mujeres afganas asegura que solo sale de casa una o dos veces al mes. “Las mujeres están desapareciendo de la vida pública”, agrega.

El informe también advierte del deterioro de su salud mental y anota que “siete de cada diez mujeres describen su estado como malo o muy malo”.
Para ONU Mujeres, las autoridades talibanes han promulgado más de 100 decretos dirigidos contra las mujeres y las niñas desde que asumieron el poder, institucionalizando la discriminación y agravando lo que describió como la crisis de derechos de las mujeres más grave del mundo.
Los talibanes solo se limitan a decir que respetan los derechos de las mujeres de acuerdo con su interpretación de la ley islámica y la cultura afgana.
La policía de la moral talibana ha llevado a cabo redadas en lugares de trabajo, vigilado espacios públicos y detenido arbitrariamente a mujeres por presuntas infracciones de los códigos de vestimenta.
“El quinto aniversario de la toma del poder por los talibanes es un sombrío recordatorio del devastador costo de la impunidad”, afirma Fereshta Abbasi, investigadora sobre Afganistán de Human Rights Watch.
“Los gobiernos deben ir más allá de las declaraciones de preocupación y exigir justicia por los crímenes graves cometidos en Afganistán, incluido el crimen de lesa humanidad de persecución por motivos de género”, advierte.
En Afganistán, hombres que defendían la educación para todos han sido encarcelados. “Como afgano, hombre y padre, quiero decir que nuestras hijas deberían poder continuar su educación y, sobre todo, elegir lo que quieren ser en el futuro. Es su derecho”, dice Nassir, un padre afgano entrevistado por la AFP.
“Nunca encontrarás en el Corán que la educación esté reservada a los hombres”, defiende Mohammad, un hombre muy devoto.
Ahmad, de 40 años, es padre de cuatro niñas (12, 10, 8 y 2 años) y un niño.
Ingeniero, casado con una profesora de matemáticas que ya no puede impartir, jamás habría imaginado que sus hijas “terminaran siendo analfabetas”. “En el siglo XXI, acabar solo la escuela primaria es como ser analfabeto”, dice.

Él y su esposa quieren exiliarse. Exempleado de organizaciones internacionales, Ahmad ha solicitado visados en Suecia, Dinamarca y Alemania. Fue en vano. Si bien los países europeos denuncian las restricciones impuestas a las mujeres, conceden muy pocos visados a los afganos, que se quedan con la única opción de un viaje clandestino “demasiado arriesgado”.
Las niñas “no saben que perdemos la esperanza. Todos los días nos preguntan: ‘¿Cuándo nos marchamos?’”.
Un visado para Estados Unidos iba por buen camino hasta que el presidente Donald Trump congeló todas las peticiones. “Cada día, cada noche, mi mujer y yo vemos acercarse el momento en que nuestras hijas tendrán que quedarse en casa”.
En la ciudad del norte donde viven no hay ninguna escuela clandestina, que ellos sepan. Los cursos en línea son caros, unos mil 500 dólares anuales, y el salario de Ahmad es de 2 mil 400.
En cinco meses, su hija mayor debería terminar la primaria. Pero antes de los exámenes de mitad de curso se rompió una extremidad, con lo que su graduación corre peligro.
“Estaba triste, pero le dije: ‘Si repites curso, será una oportunidad para ir un año más al colegio’”.