Animal Político · 15 de julio de 2026
Un eco surgido de conferencias en Estados Unidos ha reavivado una discusión que trasciende fronteras. En el marco de la cultura TradWife y de eventos como el encabezado por Erika Kirk, en Texas, se ha difundido la narrativa de que mujeres dispuestas a renunciar a su voto bajo el argumento de que, al ser “una sola carne” con sus esposos, un solo sufragio representa al matrimonio, presentando esta decisión como el “plan divino de Dios”.
De acuerdo con Julieta Jocabeth, maestra en Derecho e integrante de Aúna, plataforma que impulsa nuevas representaciones políticas con liderazgos de mujeres en México, se está promoviendo una decisión individual como un mandato bíblico para todas las mujeres.
“Promover narrativas que despojen a las mujeres de su autonomía cívica e individual, colocándolas bajo un esquema de subordinación absoluta, resulta sumamente peligroso. La realidad nos recuerda que, desafortunadamente, muchas mujeres viven situaciones de violencia dentro de sus hogares. Ante este panorama, vale la pena preguntarnos si es prudente respaldar discursos que limiten o desalienten su autonomía cívica”, señala Julieta Jocabeth.
En un artículo de opinión publicado en Animal Político, la autora señala que la participación política de las mujeres no representa una confrontación, si no que es una vía para construir el bien común.
“Gracias a la presencia de las mujeres en el espacio público se han logrado visibilizar y atender problemáticas que durante años permanecieron fuera de la agenda, como la protección de la niñez, el reconocimiento del valor de las tareas de cuidado y la atención a la violencia familiar, incorporando perspectivas y experiencias que históricamente habían sido excluidas”.

“El derecho al voto no es un accesorio prescindible, sino el escudo cívico que nos permite nombrar los dolores que durante siglos fueron confinados al silencio. Por ello, callar a las mujeres bajo el argumento de un supuesto “plan divino” no es teología, sino una estrategia de control político. Ceder el voto hoy, bajo la promesa de una falsa paz familiar, significa pavimentar el camino para que mañana intenten borrarnos por completo”, afirma Julieta Jocabeth.
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El debate estalló después de que la empresaria de ultraderecha Erika Kirk defendiera públicamente que los hombres deben ser “el jefe espiritual del hogar” basándose en conceptos bíblicos. Además de proponer que el voto estadounidense se ejerza por hogar o familia, algo que virtualmente anularía el voto de las mujeres.
Dicha propuesta es impulsada por el movimiento tradwife (abreviatura de traditional wife, “esposa tradicional”), una tendencia en la que algunas mujeres promueven o adoptan un estilo de vida inspirado en los roles tradicionales de género.
Para este movimiento, ser tradwife implica que la mujer se dedique principalmente al hogar, la crianza de los hijos y el cuidado de la familia, mientras que el hombre asume el papel principal de proveedor económico.
Erika es la viuda del influyente comentarista de derecha Charlie Kirk, cofundador de la influyente plataforma juvenil Turning Point USA (TPUSA), quien fue trágicamente asesinado en septiembre de 2025 durante un debate en una universidad de Utah. Tras el suceso, asumió la dirección ejecutiva y la presidencia de la junta directiva de dicha organización.
Su peso político en el sector conservador la llevó a ser invitada de honor de Donald Trump en el discurso del Estado de la Unión a inicios de 2026. Meses después, en marzo del mismo año, el mandatario la integró a la Junta de Visitantes de la Academia de la Fuerza Aérea de EU.