Erika Rivera · 26 de octubre de 2026
México es un país de huevos: los comemos revueltos, estrellados, en omelettes, dentro de los tamales, en tortas y hasta como parte de algunas salsas y preparaciones tradicionales. No es casualidad que ocupemos el primer lugar mundial en consumo de este alimento.
De acuerdo con cifras de la Unión Nacional de Avicultores (UNA), en 2025 cada mexicano consumió, en promedio, 24 kilos de huevo al año, equivalentes a alrededor de 410 piezas. Pero, más allá de su presencia cotidiana en la cocina, el huevo tiene particularidades que vale la pena conocer, desde los nutrientes que concentra hasta las condiciones de producción que permiten que llegue fresco a nuestra mesa. Aquí te compartimos cinco datos para conocer mejor este alimento.
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Cuando hablamos del valor nutricional del huevo, la proteína suele llevarse el protagonismo. Un huevo aporta más de seis gramos de proteína de alto valor biológico, es decir, contiene aminoácidos esenciales que el organismo necesita para funcionar correctamente.
Sin embargo, sus beneficios nutricionales no terminan ahí. La yema concentra vitaminas A, D, E y K, además de vitaminas del grupo B, folatos, biotina, colina y minerales. Por eso, quitarle la yema significa prescindir de una parte importante de sus nutrientes. Aunque la clara es una fuente de proteína, ambas partes del huevo tienen características nutricionales distintas y complementarias.
¿El huevo rojo es más nutritivo que el blanco? Es una duda frecuente en el mercado, pero el color de la cáscara no es un indicador de su calidad nutricional. La tonalidad depende principalmente de la genética y la raza de la gallina que lo pone. Por lo tanto, un huevo blanco no es inferior a uno de cáscara marrón, ni viceversa.
En México, alrededor del 99% de la producción corresponde a huevo blanco, mientras que el 1% restante es de huevo rojo, de acuerdo con las cifras citadas por la industria avícola. Al elegirlos, conviene prestar más atención a su frescura, la limpieza e integridad de la cáscara y las condiciones en las que se almacenan que a su color.

Aunque parece una superficie completamente cerrada, la cáscara del huevo tiene entre 7,000 y 15,000 poros. Estos permiten el intercambio de gases durante el desarrollo del embrión y forman parte de la estructura natural del huevo.
Los poros están recubiertos por una cutícula, una capa protectora que ayuda a limitar la pérdida de agua y dificulta la entrada de microorganismos. Esta barrera, sin embargo, no vuelve al huevo inmune a la contaminación. La manipulación, el almacenamiento y la higiene siguen siendo fundamentales para conservar su calidad y reducir los riesgos asociados con su consumo.
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Detrás de los huevos que encontramos en mercados y supermercados existe una industria que tiene un peso importante en la economía mexicana. Según los datos compartidos por la industria avícola, en 2025 la producción de huevo alcanzó un valor cercano a los 99,852 millones de pesos, equivalente a alrededor del 35% del valor de la producción avícola nacional.
Ese mismo año, aproximadamente 185 millones de gallinas ponedoras produjeron más de tres millones de toneladas de huevo en México. Para sostener esta producción, es importante atender la alimentación, el bienestar y la salud de las aves, además de implementar medidas de bioseguridad y prevención de enfermedades. Estos cuidados forman parte de una cadena de producción que busca mantener la calidad del alimento y un suministro constante.

La cáscara cuenta con una protección natural, pero eso no significa que podamos olvidarnos de las condiciones de almacenamiento. Una manipulación adecuada ayuda a conservar la calidad del huevo y a reducir el riesgo de contaminación. Estas son algunas recomendaciones prácticas:
El consumo de huevo forma parte de los hábitos alimentarios de millones de familias mexicanas, pero su presencia en la mesa también depende de factores que van más allá de la cocina.
La nutrición, la sanidad animal, la bioseguridad y las prácticas de manejo intervienen en el recorrido que hace cada pieza desde la granja hasta el plato.
Conocer estos aspectos permite mirar de otra manera un ingrediente tan cotidiano y recordar que, además de saber cómo prepararlo, también importa entender qué aporta y cómo conservarlo de manera segura. ¿Cuál es tu forma favorita de comer huevo?
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