Erika Rivera · 11 de junio de 2026
Cada país tiene sus propios remedios para sobrevivir a la resaca o “cruda”. En México, existen los chilaquiles, la birria o el menudo, pero en Corea del Sur, lo llevan a otro nivel, pues existe toda una cultura dedicada a la recuperación después de una noche de copas, desde bebidas funcionales creadas para aminorar el malestar, hasta una categoría de platillos específicamente creados para exorcizar al alcohol del cuerpo. Hoy te cuento cómo se curarán la resaca los aficionados surcoreanos después de ver los partidos de su selección en el Mundial 2026.

En Corea existe una reina de los remedios contra la cruda y se llama haejangguk. Su nombre se traduce literalmente como “sopa para curar la resaca” y se refiere a toda una familia de caldos que comparten una misma función: ofrecer una opción calientita, sustanciosa y reconfortante… justo lo que se necesita después de una noche de excesos. Incluso hay restaurantes especializados en haejangguk que abren muy temprano, para recibir a aquellos trabajadores, estudiantes y trasnochados que buscan alivio. Eso es una muestra de la importancia que tiene este platillo dentro de la cultura del país.
Existen registros de distintas versiones de haejangguk desde hace siglos que dependen de la región donde se preparan y puede tener como base huesos de res o cerdo, col, brotes de soya, pasta de soya fermentada, verduras e incluso sangre coagulada de res. Estas son algunas de sus variantes:
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Si Japón tiene bebidas energéticas y México sueros rehidratantes, Corea del Sur tiene toda una industria dedicada a los productos antirresaca. En prácticamente cualquier tienda de conveniencia o farmacia es posible encontrar pequeñas botellas, sobres, gomitas, geles o jaleas que prometen ayudar al organismo antes o después de beber. Aunque la evidencia científica sigue siendo limitada y faltan estudios sobre esos productos que dicen eliminar los efectos del alcohol, su popularidad es enorme y forma parte de la rutina de muchos consumidores; incluso aparece frecuentemente en dramas coreanos, programas de televisión y redes sociales.
Quizá la mayor coincidencia entre ambos países sea que la respuesta a una noche larga no suele encontrarse en una pastilla, sino en la cocina. Si en México muchos recurren a unos chilaquiles bien picosos, un caldo de birria o un menudo dominical, en Corea del Sur la tradición apunta hacia un tazón de haejangguk servido bien caliente. Porque, al final, pocas culturas entienden mejor el poder reconfortante de una sopa que aquellas donde la comida es también una forma de cuidar a los demás.
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