Francisco Rangel · 16 de septiembre de 2026
El mole manchamanteles es probablemente uno de los platillos consentidos de los oaxaqueños y probablemente uno de los más fascinantes de todo México. Se destaca por ofrecer un perfil donde la acidez y la dulzura compiten de forma natural sin predominar uno sobre otro.
Elaborado con frutas frescas y secas, este platillo tiene un suave picor que combina a la perfección. Su nombre, un poema, pues mientras lo comes, será inevitable que suceda.
Prepara esta receta tradicional con la versión casera, paso a paso y con todos los ingredientes necesarios.

El mole manchamanteles tiene un origen virreinal y es considerado uno de los 7 moles clásicos del estado de Oaxaca. Destaca por su equilibrado sabor agridulce que en combinación con los chiles secos, ofrece una experiencia muy particular.
Tradicionalmente, este se preparó por una monja clarisa que ante la confusión de una receta, terminó por mezclar: piña, plátano, manzana y camote junto con los chiles para hacer un mole.

La colección de recetas del siglo XVII, atribuida a Sor Juana Inés de la Cruz, incluye este icónico platillo como parte de una de las recetas que combinan lo mejor de los ingredientes indígenas y las técnicas del Viejo Mundo.
Se cree que el mole nació como una especie de adaptación a los estofados españoles. A diferencia de otros moles densos y oscuros, el manchamanteles tiene un color rojizo brillante.
El manchamanteles es un clásico de la cocina mexicana tradicional. Uno de los grandes enigmas, en donde los ingredientes y las técnicas culinarias entre México y España conversan en un diálogo equilibrado y sumamente delicioso.