Francisco Rangel · 12 de junio de 2026
Si vives o paseas por la Ciudad de México, sabrás que encontrar un lugar bueno, bonito y barato en las zonas de moda es una misión casi imposible. Por eso, cuando surge una propuesta que rompe la regla, hay que compartirla.
Casa Valladolid es el nuevo secreto de la colonia Condesa: un espacio que el desayuno perfecto sabe a Yucatán y tiene un toquecito del Medio Oriente, lo mejor de todo…no te cuesta una fortuna.
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Es fácil sorprenderse (y asustarse) con los elevados precios de casi todos los restaurantes de la zona centro de la CDMX. Casa Valladolid llega como una excepción a esta regla, en donde puede disfrutar clásicos del sureste mexicano por menos de 200 pesos.
Aquí, la experiencia se siente como un apapacho al corazón desde el primer momento: tortillas hechas a mano al instante y un chocolate caliente de esos que, literal, te reinician la vida.
Detrás de este concepto está la chef Andrea Sayeg (mente brillante detrás de la taquería Alay Alay), quien fusiona los clásicos yucatecos con una pincelada de la cocina árabe.

¿Cómo conviven la cochinita pibil y el jocoque? Curiosamente genial, una mezcla que nació para estar junta. La chef Sayeg logra cautivar los sabores tradicionales de la Península de Yucatán, pero le da ese giro del Medio Oriente.
Acompañado de pan árabe recién horneado, la experiencia de los huevos a la cazuela con cochinita es una joya que no encontrarás en ningún otro lado.

No es mentira, las tres “B” (bueno, bonito y barato) son una realidad:

No te puedes ir sin probar cualquier platillo que tenga los deliciosos frijoles colados, una receta tradicional yucateca de frijoles negros con manteca, licuados y pasado por el colador que acompañan las tortas, huevos o molletes.
Para tomar, el café de olla ($60), chocolate caliente ($60) y el jugo de naranja ($50) son las opciones indicadas. El panqué de elote con queso de bola, comfort food al máximo.
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En un escenario gastronómico lleno de lugares que viven de fotos bonitas pero sabores pobres, Casa Valladolid se convierte en un grato recordatorio del lema “menos es más”.
Es un desayuno sincero, en un espacio agradable y tranquilo en medio de la locura de la CDMX. No necesita de grandes emplatados pretenciosos, ni ingredientes exóticos, para darte una gran experiencia mañanera.
Cumple lo que promete y, honestamente, supera por mucho las expectativas.