Daniel Medrano · 29 de agosto de 2026
Durante años, tronarse los dedos ha estado acompañado de una advertencia que muchas personas escucharon desde pequeñas, pues se dice que hacerlo con frecuencia podría provocar artritis, pero ¿esto es verdad o solo es un mito popular?
El sonido de los nudillos al chasquear puede ser incómodo para algunas personas, sin embargo, la explicación de lo que ocurre dentro de las articulaciones es muy diferente a esta creencia popular.
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Cuando una persona se truena los dedos, el sonido que se produce se conoce como chasquido articular. De acuerdo con Daniela Barrera, licenciada en Fisioterapia y especialidad en Fisioterapia Ortopédica, explica a El Sabueso que este fenómeno tiene lugar dentro de la articulación, donde los huesos están envueltos por una “cápsula” que contiene líquido sinovial, el cual lubrica y facilita el movimiento.
La fisioterapeuta añade que, en términos médicos, a este fenómeno se le conoce como cavitación articular.
“Al estirar o flexionar los dedos de cierta forma, aumenta el espacio intraarticular y disminuye la presión del líquido sinovial. Como resultado, se genera de manera rápida una cavidad o burbuja de gas que da origen al característico ‘crack’ de los nudillos”, detalla la especialista.
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El líquido sinovial contiene gases disueltos –principalmente dióxido de carbono, oxígeno y nitrógeno–. Cuando la presión cambia de forma brusca, estos gases se liberan y forman una burbuja de manera súbita, produciendo el sonido.
En una respuesta corta, Daniela Barrera menciona que tronarse los dedos no causa artritis, pues no se ha encontrado una relación entre este hábito y el desarrollo de esta enfermedad articular, pese a la creencia popular.
El motivo principal por el que tronarse los dedos no causa artritis es que el chasquido no produce roce ni desgaste entre los huesos ni daña el cartílago articular: el sonido surge únicamente de la rápida formación de una burbuja de gas en el líquido sinovial al cambiar la presión dentro de la articulación, un proceso temporal y reversible que no genera microtraumatismos ni inflamación crónica capaces de desencadenar artritis, menciona la especialista.
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Además, la artritis se asocia a factores como la edad, la genética, lesiones previas o el sobrepeso, mientras que los estudios a largo plazo no han encontrado mayor incidencia de esta enfermedad en quienes se truena los dedos de forma habitual, lo que confirma que el hábito no interfiere con la salud de las articulaciones.
De acuerdo con un artículo de la Universidad Anáhuac, uno de los casos que se utilizan para explicar esta conclusión es la del médico Donald Unger, quien durante 60 años se tronó los nudillos de una sola mano con el objetivo de comprobar si este hábito podría provocar artritis. Al comparar ambas manos, encontró que los niveles de artritis eran similares, por lo que no observó una diferencia atribuible a tronarse los dedos.
La experiencia de Unger incluso le valió el Ig Nobel de Medicina en 2009 y, sus resultados fueron respaldados posteriormente por estudios realizados en Harvard. Por ello, la evidencia citada por la institución apunta a que el característico chasquido de los dedos no debe confundirse con un proceso de desgaste que termine provocando artritis.
La artritis es la inflamación o degeneración de una o más articulaciones. Existen más de 100 tipos diferentes de esta enfermedad y, aunque sus causas pueden variar, suele afectar estructuras como el cartílago, el tejido sinovial, los huesos, ligamentos y tendones que forman parte de la articulación. Cuando el cartílago se deteriora, los huesos pueden llegar a rozarse, provocando dolor, inflamación y rigidez, de acuerdo con Medline Plus.
Las causas de la artritis dependen del tipo que presente cada persona. En este sentido, MedlinePlus señala entre ellas las enfermedades autoinmunitarias, en las que el sistema inmunitario ataca por error tejidos sanos; las fracturas y lesiones óseas; el desgaste y deterioro de las articulaciones; algunas infecciones causadas por bacterias o virus, y la acumulación de cristales, como los de ácido úrico que están relacionados con la gota.
La osteoartritis es el tipo más común y aumenta con la edad, mientras que otras formas, como la artritis reumatoide, tienen un componente autoinmunitario. También existen artritis asociadas con enfermedades como la psoriasis o el lupus, así como aquellas provocadas por infecciones o por la acumulación de determinados cristales en las articulaciones.
Es importante señalar que no todas las formas de esta enfermedad tienen el mismo origen ni afectan las articulaciones de la misma manera. Lo que sí tienen en común es que pueden provocar síntomas como dolor, hinchazón, rigidez, calor o enrojecimiento alrededor de la articulación y dificultad para moverla.