¿Por qué no se les debe llamar monstruos a los feminicidas seriales?

Luz Rangel · 5 de noviembre de 2026

¿Por qué no se les debe llamar monstruos a los feminicidas seriales?

El feminicida serial del municipio de Atizapán de Zaragoza, Estado de México, Andrés Filomeno Mendoza Celis falleció por causas naturales el 29 de octubre de 2026 en el penal de Tenango del Valle, donde estaba preso desde 2021 cumpliendo ocho sentencias por feminicidio y desaparición. Medios de comunicación lo nombraron “el monstruo de Atizapán”, sin embargo, llamarlo de esta forma no es correcto.

Esta no ha sido la única ocasión. Medios de comunicación también nombraron a Juan Carlos Hernández Bejar como “el monstruo de Ecatepec”, quien pasará el resto de su vida en prisión en el penal de Chiconautla desde 2018 que fue detenido por distintos feminicidios y otros delitos. 

El Sabueso, la unidad de verificación de Animal Político, consultó especialistas para enlistar por qué, desde una perspectiva de género y derechos humanos, no se le debe llamar monstruos a los feminicidas, o feminicidas seriales en este caso.

Puedes leer: Muere Andrés Mendoza, múltiple feminicida de Atizapán, en penal de Edomex

Un feminicida serial no es un ser fantástico, sino una persona real

Un monstruo es, en su sentido más amplio, cualquier ser fantástico. Pero multifeminicidas como los de los municipios mexiquenses de Atizapán de Zaragoza y Ecatepec son personas reales que no están desvinculadas de la sociedad. 

“La violencia de género no proviene de estos monstruos incomprensibles, sino de personas comunes y corrientes bajo ciertas circunstancias estructurales”, explica Tatiana Revilla, directora de la organización civil Gender Issues, en entrevista con El Sabueso.

Tanto Andrés Filomeno Mendoza Celis como Juan Carlos Hernández Bejar conocían a la mayoría de las víctimas a las que les quitaron la vida, desempeñaban oficios informales, no estaban aislados, sino que convivían con más gente. Esto conlleva a considerar que los feminicidas, en realidad, son personas como parejas, familiares, vecinos, que forman parte de la vida cotidiana de las mujeres, no criaturas extraordinarias.

“Esta denominación de monstruos que se le ha asignado a los feminicidas nos hace pensar que la violencia de género y la violencia feminicida son  excepcionales, como si sólo vinieran de ciertos ciertos hombres que están fuera de la realidad. Entonces eso nos hace simplificar el problema a partir de sujetos aislados cuando en realidad es parte estructural del sistema en el que vivimos”, explica Sandra Ivette González Ruiz, colaboradora en la Coordinación para la Igualdad de Género (CIGU) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

Alma Delfina Ojeda Santiago, colaboradora en la Consejería Jurídica de la CIGU, recuerda la consigna feminista “lo que no se nombra no existe”, como un llamado a visibilizar las violencias que viven las mujeres. Pero al hablar de monstruos en lugar de feminicidas se invisibiliza el delito.

“Cuando se les llama monstruos, en lugar de ser una cuestión la violencia que el Estado debe atender, se trata casi como si fuera una fantasía. En ese sentido, usar denominaciones que evitan nombrar la violencia como es, en este caso no llamar al feminicida como tal, normaliza las violencias”, señala Ojeda Santiago. 

La dependencia reforzó el acompañamiento psicológico y jurídico para los familiares de las víctimas.
Foto: Cuartoscuro.

Decir monstruo deshumaniza al feminicida serial

Tatiana Revilla comenta que leyó publicaciones en redes acerca de la muerte de Andrés Filomeno Mendoza Celis en las cuales no mencionan su nombre, simplemente se refieren a él por su apodo.  

“Le quitaron completamente la identidad, deshumanizan a la persona haciéndolo ver como alguien que no es de este mundo”, señala la doctora en Política Pública por el Tecnológico de Monterrey.

A propósito de que muchos de los feminicidas fueron novios, esposos, exparejas,  exesposos, Sandra Ivette González Ruiz, académica de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán, explica cómo debe ser entendido que se identifiquen como personas normales.

“Son, entre comillas normales, complejizando la categoría de lo que es normal, en el sentido de que fueron socializados en una sociedad feminicida. Se trata también de entender que hay un orden social que permite los feminicidios, ya sea por omisión, por corrupción, por complicidad”, enlista González Ruiz. 

En consecuencia, deshumanizar al agresor evita reconocer que es una persona responsable de sus actos y lo deslinda de los crímenes que cometió; esto quita culpabilidad y capacidad para responder por los hechos. Nombrar a alguien como monstruo es una narrativa para absolver los delitos de feminicidio en serie que alguien realizó y abonar a la impunidad, porque los monstruos son inimputables penalmente.

Llamar monstruo al feminicida serial quita responsabilidad a autoridades

Tatiana Revilla, consultora en temas de género, apunta que hay una responsabilidad no sólo individual de los agresores, sino de las autoridades de prevenir los feminicidios y de actuar cuando estos asesinatos de mujeres hayan sido cometidos para garantizar la verdad, la justicia, la reparación del daño y la no repetición. 

“Esta persona llevaba ya 30 años cometiendo estos delitos, 30 años y nadie investigó, no hubo otras detenciones previas y aquí hay una clara negligencia de las autoridades”, señala la especialista.

Las colaboradoras de la CIGU, por su parte, también consideran la responsabilidad social y la de los medios de comunicación. 

“Cuando pensamos en esto también vemos la responsabilidad del Estado, la responsabilidad de los medios, la responsabilidad de la sociedad”, dice González Ruiz, doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. 

“Lo que no se nombra no existe y la violencia debe de ser nombrada tal cual es porque de lo contrario estaríamos contribuyendo a la invisibilización, a la normalización y a la revictimización a través de los medios de comunicación”, agrega la maestra en Derecho Alma Delfina Ojeda Santiago.

Hablar de monstruos espectaculariza la violencia feminicida

En 2022 fue estrenada la serie documental Caníbal. Indignación total, patrocinada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Incluso fue transmitida en televisión abierta por justiciaTV y Las Estrellas.

“Volver una suerte de show el horror es lo que suele pasar con casos como el feminicida de Atizapán y eso produce una desensibilización ante la violencia”, indica González Ruiz. 

El documental fue criticado porque trataba como un “reality show” los feminicidios y las desapariciones cometidas por Andrés Filomeno Mendoza Celis en Atizapán de Zaragoza, Estado de México. Las críticas partieron desde el título de la serie y el póster, pues aparece el rostro del feminicida serial compuesto por las fotografías de sus víctimas. 

“Si hablamos de un supuesto monstruo estamos caricaturizándolo, volviéndolo espectáculo”, lamenta Revilla. 

Sheinbaum va por iniciativa para homologar investigación de feminicidios
Foto: Curtoscuro/Archivo

Reducir los feminicidios a la monstruosidad invisibiliza la violencia estructural

Llamar monstruo a un feminicida impide reconocer y nombrar la violencia de género, donde el feminicidio es el grado máximo o la expresión extrema de dicha violencia. Por cierto, ésta no es producto de la monstruosidad individual, sino un problema estructural. 

“Ya existe un tipo penal específico que reconoce que las mujeres están siendo asesinadas por el hecho de ser mujeres y en muchos casos influyen también otro tipo de categorías como la clase o el contexto social. En el caso del que estamos hablando hay que recordar que Atizapán de Zaragoza es parte del Estado de México, una entidad en los primeros lugares de feminicidio”, destaca la abogada Alma Delfina Ojeda Santiago.

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) registra 38 mujeres víctimas de feminicidio en el Estado de México de enero a septiembre de 2026. Esto coloca a la entidad en el segundo lugar a nivel nacional en la comisión de este delito, sólo después de Sinaloa con 97 casos.

Las mujeres son asesinadas por feminicidas, no por monstruos. El feminicidio no se reduce a un “arranque de locura” que estigmatiza la salud mental; más bien, tiene múltiples causas entre las cuales interfiere el perfil psicológico del agresor pero también las condiciones sociales, culturales y políticas.

“Al hablar de un monstruo invisibilizas las condiciones estructurales bajo las que esta persona vivió para que pudiera llegar a cometer estos feminicidios en lugar de invitar a reflexionar sobre qué hombres hemos formado, con qué patrones de masculinidad y qué los lleva, no sólo en lo individual, en lo social, institucional, estructural, a cometer este tipo de actos”, insiste Tatiana Revilla, experta en género y políticas públicas. 

Revilla hace un llamado a poner el foco en las víctimas de violencia de género, más que en el feminicida. Recomienda concentrarnos más que en perfiles psicológicos de personas individuales, en patrones estructurales de los hechos.

“Desde mi perspectiva de género y derechos humanos, yo recomiendo poner a las víctimas al centro. Este lenguaje llama al espectáculo y pone el foco de atención en construir la figura de la persona agresora que cometió los delitos y no en las víctimas, en la justicia, en la reparación del daño, en la garantía de no repetición”, concluye la directora de la organización Gender Issues.

Te sugerimos: Caso Cornell: cuando no hay consentimiento sexual y se trata de una violación grupal