Kenia Hernández Rivera · 12 de abril de 2026
Durante la noche del martes 7 de abril, Estados Unidos e Irán alcanzaron un alto al fuego de dos semanas que incluye la reapertura del estrecho de Ormuz. Este paso marítimo, esencial para el comercio global de hidrocarburos, permanece bajo vigilancia de las autoridades iraníes desde el 28 de febrero, cuando el gobierno estadounidense e Israel bombardearon Irán, episodio que detonó un conflicto en Oriente Medio y elevó los precios del petróleo.
El miércoles, horas después del acuerdo, la empresa de seguimiento marítimo Marine Traffic informó que dos buques cruzaron el estrecho tras la aceptación iraní de reabrir esta ruta estratégica. Entre el 1 de marzo y el 7 de abril solo 307 embarcaciones atravesaron la zona, lo que representa una caída del 95 % frente a los niveles previos al conflicto, según datos de Kpler, firma propietaria de Marine Traffic. Usualmente unos 3,000 barcos navegan por el estrecho cada mes.
El tránsito por esta vía marítima, por la que en condiciones normales circula alrededor del 20 % del comercio mundial de petróleo y gas, se desplomó tras el inicio de la guerra. En este contexto, ¿cuál es el panorama geopolítico y por qué este punto crítico resulta clave para la economía global?
A continuación te explicamos qué es el estrecho, qué países dependen en mayor medida de esta ruta y cómo estas tensiones impactan en economías como la de México y América Latina.
Limitado al norte por Irán y al sur por Omán y los Emiratos Árabes Unidos, este corredor —de unos 50 kilómetros de ancho en sus accesos y cerca de 33 kilómetros en su punto más angosto— conecta el Golfo con el mar Arábigo. El paso cuenta con la profundidad suficiente para los mayores buques petroleros del mundo y lo utilizan los principales productores de petróleo y gas natural licuado (GNL) de Oriente Medio, así como sus clientes, de acuerdo con un artículo de BBC.
El centro de investigación en asuntos globales Strauss Center señala que el estrecho cuenta con ocho islas principales; siete están bajo control de Irán. Además, indica que ese país mantiene presencia militar en la zona desde la década de 1970.
En las últimas actualizaciones, menos de 24 horas después de que Estados Unidos e Irán acordaron la tregua, medios estatales iraníes —citados por BBC— reportaron el cierre del estrecho de Ormuz ante lo que Teherán considera un incumplimiento del acuerdo.

El tránsito de buques constituye una de las condiciones centrales pactadas con Washington. Sin embargo, la agencia iraní Fars, vinculada con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), informó la suspensión del paso de petroleros. De igual forma, la agencia estatal IRNA indicó que el movimiento de embarcaciones se detuvo. Horas antes, solo dos buques habían cruzado este punto clave para la exportación de crudo y otras materias primas del Golfo Pérsico.
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Ambas agencias atribuyeron el cierre a los ataques de Israel contra Líbano, un frente que, según el gobierno israelí, queda fuera del pacto de alto al fuego. De acuerdo con el Ministerio de Salud libanés, entre el 2 de marzo y el 7 de abril la ofensiva aérea y terrestre israelí dejó un saldo de 1,530 personas muertas y 4,812 heridas.
“La reapertura condicionada permitió restablecer, al menos de forma provisional, las condiciones del mercado energético en su dimensión petrolera, y eso resulta relevante”, señala Leonardo Manchón Cohan, académico del Departamento de Producción Económica de la División de Ciencias Sociales y Humanidades en la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). “Las reacciones inmediatas incluyeron una disminución del precio del crudo West Texas Intermediate (WTI) — utilizado como punto de referencia en la fijación de precios del petróleo—, que pasó de 114 a 95 dólares por barril en las horas posteriores al anuncio de la tregua”.
El acuerdo dio tranquilidad momentánea al mercado y eso provocó que el petróleo se abaratara en el corto plazo. Pero antes del conflicto, de acuerdo con la firma Kpler, por el estrecho de Ormuz pasaba una enorme cantidad de petróleo todos los días (al menos 15 millones de barriles), que salía principalmente de países del Golfo Pérsico y se enviaba sobre todo a regiones como China e India.
“Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak e Irán representaban en conjunto la mayor parte de esos flujos. El crudo iraní sigue transitando por el estrecho a un ritmo de aproximadamente 1.5 millones de barriles diarios. Esto deja aproximadamente 8 millones de barriles diarios sin transportar”, refiere el artículo.
Cuando el estrecho dejó de operar con normalidad, transportar ese petróleo se volvió más difícil; algunos países buscaron rutas alternas: Arabia Saudita usa un oleoducto interno para sacar parte de su petróleo, mientras Emiratos Árabes sigue exportando desde otro puerto. Sin embargo, esas alternativas no alcanzan, hay unos 8 millones de barriles diarios que no están llegando a su destino. El caso más grave es Irak. Antes exportaba unos 4 millones de barriles al día, ahora apenas logra sacar menos de 1 millón; solo tiene una vía limitada por un oleoducto hacia Turquía.
En voz de Manchón Cohan, el conflicto “atoró” una parte importante del petróleo mundial. Aunque algunos países logran transportar crudo por rutas alternas, estas no alcanzan y la oferta global de energía se ve afectada.
“Una parte de los insumos petroleros de Indonesia, China, India y Pakistán pasa por el estrecho de Ormuz. También el suministro que demandan Japón y Corea depende en gran medida de esa zona. Por ello, las primeras afectaciones impactaron a los países del sudeste y del occidente asiático. Las rutas alternas para transportar petróleo —por tierra u otras vías— pueden volverse competitivas en el futuro, pero hoy no sustituyen el flujo que transitaba por el estrecho. No tienen la misma capacidad ni la misma rapidez”, agrega.
En este escenario, algunos países pueden beneficiarse, en especial Rusia, que cuenta con una alta capacidad de producción petrolera y puede abastecer a mercados con demanda de energía. Ante la reducción del suministro que antes cruzaba por el estrecho, compradores como China, India e Indonesia buscan nuevos proveedores, y Rusia se posiciona como una opción viable.
Además, mantiene acuerdos con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y vínculos con economías del grupo BRICS (bloques emergentes). Incluso puede incrementar sus exportaciones hacia países aliados de Estados Unidos, como Japón y Corea, en caso de escasez.
En síntesis, las alternativas al estrecho de Ormuz son limitadas. Si bien existen rutas terrestres o pasos como Bab el-Mandeb, estos presentan restricciones operativas, mayores costos y vulnerabilidades en contextos de conflicto, lo que impide sustituir de forma inmediata el tránsito marítimo habitual.
Aunado a ello, a inicios de semana un funcionario iraní amenazó ahora con bloquear el estrecho de Bab el-Mandeb, que separa Yemen de África y constituye una ruta comercial crucial desde el Mar Rojo.
Según Forbes, aunque Irán no colinda con el estrecho de Bab al-Mandeb, Yemen sí lo hace. Además, Teherán sostiene una estrecha alianza con los hutíes, grupo militante yemení que en 2023 y 2024 ejecutó decenas de ataques contra buques vinculados a Israel, en el Mar Rojo, como respuesta a la guerra en Gaza.
De acuerdo con el especialista, el estrecho de Ormuz funciona como un “cuello de botella” del comercio internacional o chokepoint en logística, donde cualquier interrupción puede desencadenar efectos en cascada. También constituye una ruta clave para las exportaciones de fertilizantes de la región, donde el gas natural juega un papel central en su producción. Cerca de un tercio del comercio mundial de fertilizantes transita por esta vía.
Además, el corredor resulta esencial para las importaciones hacia Oriente Medio, entre estas, alimentos, medicamentos y suministros tecnológicos. El estrecho de Ormuz no enfrenta por primera vez el escrutinio internacional. En otras ocasiones Estados Unidos ha recurrido a su capacidad militar para restablecer el flujo del tráfico marítimo en la zona.
Según el sitio Congress.gov, de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, hacia finales de la década de 1980, en la fase final de la guerra Irán-Irak (1980-1988), fuerzas iraníes colocaron minas en el Golfo Pérsico, incluido el estrecho de Ormuz, como parte de la llamada “guerra de los petroleros”. Con el conflicto estancado en tierra, Irán e Irak atacaron por separado la infraestructura energética del adversario en el Golfo, así como petroleros que transportaban crudo tanto propio como de terceros países.
En respuesta, Estados Unidos buscó disuadir estos ataques y asegurar el libre flujo del comercio energético en la región mediante diversas operaciones militares, entre ellas, Earnest Will, Prime Chance, Nimble Archer y Mantis Religiosa.
Agencias internacionales, con base en información atribuida al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), reportaron este jueves 9 de abril que Irán difundió un mapa con rutas alternas para el tránsito en el estrecho de Ormuz a fin de evitar minas.
De acuerdo con medios persas, el esquema contempla una ruta de entrada y otra de salida. La primera parte del mar de Omán avanza hacia el norte hasta la isla de Larak y continúa hacia el Golfo Pérsico. La segunda sigue el trayecto inverso. Ambas rutas se establecieron con base en un mapa difundido por la agencia Tasnim en Telegram.
En el caso de México, el académico Leonardo Manchón Cohan señala que, aunque el país no depende de forma directa de los flujos que pasan por Ormuz, los efectos indirectos resultan significativos. México es actualmente un importador neto de combustibles y su economía, una de las más abiertas de América Latina tras décadas de liberalización comercial, mantiene una alta exposición a las variaciones del mercado energético global.
“Una crisis prolongada en el estrecho reduciría las expectativas de crecimiento mundial, afectaría la demanda de exportaciones mexicanas y elevaría el costo de insumos clave. Las proyecciones de crecimiento para México ya muestran una tendencia a la baja, y un choque externo de esta magnitud agravaría ese panorama”, advierte.
El trasfondo del conflicto va más allá del petróleo. La disputa entre Estados Unidos y China por el control de los flujos del comercio internacional —de la cual Ormuz constituye solo uno de los escenarios— apunta hacia una economía global fragmentada en bloques. Este escenario afectaría de forma particular a países como México, que dependen de mantener relaciones comerciales tanto con América del Norte como con el Sur Global.
En contexto, México importó 46,797 millones de dólares en productos petroleros, según datos del Banco de México, entre ellos, gas natural y gasolinas. El encarecimiento del crudo a raíz del conflicto en Oriente Medio presiona al alza los precios de estos insumos.
A esto se suma la incertidumbre sobre la duración de las restricciones en el estrecho. Ante ese escenario, los mercados internacionales ajustan los precios de los combustibles para anticipar posibles interrupciones en el suministro.
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