Kenia Hernández Rivera · 10 de julio de 2026
Miles de corredores cruzarán la meta del Medio Maratón (21.0975 kilómetros) y, semanas después, otros enfrentarán los 42.195 kilómetros del Maratón de la Ciudad de México. Mientras algunos celebran haber cumplido un reto personal, otros repiten una de las creencias más extendidas alrededor del atletismo: “Correr destruye las rodillas”.
Sin embargo, especialistas en medicina del deporte sostienen que el problema no está en correr cortas o largas distancias, sino en hacerlo sin evaluación médica, con un entrenamiento inadecuado, un calzado incorrecto o cargas que el cuerpo no está listo para soportar. Más que la actividad física, son los malos hábitos los que pueden convertir una práctica saludable en una fuente de lesiones.
Cada año, conforme se acercan ambos eventos deportivos —realizados a mediados de julio y finales de agosto—, usuarios circulan en plataformas digitales publicaciones donde aseguran que correr acaba con las rodillas.
“Yo sin saber que salir a correr hace que te duela la rodilla” y “Dice mi colega que no sale a correr porque desgasta las rodillas; tiene 20 años”, son algunos de los contenidos que se leen en X y TikTok, los cuales suman cerca de mil visualizaciones. Algunas narrativas desinformantes asumen que el cartílago se deteriora como una pieza mecánica al soportar impactos repetidos contra una superficie, por ejemplo, pavimento.
“Es un mito. Correr te ayuda a tener las rodillas en buen estado. La actividad favorece la lubricación articular y estimula que el cartílago mantenga una composición adecuada. La creencia de que el impacto repetido del trote deteriora la rodilla no tiene relación con lo que ocurre realmente cuando el ejercicio se practica en las condiciones correctas”, explica en entrevista con El Sabueso Meynardo Cedillo, antiguo médico deportivo del equipo Mazatlán FC.
Antes de atar las agujetas, Meynardo Cedillo recomienda acudir con un profesional sanitario para una valoración integral. Esa primera revisión debe incluir una evaluación cardiológica, una prueba de esfuerzo, un análisis de la pisada y una revisión de la alineación de las rodillas y la columna. Con esos resultados en mano, el médico puede indicar el calzado, la ropa deportiva y las superficies más convenientes para cada persona, de forma que el paciente —o corredor— tenga la certeza de que no existe ningún riesgo para su salud.
“El deporte se rige a base de reglas. Si los llevas a cabo de manera adecuada, no tienes ninguna contradicción. Por el contrario, el ejercicio siempre te brinda salud. El cartílago cumple una función muy concreta: amortiguar las cargas y permitir que la rodilla se deslice sin fricción, evitando así lesiones mayores a futuro. Esta estructura tiene capacidad de adaptarse a las cargas del ejercicio, siempre que estas sean progresivas y estén bien dosificadas. Cuando el entrenamiento es correcto, incluso se favorece la lubricación necesaria para preservarlo”, añade.
Durante años se ha debatido si correr durante mucho tiempo aumenta el riesgo de desarrollar osteoartritis (enfermedad degenerativa en la que el cartílago de la articulación se desgasta gradualmente) en las rodillas. Para responder esa pregunta, investigadores siguieron a lo largo de casi 20 años a 45 corredores de larga distancia o fondistas y a otro grupo de personas de la misma edad que no corrían (53 personas).
El estudio, publicado en el sitio de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (NLM, por sus siglas en inglés), reveló que, después de casi dos décadas, los corredores no tenían más desgaste en las rodillas que quienes no hacían ejercicio. Lo que influyó para que algunos individuos tuvieran osteoartritis fue tener un mayor índice de masa corporal (sobrepeso u obesidad), lesiones previas y envejecimiento.
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Meynardo Cedillo enfatiza que no existe una distancia o una cantidad de kilómetros que sea segura para todas las personas. La carga de entrenamiento debe individualizarse, ya que no tiene las mismas capacidades un joven de 25 años que una persona mayor de 50, ni un corredor experimentado que alguien principiante en el deporte. Incluso entre personas de la misma edad pueden existir diferencias importantes en su condición cardiovascular, muscular y aeróbica.
“Si no es el acto de correr, ¿qué desgasta entonces la rodilla? Hay varios factores: una lesión previa —como un problema meniscal, del cartílago o del hueso—, la obesidad (que somete a la articulación a una carga mayor de la que puede tolerar) y el entrenamiento en superficies inadecuadas sin el equipo correcto. Cuando estos elementos se combinan con una carga de entrenamiento mal calculada, el riesgo de un desgaste prematuro aumenta”, insiste.
De acuerdo con la Clínica Mayo, el problema meniscal ocurre cuando se lesiona el menisco, una especie de almohadilla de cartílago con forma de media luna que se encuentra entre el fémur y la tibia. Su función es amortiguar los impactos y dar estabilidad a la rodilla. Puede romperse por un giro brusco o un golpe. Suele causar dolor, inflamación, chasquidos o incluso que la rodilla se “atoré”.
En cuanto a las molestias posteriores al ejercicio, el especialista en medicina deportiva indica que quienes comienzan a correr suelen experimentar cansancio, dolor muscular o sensación de sobrecarga, lo cual puede formar parte del proceso normal de adaptación del organismo. Pero cuando el dolor persiste a pesar del descanso, la fisioterapia o el tratamiento médico, o supera la intensidad habitual que experimenta el deportista, es recomendable acudir con un especialista para descartar una lesión.
De acuerdo con la plataforma y revista especializada en atletismo Runner’s World, las cinco lesiones más habituales de los corredores principiantes son las siguientes:
Para los casos en que ya existe un desgaste que compromete la articulación, el especialista describió un procedimiento llamado viscosuplementación, que consiste en introducir en la rodilla un gel a base de ácido hialurónico. Este tratamiento ayuda a reducir el dolor, desinflamar y amortiguar las cargas, con un efecto que puede durar entre seis meses y un año. Lo recomienda, en particular, para corredores de fondo y atletas que entrenan de manera regular, como una forma de mantener la actividad sin complicaciones mayores.
Otra creencia extendida entre corredores y personas mayores es que el colágeno hidrolizado protege o regenera el cartílago. Este suplemento, pese a estar muy de moda, se absorbe muy poco a nivel de la rodilla y no tiene un efecto reparador real sobre el cartílago, aunque sí puede actuar como coadyuvante junto con una buena alimentación e hidratación, afirma el especialista.
Otros suplementos como la condroitina y la glucosamina pueden ofrecer un mejor soporte para la marcha que el colágeno hidrolizado, aunque tampoco tienen capacidad regenerativa.
En su práctica con futbolistas, corredores, luchadores profesionales, maratonistas y tenistas, Meynardo Cedillo suele iniciar con multivitamínicos que incluyen magnesio y vitaminas del complejo B, además de vitamina D y omegas cuando el paciente lo requiere, siempre de forma individualizada.
Según un artículo disponible en la base de datos PubMed, el colágeno hidrolizado aporta aminoácidos que estimulan a las células del cuerpo (condrocitos) para producir más colágeno propio, reduciendo el desgaste y aliviando el dolor articular en casos de artrosis, pero no regenera el cartílago dañado por completo.
“El punto principal, para ponerlo en negritas y en mayúsculas: el cartílago no se regenera con nada”, concluye Meynardo Cedillo.
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