Luz Rangel · 4 de junio de 2026
Cuando un ser humano tiene una herida ocurre un proceso mediante el cual el organismo repara los tejidos dañados, pero si pierde extremidades como un brazo o una pierna no volverán a crecer. Sin embargo, no ocurre lo mismo en todo el reino animal: hay gusanos capaces de regenerar su cuerpo completo, peces que reconstruyen sus aletas y anfibios, como los ajolotes, que tienen esta capacidad de regeneración.
“Hay un cierto grupo de organismos, entre ellos varios tipos de anfibios, que se caracterizaron por esta capacidad de regeneración de extremidades”, dice Félix Recillas Targa, investigador adscrito al Departamento de Genética Molecular del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, en entrevista con El Sabueso, la unidad de verificación de Animal Político.
Si bien los ajolotes no son el único animal con esta capacidad de regeneración, sí lleva a cabo un proceso muy complejo por todo lo que implica en su organismo.“No es un proceso fácil de explicar”, menciona en entrevista el médico veterinario zootecnista Julián Torres Gloria, director de Axolotl Vet, la primera clínica veterinaria especializada en ajolotes.
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Los ajolotes son anfibios de la familia de las salamandras, las cuales son el único animal vertebrado capaz de regenerarse. Si pierden una extremidad, las salamandras pueden recuperarla en semanas, con todos sus cartílagos, huesos, músculos, nervios y tejidos y los ajolotes, incluso, pueden reparar su médula espinal, según el biólogo molecular y celular Recillas Targa.
“El ajolote no es el único animal que puede llegar a regenerarse. Muchos animales primitivos tenían esta particularidad, como los anfibios, que tienen bastante tiempo en la Tierra”, comenta Torres Gloria.
Recillas Targa sostiene que, estrictamente, no hay una respuesta definitiva de cómo y por qué ocurre este proceso de regeneración que todavía está en estudio porque no se conocía el genoma del ajolote. Es decir, el material genético o conjunto completo de instrucciones del ADN de un organismo.
En 2018, la revista Nature Communications publicó sobre el genoma del ajolote para poder entender su evolución y regulación, del cual se sabe que consiste en 32 mil millones de pares de bases de ADN. Luego, en 2025, según National Geographic, Nature Communications publicó sobre el acceso a los genes apropiados para comprender cómo una extremidad sabe exactamente qué regenerar.
“Para tener una regeneración tenemos tres situaciones importantes en los ajolotes: la manera en que funciona su sistema inmunológico; la manera en la que sus genes también regulan esta situación y los mecanismos de las células que tienen para poder adaptarse a esta regeneración”, explica Torres Gloria.
“Muchas veces se pensó que a lo mejor había un gen, por así decirlo, clave. La realidad es que es súper complejo, necesitamos básicamente de todos estos factores inmunológicos, genéticos y celulares, interactuando al mismo tiempo”, agrega el médico veterinario.
El también director de Axolotl Vet explica que cuando los ajolotes tienen una lesión, su organismo evita generar una cicatriz, como sí ocurre cuando los seres humanos tienen una herida.
“Su sistema inmune es algo súper importante para la regeneración, ya que evita la cicatrización. Lo primero que va a hacer es mandar células inmunitarias, como pasaría en nosotros, pero que generan un evento de señalización, es decir, señalan que hay una lesión y, en vez de buscar cicatrizarla, buscan la reparación del tejido”, agrega.
Luego, los genes involucrados van a hacer un tapón en la herida. “Prácticamente las células que están alrededor de esta lesión van a pasar de ser células totalmente diferenciadas a ser células que pierden esta diferenciación y pueden adoptar nuevos tipos celulares. A partir de estas células empieza una proliferación y, por medio de la regulación de ciertos genes, van a generar el crecimiento de estos nuevos tejidos”, continúa.
Las células no crecen de una manera desordenada, sino que tienen una señal de hasta dónde crecer y de qué forma. Por esa regeneración celular, ambos especialistas coinciden en que otro campo de interés sobre los ajolotes es que tienen una baja tasa de formación de tumores y podrían ser clave en estudios sobre cáncer.

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Los ajolotes son anfibios de la familia de las salamandras, pero nunca llegan a convertirse en salamandras terrestres. Toda su vida se deben mantener dentro del agua donde no solamente nadan con su cola y aleta, también se mantienen en cuatro patas (las delanteras tienen cuatro dedos y las traseras cinco).
“Una característica es que pasan las semanas, los meses y el animal no se transforma a fase terrestre: no se le caen las branquias, ni la cola se absorbe. Esto llamó mucho la atención en términos de cómo clasificarlo”, cuenta Horacio Mena González, médico veterinario zootecnista a cargo de la coordinación de la colonia de axolotes del Laboratorio de Restauración Ecológica del Instituto de Biología de la UNAM.
La neotenia es otra característica de los ajolotes que destaca Mena González. Se trata de un fenómeno biológico en el cual un organismo conserva rasgos físicos, anatómicos o de comportamiento propios de su etapa juvenil o de cuando era una larva, incluso después de alcanzar la edad adulta.
“La neotenia es esta capacidad de permanecer siempre joven, siempre, en estado larval toda su vida”, refiere el médico veterinario zootecnista sobre los ajolotes.
Entre las curiosidades de los ajolotes, Mena González también enlista sus maneras de respirar: sus branquias en la cabeza, sus pulmones y su piel. Estas tres formas permiten a los ajolotes tomar el oxígeno del agua o del aire. “No tienen párpados”, dice el especialista. Los ojos de los ajolotes carecen de membranas para cerrarlos, por lo que siempre están abiertos, incluso cuando duermen.
