Animal MX · 24 de agosto de 2026
Cuando Juan Gabriel conquistó el Palacio de Bellas Artes en mayo de 1990, rompió un dogma cultural: la música popular abarrotó la mayor catedral del arte en México. Sin embargo, detrás de esa noche histórica hubo un detalle clave que acompañó su brillo y que durante años quedó fuera del relato oficial: el vestuario.
Líneas contenidas, bordados precisos y una elegancia diseñada para deslumbrar sin opacar el escenario salieron del ingenio de Gilberto Granillo, un modisto autodidacta cuya historia nació entre frentes de trabajo duro, vedettes de cabaret y noches de rumba.
Nacido en 1945 en la colonia Anáhuac de la Ciudad de México, Granillo creció en medio de la precariedad tras la muerte de su padre. Con la secundaria inconclusa, entró a trabajar cortando habas por kilo en una planta de Sabritas para apoyar a su madre.
Su entrada a la moda no vino de academias ni libros de diseño, sino del oficio puro. A finales de los años sesenta, el diseñador cubano Luis Cruz lo integró a su equipo para vestir espectáculos nocturnos:
11 años de aprendizaje silencioso: Aprendió observando y repitiendo, sin saber coser ni bordar al inicio.
El salto a la vida nocturna: Cuando Cruz se fue a Miami, le dejó su agenda de contactos. Granillo comenzó a vestir a las vedettes del cine de ficheras y recintos como el Capri, el Marrakech y la mítica discoteca Gallery de Acapulco.
Resistencia a prueba de todo: En los shows de travestismo aprendió una máxima: “Si la ropa no aguantaba sudor, jalones y caídas, simplemente no servía”, declaró en una entrevista con Proceso.
Su trabajo de alto impacto y muy estilizado conquistó a estrellas de la época como Tongolele, Lucha Villa, Sasha Montenegro, Lyn May, Ana Luisa Peluffo, Lila Deneken y Yuri, a quien vistió durante 40 años y fue la pieza clave para llegar a Juan Gabriel.
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En 1990, Yuri le avisó a Granillo que el cantautor de Parácuaro buscaba vestuario para su debut en Bellas Artes. Jesús Salas, mánager de Alberto Aguilera, le encargó un frac y seis chamarras bordadas a mano, dándole libertad creativa total y una fecha límite de entrega a cinco días del espectáculo.
¿Lo más curioso de esta creación? Juan Gabriel nunca fue a probarse la ropa.
“Pregunté cuándo iría Juan Gabriel a probarse la ropa. Salas contestó que no iba a ir, pero que él se la probaría porque tenían un cuerpo similar. Al final no sólo le quedó, sino que le gustó”, recuerda Granillo.
Sin saber dibujar, Granillo proyectaba los bocetos en su mente y los dictaba verbalmente a sus colaboradores. Inspirado en los motivos florales de Diego Rivera, combinó grecas, chaquiras, piedras engarzadas y lentejuelas. En aquel entonces, cada chamarra costó poco más de 30 mil pesos y el frac cerca de 50 mil pesos viejos, confirmó a la revista Proceso.
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La devoción que ha generado la ropa de ese momento de gloria del Divo de Juárez ante la audiencia del Palacio de Bellas Artes es parte de la historia del entretenimiento y la política mexicana. Estas “reliquias” se han replicado múltiples ocasiones. Una que el mismo Gilberto Granillo reconoce que una de las que cumple en gran cabalidad las características de la original es la de Juangabrielisimo Artemio, un imitador del cantautor, quien radica en Guadalajara.
Oscar Robles, imitador profesional del interprete de “Querida”, recibió del mismo diseñador una chamarra que replica en gran medida las características de la original. Es una verdadera locura lo que provoca esta prenda.
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Pero la original se resguarda en el Museo Juan Gabriel en Ciudad Juárez, en la mítica casa del divo en la frontera chihuahuense. De estas no hay fotos, puesto que se prohíbe fotografiar dentro del recinto. Sin embargo, la familia y los administradores reconocen que esa pieza auténtica está en las vitrinas del recinto.
A pesar del éxito, Granillo no recibió invitación ni boletos para las funciones de mayo de 1990. Años después coincidieron brevemente en un centro nocturno de Acapulco, pero el encuentro fue distante.
Con el paso de las décadas, una prenda de esa serie se volvió inmortal: la chamarra negra con grecas doradas. El tiempo, la muerte del cantautor en 2016 y el estreno del documental Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero (2025) en Netflix colocaron a esa pieza en la categoría de mito visual, llevando a las cuentas oficiales del Divo a reconocer finalmente la autoría de Granillo.
Hoy, cuando volvemos a ver las imágenes de Juan Gabriel con los brazos abiertos en Bellas Artes, también vemos el oficio de un diseñador que trabajó en la sombra y armó la historia punta a punta. Gilberto Granillo sigue en activo llenando de luz el escenario con la fantasía de sus puntadas y sus creaciones.