Abigail Camarillo · 30 de octubre de 2025
No importa la edad que tengas, seguro conoces el mítico concierto de Juan Gabriel en Bellas Artes. Hablamos del primerito, que salió en mayo de 1990, y del que después saldría el disco y hasta DVD. Pues aunque lo tengamos en nuestra conciencia popular mexicana, poca gente sabe que la historia detrás de su realización está llena de conflictos y polémicas.
¿Qué batallas se libraron para que ‘El Divo de Juárez’ conquistara el máximo recinto cultural de México? Aquí te contamos lo que hubo detrás de esa presentación que se volvió tan histórica.
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Vamos por partes. En la historia cultural de México, pocos recintos tienen el peso simbólico del Palacio de Bellas Artes, pues es considerado como el templo consagrado a la “alta cultura”: la ópera, el ballet y la música sinfónica.
Del otro lado del espectro, ninguna figura representaba con tanta fuerza el corazón de la música popular como Juan Gabriel, “El Divo de Juárez”.
En 1990, la simple idea de unir estos dos mundos en un mismo escenario escandalizó a varias personas de la esfera cultural, quienes consideraban que el Palacio de Bellas Artes debía ser exclusivo para las “artes refinadas” y no para la música popular, que despectivamente veían como “comercial”, y además consideraban al cantante como un producto creado por Televisa.
Como cuenta El País, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y su director de entonces, el poeta y promotor cultural Víctor Sandoval, enfrentaron una ola de críticas, cartas y llamadas que exigían la cancelación del concierto.
Para calmar la polémica, el gobierno justificó la actuación de Juan Gabriel en Bellas Artes asegurando que los ingresos obtenidos de los boletos serían destinados a la Orquesta Sinfónica Nacional.
El éxito en taquilla fue la bofetada final: los boletos se agotaron y la reventa alcanzó precios de entre 70 mil y 300 mil pesos de la época.
De toda formas, las quejas no se hicieron esperar. Por ejemplo, el escritor Víctor Roura expresó su preocupación por el uso del recinto diciendo que “Bellas Artes fue momentáneamente un palenque, un estudio de Televisa, un recinto de Ocesa”.
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Por su parte, Carlos Monsiváis apoyó abiertamente la presentación e incluso escribió el programa de mano.
En su crónica, publicada el 12 de mayo de 1990 en el semanario Proceso, Monsiváis reconoció la trascendencia de esta presentación.
Él recuerda que los cantantes de ópera se opusieron a la presentación porque consideraban “vergonzoso” que para comprar instrumentos para la Orquesta Sinfónica Nacional “el Señor Gobierno depende de la buena voluntad de un cantante”.
Y como siempre, Monsiváis salió a decir verdades poniendo sobre la mesa que la otra gran razón por la que muchos se oponían a este concierto era “la explosión de homofobia, ese escudo de fe machista, ese sello de intolerancia como aureola de integridad”.
Algo que aborda el documental Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero, es que el cantante también tenía sus vínculos con personas importantes del poder, aunque no fuera necesariamente de forma directa.
Resulta que la mánager que ideó el concierto en Bellas Artes, María de la Paz Arcaraz, tenía una estrecha relación con Cecilia Occelli, la entonces esposa del presidente Carlos Salinas de Gortari. Y sí, de acuerdo al documental, ella era fanática de Juan Gabriel, por lo que facilitó de cierta forma su presentación en Bellas Artes.
A pesar de las quejas, el Divo de Juárez subió al escenario del Palacio de Bellas Artes ante 1.396 espectadores, entre ellos, el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari.
Durante cuatro noches, del 9 al 12 de mayo, el artista cantó acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la batuta del maestro Enrique Patrón de Rueda, desafiando las barreras entre la música culta y la popular. Con un lleno total y la prensa dividida, el espectáculo se convirtió en un clásico en el que pocos pudieron anticipar.
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De acuerdo a la crónica de Carlos Monsiváis, publicada en Proceso, tras un inicio nervioso, Juan Gabriel fue capaz de tomar el control del escenario, respaldado por los niños del albergue y escuela de música Semjase, de Ciudad Juárez, que él mismo financiaba.
Monsiváis también se refirió a la importancia del escenario que Juanga pisaba, que debía ser accesible para todo tipo de artistas, “porque en su época también Bach, Beethoven y Mozart fueron populares y tuvieron sus dificultades”, escribió.
Hay que mencionar que Juan Gabriel no se presentó una sola noche; dio cuatro conciertos del 9 al 12 de mayo de 1990. En esos días, dejó sobre la mesa un poderoso mensaje: abrir las puertas del recinto a otros artistas populares, pues al final de cuentas esos espacios también son de la gente, del pueblo.
Además de todo, el concierto de Juan Gabriel en Bellas Artes fue tan icónico que dio origen a su primer disco en vivo: Juan Gabriel en el Palacio de Bellas Artes, publicado en diciembre de 1990. El álbum se convirtió en uno de los más vendidos de su carrera y fue nominado a Álbum Pop del Año en los Premios Lo Nuestro.
El éxito fue tan monumental que Juan Gabriel se convirtió en el único artista de su género en regresar al recinto en dos ocasiones más:
Aunque no fue exactamente el concierto de 1990, la proyección gratuita en el Zócalo del concierto “Mis 40 en Bellas Artes” juntó a 70 mil personas en septiembre de 2024.
La historia de Juan Gabriel en Bellas Artes es la crónica de una victoria contra el prejuicio, pues desafió el elitismo, el clasismo y la homofobia. Con su talento y valentía, demostró que el arte del pueblo tiene un lugar legítimo en los escenarios más importantes.