Animal mx. · 10 de mayo de 2026
Seguramente en redes sociales ya te has encontrado con videos acompañados de audios que imaginan cómo habría sido la vida de mamá si sus hijos no hubieran nacido, o frases como: “Si cruzas esa puerta tú mamá cumplirá sus sueños, pero no nacerás
Y bueno, más allá del tono nostálgico o dramático de estas tendencias, dejan pensando y abren una conversación interesante: la facilidad con la que olvidamos que nuestras madres no existen únicamente en función de nosotros.
Antes de ser mamá, ellas ya eran personas con sueños, metas, pasiones, amistades y una vida propia, y lo siguen siendo aún después de maternar. Y aunque si, evidentemente la maternidad cambia la vida y puede transformar muchas cosas, no borra la mujer que existe detrás de ella.
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Esto no es algo individual, si leyendo la intro del texto, te descubriste en esa práctica, te contamos que tiene que ver con algo social e histórico; y como casi todo lo relacionado a comportamientos sociales, este también se deriva de… ¡el sistema patriarcal!
La idea de que las mujeres deben existir principalmente para cuidar no apareció de la nada, y es ese cuidado el que principalmente se asocia al papel de madre. Te explicamos:
Durante siglos, la maternidad fue presentada como el destino natural de las mujeres y muchas veces como el centro absoluto de sus vidas.
La filósofa Simone de Beauvoir ya cuestionaba en El segundo sexo (1949) cómo las mujeres eran definidas en relación con otros, es decir, por como se comportan siendo: esposas, madres, cuidadoras, pero rara vez como individuos completos con proyectos propios.
Más adelante, Adrienne Rich en Nacemos de mujer: La maternidad como experiencia e institución (1976) reflexionó sobre cómo la maternidad no solo es una experiencia personal, sino también una institución social que históricamente ha exigido sacrificio, entrega total y renuncia individual.
Bajo esa lógica, muchas mujeres crecieron aprendiendo que “ser buena madre” significaba ponerse siempre al final.
A esto se suma lo que pensadoras como Silvia Federichi en El Calibán y la bruja. Esta teórica ha señalado sobre el trabajo de cuidados: cocinar, limpiar, acompañar, sostener emocionalmente y cuidar a otros son tareas que durante décadas fueron vistas como una obligación natural femenina y no como trabajo.
“Eso que llaman amor es trabajo no remunerado”, dice.
Cuando algo se vuelve esperado e invisible al mismo tiempo, también se vuelve fácil olvidar a la persona detrás de ese esfuerzo.
Por eso, muchas veces terminamos viendo a mamá únicamente desde lo que hace por los demás y no desde quién es ella realmente como individuo.
¿Cuál fue la última vez que le preguntaste por sus sueños o pasiones individuales?
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Reconocer que mamá no es solo mamá también implica entender que las mujeres siguen teniendo deseos, cansancios, frustraciones, hobbies, ambiciones y necesidades propias lejos de la maternidad o los roles del hogar.
Y si, es algo obvio; es mas, este texto ni tendría que existir, pero es algo que sigue pasando y por eso aprovechar excusas como el 10 de mayo es importante.
A muchas mujeres se les enseña a vivir prioritariamente para otros, construyendo su valor alrededor del cuidado y la entrega; eso provoca que incluso dentro de sus propias familias, a veces se les mire únicamente desde lo que resuelven y no desde lo que sienten o desean.
Ser conscientes de esto no significa dejar de valorar la maternidad, sino dejar de pensar que ese rol debería consumir por completo la identidad de una mujer.
También significa preguntarnos cuántas veces damos por hecho su tiempo, su energía o incluso sus sueños, porque detrás de mamá sigue existiendo una persona completa.

Aunque esta reflexión debería existir todo el año y no solamente en fechas como el Día de las Madres, aprovechar este momento también puede servir para cuestionar cómo celebramos a nuestras mamás.
Muchas veces los regalos siguen girando alrededor del servicio y el cuidado: electrodomésticos, utensilios para la casa o cosas pensadas más para seguir atendiendo a otros que para disfrutarlas ellas mismas.
Así que hoy vale la pena preguntarnos si estamos pensando realmente en lo que les gusta a ellas como personas.
Tal vez el gesto más importante sea justamente ese: recordar que mamá también tiene gustos propios, intereses, sueños pendientes y una identidad que existe más allá de nosotros.
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