Animal Político · 3 de octubre de 2026
Con la consigna “¿Por qué, por qué, por qué nos asesinan, si somos la esperanza de América Latina?”, avanzó este 2 de octubre la marcha en Morelos, a 58 años de la matanza de Tlatelolco. Pero esta vez la fecha tuvo una resonancia distinta. Estudiantes, familiares de víctimas y colectivos volvieron a tomar las calles para exigir justicia por los jóvenes asesinados en 1968 y por los estudiantes y jóvenes a quienes la violencia les ha arrebatado la vida en el presente.
Convocada por la Resistencia Estudiantil, la Red de Estudiantes de Posgrado, Mujeres Revolucionarias y el Ensamble de Percusiones Femenil WUAMAZO 8 de Marzo, entre otros colectivos, al frente del contingente caminó la familia de Ángel Miguel, que portaba lonas azules con la fotografía del joven.
El contingente partió de la glorieta de Tlaltenango, al norte de Cuernavaca, y avanzó hacia el Tribunal Superior de Justicia (TSJ), en el Centro. Recorrió la avenida Emiliano Zapata para incorporarse a Ávila Camacho, Ricardo Linares, El Calvario y Matamoros.

Las pancartas llevaban también sus propios reclamos: “¿Qué futuro tiene un pueblo que no se indigna cuando matan a sus hijxs?”, “No somos cifras, somos estudiantes” y “Estudiar no debería costar la vida”. Otra interpelaba directamente a las autoridades: “Atención, autoridades: ¿cuál es la hora y el lugar correcto para que no nos maten?”.
Entre las consignas que se escucharon durante el recorrido estuvieron: “Señor, señora, no sea indiferente, se matan estudiantes en la cara de la gente” y “¡Justicia, justicia!”, además de “¿Por qué, por qué, por qué nos asesinan, si somos la esperanza de América Latina?”.
La protesta también llevó a las calles los nombres de estudiantes asesinados y jóvenes desaparecidos cuyos casos siguen pendientes.
Entre las exigencias estuvieron justicia por Ángel Miguel Hernández Flores, de 17 años, estudiante de la Preparatoria 1, asesinado el 5 de septiembre mientras trabajaba como repartidor en la colonia Satélite, en Cuernavaca; y por Christian Shamed Arce Díaz y Gael Rojas Pérez, ambos de 17 años y alumnos de la Preparatoria 2, asesinados a balazos el 26 de septiembre en Chulavista. Un tercer adolescente resultó herido.
Las familias también reclamaron avances para localizar a Dorian Alí Olivo Rodríguez, desaparecido el 2 de junio, y a Viridiana Anaíd Morales Rodríguez, estudiante de Psicología desaparecida en 2012 en el Estado de México.
Familias de otras víctimas de la violencia, cuyos seres queridos eran jóvenes cuando fueron asesinados o desaparecieron, también se sumaron a la protesta para visibilizar nuevamente sus casos. Entre ellas estuvieron las familias de Jessica Cerón, los hermanos César y Jorge Reyes y Andrés Machuca.

Durante la marcha también estuvieron presentes los nombres de Aylin Rodríguez Fernández, Kimberly Joselín Ramos Beltrán, Karol Toledo Gómez, Michelle Itzayana Fuentes Calderón y Claudia Tacoronte Aguilera.
Las familias aprovecharon la movilización para exigir que los casos no queden en el olvido, que las autoridades esclarezcan los hechos y que haya resultados.
Entre estudiantes, consignas y fotografías de jóvenes asesinados, Víctor Manuel Hernández caminó este viernes por las calles de Cuernavaca con el nombre de su hijo presente en la marcha del 2 de octubre.
Ángel Miguel Hernández Flores tenía 17 años y estudiaba en la Preparatoria 1 de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Fue asesinado el pasado 5 de septiembre en la colonia Satélite.
Puedes leer: “¿Cuántos estudiantes más tienen que ser asesinados?”: familias de la UAEM exigen justicia por Claudia
Durante la movilización, Víctor volvió a hablar del caso y cuestionó la versión de la Fiscalía de Morelos, que atribuye el homicidio a un presunto intento de robo de una motocicleta. El padre del estudiante señaló que la motocicleta se encontraba a unos metros del lugar donde ocurrió el asesinato y puso en duda que el robo haya sido el motivo del ataque.
“La moto estaba a metros; difícilmente se me hace creíble que haya sido por intento de robo”, sostuvo.
Víctor dijo desconocer qué ocurrió realmente y pidió a las autoridades esclarecer el asesinato de su hijo.

La memoria de los estudiantes asesinados y desaparecidos en otras generaciones también estuvo presente durante la marcha.
Después de recordar la masacre de Tlatelolco, las y los manifestantes realizaron el tradicional conteo del uno al 43 en memoria de los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, desaparecidos el 26 de septiembre de 2014, uno de los casos más graves y emblemáticos de violencia contra estudiantes en la historia reciente de México.
El conteo enlazó aquella tragedia con las exigencias actuales: justicia por los estudiantes asesinados, la localización de jóvenes desaparecidos y respuestas para las familias que siguen esperando justicia.

La marcha avanzó desde Tlaltenango rumbo al Centro de Cuernavaca y, al llegar a la Parroquia de San José El Calvario, se sumaron una batucada y más integrantes al bloque negro.
A su paso por las calles del Centro, algunos establecimientos de la calle Matamoros bajaron sus cortinas ante la posibilidad de daños. En ese tramo también comenzaron las acciones de iconoclasia. Algunas sucursales bancarias fueron intervenidas en muros y cristales: en Banamex y Banorte fueron rotos vidrios y realizados diversos trazos, mientras que en BBVA también fueron intervenidos los muros, pese a las protecciones colocadas en el inmueble.
Te podría interesar: Caso Claudia Tacoronte: hermana exige detenciones y reclama a autoridades
Durante estas intervenciones, un equipo de periodistas que documentaba lo ocurrido fue seguido para impedir que continuara grabando. La cámara de uno de sus integrantes fue alcanzada con pintura mientras registraba las acciones. El episodio generó momentos de tensión para el equipo de medios de comunicación.
Cerca de las 16:15 horas, el contingente llegó al zócalo de Cuernavaca y continuó hacia el Tribunal Superior de Justicia (TSJ). En el trayecto también fueron derribadas las letras monumentales de “Morelos”, instaladas frente al Palacio de Cortés, en el Centro Histórico de Cuernavaca, como punto turístico para fotografías.
Al llegar al TSJ, los manifestantes encontraron los accesos y ventanas del inmueble protegidos con estructuras de madera. Las acciones de iconoclasia se intensificaron, con intervenciones en muros, ventanas y cristales. Poco después, prendieron fuego en el exterior del edificio.

Protesta por estudiantes asesinados y desaparecidos en Morelos.Posteriormente, el contingente continuó hacia el Palacio de Gobierno, cuyas ventanas también estaban protegidas con madera. Los manifestantes lograron desprender parte de la protección, rociaron aceite y le prendieron fuego.
Las llamas alcanzaron una de las ventanas y entraron al inmueble, donde se quemó una cortina. Aunque el fuego generó una escena aparatosa, autoridades estatales confirmaron que no hubo daños mayores. En el interior permanecía un equipo de Protección Civil, cuyos integrantes reaccionaron de inmediato.
Después, en la Plaza de Armas, los manifestantes realizaron un performance para representar a jóvenes asesinados. Varios participantes se tendieron sobre el pavimento y colocaron prendas y otros elementos alrededor de sus cuerpos, como parte de una representación de las escenas que dejan los homicidios.
La acción buscó colocar nuevamente en el centro de la protesta los asesinatos de jóvenes en Morelos. De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, correspondientes a enero-agosto de 2026, Morelos ocupó el primer lugar nacional en la tasa de homicidios dolosos tanto entre adolescentes de 13 a 17 años como entre jóvenes de 18 a 29 años.
A 58 años de la matanza de Tlatelolco, el 2 de octubre volvió a llevar a las calles de Morelos una memoria que no termina en 1968: la de estudiantes asesinados y desaparecidos, y la de familias que siguen esperando justicia por sus hijos.