"Termina el sueño": México dijo adiós al Mundial y el Ángel se quedó en silencio

Manu Ureste, Édgar Ledesma, Andro Aguilar, Israel Fuguemann, Eréndira Aquino, Marcela Nochebuena y Verónica Santamaría · 6 de julio de 2026

"Termina el sueño": México dijo adiós al Mundial y el Ángel se quedó en silencio

Se acabó el sueño. Cuando el árbitro señaló el final del partido, nadie corrió hacia el Ángel. No hubo fuegos artificiales, ni el interminable coro del Cielito Lindo que había acompañado las victorias de México durante las últimas dos semanas.

Los miles de aficionados que abarrotaban Paseo de la Reforma comenzaron simplemente a caminar hacia las salidas señalizadas por enormes lonas blancas instaladas por el gobierno de la Ciudad de México, después de la tragedia del partido contra Ecuador. Bajo una llovizna persistente, el operativo que había sido diseñado para contener una celebración multitudinaria terminó organizando una despedida.

Decepción entre los aficionados mexicanos
Decepción entre los aficionados mexicanos. Foto: Manu Ureste

Algo parecido ocurrió en el Zócalo capitalino, donde ocho horas antes del partido ya había familias que llegaron desde Puebla, Hidalgo, Morelos y el Estado de México para seguir el encuentro en pantalla gigante, ante la imposibilidad de pagar una entrada al Estadio Azteca. La Plaza de la Constitución, que se llenó tres horas antes del inicio del juego, también pasó de los gritos de “¡México, México!” y “¡Sí se puede!” al silencio abrupto de la eliminación.

México perdió 3-2 frente a Inglaterra en el Estadio Ciudad de México y quedó eliminado del Mundial 2026, después de un partido intenso en el que el equipo de Javier Aguirre le plantó cara durante noventa minutos a una de las grandes candidatas al título, liderada por Harry Kane y Jude Bellingham. 

“Hemos jugado un gran Mundial, pero no se pudo. El sueño se acabó”, dijo un aficionado con la voz entrecortada mientras abandonaba la zona junto a miles de personas. A su alrededor, otros caminaban cabizbajos, algunos con las manos sobre el rostro, otros abrazando a familiares o amigos como si todavía intentaran digerir el resultado.

En el Zócalo, los juegos pirotécnicos estallaron en el cielo segundos después del silbatazo final, como si se tratara de una celebración patria, aun con el guión en contra. Abajo, entre impermeables rosas, amarillos, azules y grises que apenas habían servido para contener la lluvia, la gente no pudo contener el llanto.

Diana Méndez y Sebastián Malpica, madre e hijo provenientes de Pachuca, Hidalgo, se abrazaron largamente mientras él sollozaba en el hombro de su mamá.

“Estamos tristes, pero orgullosos de que México haya llegado hasta acá”, dijo ella, mientras el chico de 14 años se limpiaba las lágrimas.

Mientras en la pantalla gigante de la glorieta de la Diana todavía aparecían los jugadores mexicanos tendidos sobre el césped lamentando la eliminación, en la avenida Mississippi, un niño de unos ocho años atravesaba uno de los filtros de salida tomado de la mano de su madre. Lloraba desconsoladamente. No lograba decir una sola palabra.

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“Estamos felices de que la Selección haya llegado hasta este quinto partido”, explicó ella mientras lo abrazaba una y otra vez para intentar consolarlo. “No nos alcanzó para empatar, pero hicieron un gran Mundial. Se nos acabó el sueño, aunque tenemos un gran equipo para el próximo torneo”, dijo.

Fernando, de 16 años, sostenía una réplica de la Copa del Mundo con la mano derecha mientras con la izquierda se limpiaba las lágrimas. Había llegado con su madre y su padre desde Cuautla, Morelos.

“El gol no quiso caer… fuimos mejores que Inglaterra. Fue una Selección que nos supo emocionar a todos y nos hizo creer”, dijo.

Minutos después, el Ángel de la Independencia había dejado de parecer el punto de reunión de un país ilusionado. Sobre el pavimento comenzaron a quedar vasos vacíos, bolsas aplastadas, banderas dobladas y los primeros trabajadores de limpieza recogiendo los restos de una fiesta que terminó antes de lo que miles de mexicanos habían soñado para llegar al sexto partido.

Ya no sonaba Mi mayor anhelo. Ya no había desconocidos abrazándose ni aficionados subiéndose a las jardineras para ondear enormes banderas tricolores. Quedaban apenas algunos aplausos dispersos y frases repetidas una y otra vez, casi como un intento de consuelo colectivo.

“Jugaron bien”. “Esta vez sí competimos”. “Estuvimos cerca”.

Durante dos semanas, Reforma fue el lugar donde México creyó que esta vez sí era posible. También el Zócalo, convertido en extensión popular del estadio, sostuvo durante horas esa misma ilusión bajo la tormenta. Cada victoria alimentó la idea de que el Mundial organizado en casa podía terminar de una manera distinta. La selección llegó al quinto partido sin un solo gol en contra. Pero el sueño terminó bajo la lluvia y la multitud acabó marchándose en silencio por las mismas rutas de evacuación que las autoridades habían dispuesto para evitar otra tragedia.

Algunos aficionados aseguraron estar feliz porque México llegó al quinto partido en el Mundial
Algunos aficionados aseguraron estar feliz porque México llegó al quinto partido en el Mundial. Foto: Eréndira Aquino

Las medidas de seguridad 

A las tres de la tarde, la calle Río Lerma parecía más la antesala de un operativo de emergencia que de una fiesta mundialista.

Los automóviles habían desaparecido. Vallas metálicas bloqueaban los accesos. Policías capitalinos, protegidos con impermeables negros bajo la lluvia persistente, vigilaban cada esquina. A unos metros esperaba un camión de bomberos. Mientras tanto, grúas retiraban los últimos vehículos estacionados en calles como Río Nilo, Río Tíber, Guadalquivir y parte de avenida Mississippi para convertirlas en rutas de evacuación.

Cuatro días después de la estampida que dejó cuatro personas muertas durante los festejos por el triunfo de México sobre Ecuador, la Ciudad de México intentaba demostrar que había aprendido la lección. El quinto partido de la Selección Mexicana en este Mundial ya no solo suponía un enorme dispositivo para recibir a decenas de miles de aficionados. También representaba una prueba para evitar que la euforia volviera a terminar en tragedia.

Las diferencias respecto a los cuatro encuentros anteriores comenzaban a apreciarse desde varias horas antes del silbatazo inicial. Además del cierre de calles paralelas a Paseo de la Reforma, el gobierno capitalino reforzó la presencia policial, instaló filtros para revisar mochilas e impedir el ingreso de bebidas alcohólicas, habilitó módulos médicos y colocó enormes lonas con la palabra “Salida” en distintos puntos de la zona para facilitar evacuaciones rápidas en caso de nuevas aglomeraciones.

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A las cuatro de la tarde comenzó también el decomiso y destrucción de cuatro mil 897 latas y 154 botellas de bebidas alcohólicas en Paseo de la Reforma, avenida Juárez y el Monumento a la Revolución. Además, autoridades informaron del retiro de 387 puestos que obstruían el paso de peatones. Casi al mismo tiempo, el secretario de Gobierno de la Ciudad de México, César Cravioto, anunció la clausura de ocho establecimientos —entre ellos estacionamientos— que resguardaban y comercializaban bebidas alcohólicas de forma irregular antes del encuentro.

El operativo también modificó la rutina de quienes viven en la zona.

“Aunque vivimos aquí no podemos estacionarnos en nuestra calle. Nos mandaron grúas para llevar nuestros coches al corralón”, reclamó Ariadna, vecina de Río Lerma.

En Río Nazas, entre Mississippi y Río Nilo, otros residentes denunciaban que sus vehículos habían sido retirados para despejar las futuras rutas de evacuación.

Debido a las fuertes lluvias que se registran en el sur de la Ciudad de México, el partido se jugará a las 19:00H.https://t.co/uoM2J7s5Ta

— Animal Político (@Pajaropolitico) July 5, 2026

Pero ni siquiera el aguacero alteró el ambiente.

Poco después de las tres y media de la tarde la lluvia volvió a intensificarse sobre Reforma. Cerca de las cuatro, el cielo se había oscurecido tanto que por momentos parecía haber anochecido. A las 16:20 horas, la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos activó la alerta naranja para la zona del Estadio Ciudad de México y el sur de la capital por lluvias intensas y posible caída de granizo.

Pero desde las cantinas y taquerías del corredor gastronómico de Río Lerma seguían saliendo el sonido de las matracas, de las vuvuzelas y los gritos de “¡Vamos México!”. Bajo impermeables verdes, miles de aficionados continuaban avanzando hacia el Ángel de la Independencia sin importar que terminaran completamente empapados.

La lluvia, de hecho, terminó provocando que el inicio del encuentro se retrasara una hora, como ya había ocurrido en el partido frente a Ecuador.

El apoyo a la selección, incluso bajo la lluvia
El apoyo a la selección, incluso bajo la lluvia. Foto: Verónica Santamaría

Una afición que también cambió

La tragedia ocurrida tras el último partido parecía haber dejado huella no solo en las autoridades, sino también entre muchos aficionados.

Katia y Diana, que llegaron desde Cuajimalpa para vivir por primera vez un festejo mundialista en el Ángel, observaban con atención los accesos mientras buscaban las rutas de salida.

“Nos sentimos seguras. Se ve bastante organización por ahora, pero sí nos preocupa qué pueda pasar cuando termine el partido”, dijo Katia. Por eso estamos buscando las salidas más cercanas, por lo que pueda pasar. Queremos seguir la fiesta, pero primero queremos regresar bien a casa”.

Su amiga Diana asentía mientras observaba el ir y venir de policías.

“Hay muchos filtros y también policías mujeres se nos acercaron para decirnos dónde están los módulos para nosotras. Esperemos que todo realmente funcione y que no vuelva a suceder algo tan terrible como la otra vez”.

A unos metros, Ray, vecino de la capital, también reconocía que el ambiente seguía siendo extraordinario pese a la lluvia y al recuerdo de las cuatro víctimas.

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“La gente vino a pesar de todo lo que pasó. Pero ahora sí hay que tener mucha precaución con los festejos. Hay que cuidarnos entre nosotros mismos”.

Ana María, que siguió la previa desde su silla de ruedas, destacaba otro aspecto del operativo. “Yo he podido moverme muy bien. Hay mucho ambiente y espero que así siga cuando termine el partido, porque hay que festejar en paz”.

Eric caminaba acompañado de su hijo Diego, que observaba todo desde los hombros de su padre con una máscara azul y verde de lucha libre.

“Ahora sí traje a mis hijos porque veo una mejor organización. Incluso el ambiente se siente más familiar. Hay muchas pantallas y eso ayuda a que la gente no se concentre toda en un solo lugar”.

Algo parecido opinaba Eduardo, vestido con la camiseta verde y unos lentes con la bandera mexicana.

“Hay mucha gente, como en los otros partidos, pero también mucho más control. En el partido anterior no había tanta seguridad y creo que ahora la gente está más consciente por las cuatro personas que murieron”.

La derrota de México apagó la fiesta antes de que pudiera comenzar
La derrota de México apagó la fiesta antes de que pudiera comenzar. Foto: Verónica Santamaría

El primer ensayo

Hacia las cuatro y cuarenta de la tarde llegó una primera prueba para el nuevo operativo.

Desde megáfonos instalados sobre Paseo de la Reforma, personal del gobierno capitalino comenzó a informar que el aforo máximo previsto para la zona del Ángel —25 mil personas, de acuerdo con autoridades— ya había sido alcanzado.

—Se ha alcanzado la máxima capacidad. Por su seguridad y la del resto de asistentes no se permitirá el ingreso de más personas. Permanezcan atentos a las indicaciones.

Al mismo tiempo, cientos de aficionados que intentaban llegar mediante el Metro descubrieron que las estaciones Sevilla e Insurgentes permanecían cerradas, por lo que tuvieron que descender en Chapultepec o Cuauhtémoc y caminar varios cientos de metros hasta Reforma.

A diferencia de encuentros anteriores, también se instalaron módulos de atención médica en las glorietas del Ahuehuete, el Ángel y la Diana, además de un módulo hospitalario en el cruce de Insurgentes y Reforma.

Entre camisetas verdes y rojas

Entre el mar de camisetas verdes también aparecían pequeños grupos vestidos completamente de rojo.

Ricardo, un aficionado inglés que ha seguido a su selección por ciudades como Boston y Nueva York antes de llegar a la capital mexicana, aseguraba que ningún otro país había vivido el Mundial como México.

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“El mejor ambiente de futbol lo estoy viviendo aquí. En México nos han tratado muy bien. Estamos muy felices”.

Otro seguidor inglés bromeaba con que Inglaterra tenía “una cuenta pendiente” con el Estadio Azteca desde el Mundial de 1986.

“Esperemos que este partido sea la venganza por la famosa Mano de Dios de Maradona”.

A su alrededor, otros aficionados londinenses coincidían en el ambiente que habían encontrado: “Los mexicanos nos hacen bromas cuando ven nuestras camisetas, pero todo ha sido muy deportivo”.

Adiós al Mundial

Mientras tanto, unas horas antes, a las 13:45, colectivos de familiares de personas desaparecidas realizaron una última actividad de protesta antes del encuentro: una cascarita de futbol en la Glorieta de las Personas Desaparecidas, como una forma de mantener visible la crisis de más de 130 mil personas desaparecidas en el país durante el Mundial.

Cuando faltaban apenas unos minutos para el silbatazo inicial, la lluvia seguía cayendo sobre Paseo de la Reforma. Las matracas resonaban frente al Ángel, las vuvuzelas competían con los truenos y miles de aficionados seguían llegando convencidos de que aquella noche podía convertirse en otra celebración histórica.

Pero el futbol cambió el rumbo de la historia.

La derrota 3-2 de México frente a Inglaterra apagó la fiesta antes de que pudiera comenzar. Al término del encuentro, el operativo de seguridad desplegado para evitar una nueva tragedia durante los festejos fue utilizado para ordenar una salida tranquila de decenas de miles de personas que abandonaron el corredor Reforma-Ángel entre aplausos, lágrimas y resignación. 

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Las rutas de evacuación y los filtros se mantuvieron. Los módulos médicos permanecieron ofreciendo atención. La ciudad logró evitar otra tragedia. 

A diferencia de los partidos anteriores de la Selección Nacional, ahora hubo silencio al final; el de la despedida del sueño mundialista de México. 

Pero los diez goles cantados en cinco partidos… esos sí que se quedan.