Dalila Sarabia · 20 de julio de 2026
Sin titubear ni un segundo, Juan Gutiérrez afirma que “en Iztapalapa es más fácil hacer un grupo delictivo que uno deportivo (…) a Iztapalapa la estigmatizan por dos cosas: la delincuencia y el vandalismo, y por Los Ángeles Azules. Entonces, en todo el mundo nos reconocen por eso”, agrega.
Gutiérrez nació hace cuatro décadas en Iztapalapa, y a lo largo de los años ha sido testigo de cómo amigos y conocidos han muerto en peleas callejeras o consumidos por las drogas. Su destino fue distinto: sabía que debía hacer algo para apoyar su barrio y en 2013 tomó la decisión de compartir sus conocimientos en artes marciales y dar clases gratuitas de Lima Lama y boxeo.

A media calle, en la colonia Lomas de Santa Cruz, y sin equipamiento profesional, ya suma 13 años apoyando a su comunidad con el objetivo de impulsar a niños, niñas y jóvenes no solo a que se ejerciten y dejen de pasar horas viendo televisión o pegados al celular, sino para que tengan opciones de vida fuera del entorno en el que nacieron y se han desarrollado.
“De nuestros alumnos ya tenemos arquitectos, abogados, contadores. Eso me sigue llenando”, afirma el profesor que cuenta con cinturón negro sexto grado en la disciplina de Lima Lama.
“Es un placer encontrar a esos niños que quieren salir del barrio, que quieren encontrar esa oportunidad como yo la tuve en algún momento (…) entonces, mientras mis hijos estén aquí, yo elijo estar aquí en el barrio”, subrayó el hombre.
“(El boxeo) me ha ayudado a no estar tanto en el desmadre o estar drogándome en los horarios libres (…) es algo que me ha ayudado a activar a mis compañeros para que no se refugien en las drogas o en otras cosas. Mejor que saquen sus problemas en el deporte”, compartió Said López, de 16 años.
El joven, quien cursa la preparatoria, es uno de los alumnos de la Academia Ángeles del Lima Lama del máster Juan Gutiérrez. Llegó a los cuatro años de edad.
En entrevista contó que desde muy pequeño sus papás buscaron opciones para que él hiciera deporte y saliera, en la medida de lo posible, del entorno de violencia y drogadicción en donde nació y vive.
De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), seis de las 16 alcaldías de la Ciudad de México mantienen una alta percepción de inseguridad en el primer trimestre de 2026; Iztapalapa es la alcaldía con mayor percepción de inseguridad (71 %), y aunque con respecto a la medición previa registró una ligera reducción, los niveles continúan elevados.
Además, esta demarcación refleja problemáticas estructurales vinculadas a conductas delictivas y antisociales, como robos, consumo de alcohol en vía pública y presencia de drogas.
“[Lo que hubiera pasado] si no hubiera llegado aquí es una gran incógnita. Desde siempre me he visto en el deporte (…) desafortunadamente por donde vivo —un poquito para allá arriba— está muy presente la delincuencia y la drogadicción. Ahí cerca está un punto donde distribuyen, entonces, pues sí, probablemente si no hubiera sido también por el apoyo de mi familia (no sé dónde estaría hoy)”, compartió Said.
El joven, quien empezó practicando Lima Lama y hoy se ha profesionalizado en el boxeo, es uno de las decenas de alumnos que Gutiérrez entrena todos los días, principalmente en la calle, afuera de su domicilio.
No importa la edad, el género o la experiencia previa, todos tienen un lugar para aprender. Incluso, a las artes marciales se sumaron las clases de breakdance.
Nico y Oliver, ambos de 13 años, practican este estilo de baile callejero al que llegaron gracias a un anuncio pegado en un poste y luego de ver cómo se practicaba a media calle.
“Un día que estaba caminando y me encontré un letrero que decía que daban clase de breakdance y me interesó. La verdad, la primera clase la disfruté mucho y comencé a tener gusto por este tipo de baile y este tipo de deporte que la verdad ha cambiado mucho mi vida”, explicó Nico.
Desde hace seis meses, tiempo que lleva practicando breakdance, se ha convertido en un joven mucho más disciplinado en casa y en el colegio, además de que le ha ayudado a no estar perdiendo el tiempo vagando por las calles.
Antes de ver aquel anuncio y de ir a su primera clase, agrega, jamás había escuchado de este baile. “Fue algo nuevo y algo que impactó mucho en mi vida”, celebra.

La disciplina, responsabilidad y constancia de los alumnos de esta academia ya ha resultado en que cumplan algunos sueños, por ejemplo, competir en otros estados y países.
Dominick, de siete años, ya ha competido en casi todos los estados del país y ha tenido oportunidad de viajar a Honduras, Guatemala, El Salvador y Colombia.
José Gabriel, de 11 años, por ejemplo, apenas va a cumplir un año como integrante de este grupo y aunque solo ha participado en torneos en la Ciudad de México, no deja el sueño de algún día competir internacionalmente.
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“Yo quiero competir internacionalmente para que reconozcan a México como un gran país”, aseguró.
Sobre cómo ha cambiado su vida después de iniciar la práctica del Lima Lama, José dijo que no solo es un niño más flexible, sino que es más feliz porque puede sacar toda su energía corriendo y saltando durante los entrenamientos.
“Me molestaban mucho en mi escuela porque era el más inteligente, entonces mi mamá comenzó a buscar los sitios donde aprender a defenderme y encontramos este lugar con el máster”, explicó el menor al preguntarle cómo llegó a este grupo.
En octubre próximo algunos de los integrantes de este grupo participarán en un torneo de boxeo en Canadá, y aunque han comenzado a botear y a vender dulces para costear el viaje, el profesor Juan Gutiérrez admite que la falta de recursos es una limitante para seguir cumpliendo los sueños de sus alumnos.
“Les digo que nosotros tenemos la culpa porque empezamos a clasificar en selectivos delegacionales, distritales y después de ahí se abren torneos internacionales”, cuenta Gutiérrez.
Aquellos alumnos cuyas familias pueden costear los viajes, son apoyados y van a las competencias, pero la mayoría no tiene posibilidades y en ocasiones se queda sin oportunidad de competir a pesar de haber clasificado al torneo.
A lo largo de los años, detalló, han hecho alianzas y el hospedaje casi siempre es patrocinado. El problema, admite, es pagar los vuelos. “Vendemos dulces, vendemos clases, hacemos autolavados y kermeses para sacar ese recurso”, compartió.
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“Ahorita en El Salvador logramos una captación de 15 atletas para Canadá. Ese torneo es a nivel mundial, no sé cuántos países lleguen, pero a nosotros nos sale nada más el vuelo… si tuviéramos para los 15 atletas, llegaríamos los 15, pero si no todo lo que se recauda lo dividimos entre los 15 y los que pueden poner la otra parte, pues ya asisten”, detalló.
Es por ello, y con el tiempo encima, que el profesor hizo un llamado a la población para que les donen recursos económicos, o cosas que se puedan vender o que los inviten a dar clases de Lima Lama y boxeo.
“Demostrar nuestro trabajo, tal vez dar una exhibición y que la gente nos pueda aportar una moneda para poder viajar, y que no exista la limitante para nadie del dinero”, pidió.

Y mientras siguen recolectando recursos para que sus alumnos puedan cumplir sus sueños desarrollándose en espacios lejos de la violencia y la drogadicción, el máster Juan Gutiérrez compartió cuál es el sueño que le falta cumplir como persona, no como atleta de alto rendimiento.
“Me gustaría que Iztapalapa se conozca ya no tanto por lo malo, sino por lo bueno. Que quitemos ese estigma, que nuestros jóvenes sigan logrando cosas increíbles (…) queremos lograr ese impacto social, comunitario y crear comunidades seguras”, afirmó.