Dalila Sarabia · 5 de noviembre de 2026
Todo inició hace 30 años, cuando Eduardo Sacristán comenzó a tener repentinas caídas. Primero una, luego otra y otra más. Cuenta que no había razón para que inesperadamente perdiera el equilibrio. Lleno de dudas acudió con un neurólogo, quien tras una serie de estudios le dio el diagnóstico: “Es una enfermedad muy rara entre las enfermedades raras… esclerosis lateral primaria”, recuerda Eduardo, hoy de 69 años.
“No es una enfermedad terminal, no voy a morir de esta enfermedad. El problema es que acabas sin poder moverte para nada, por depender de alguien más para poder realizar cualquier actividad (…) Puede haber problemas para comer por los músculos de la cara (dejan de responder) e incluso para respirar”, comparte en entrevista.
Desde el diagnóstico, la vida de Eduardo ha dado un vuelco radical. Por las caídas comenzó a usar bastón. Después utilizó muletas, una andadera y ahora requiere el apoyo total de una silla de ruedas manual, pues aún puede mover sus brazos, aunque sabe que en un futuro próximo deberá usar un equipo eléctrico.
Foto: Dalila Sarabia
“Sé que esto va a ir empeorando y prefiero la tranquilidad (…) de tener una salida legal porque tener una vida digna es un derecho humano y ese derecho humano debe incluir también el derecho a una muerte digna”, sostiene.
Lee: Con tres iniciativas legislativas y un respaldo social del 86% impulsan la eutanasia en la CDMX
“Podría pasar años inmóvil, algo que para mí ya no es una vida digna. Vivir como un bulto para mí no tiene ningún sentido, por eso creo que hay que legalizar la ayuda médica para morir”, agrega.
Durante la pandemia Eduardo pasó mucho del tiempo investigando y documentándose sobre la eutanasia, también llamada muerte digna o asistencia médica para morir.
En aislamiento y con bibliotecas digitales a la mano, el hombre se cruzó con publicaciones de Asunción Álvarez, doctora en Ciencias en el campo de la Bioética por la UNAM y presidenta de la Asociación Libertad para Morir, quienes impulsan la iniciativa ciudadana para legalizar la eutanasia en la Ciudad de México.

Entraron en contacto y desde hace casi medio año —de la mano de un importante grupo de colegas y aliados de la asociación— han salido a las calles y ofrecido conferencias en las que cuentan los detalles de la iniciativa que impulsan, al tiempo de que recolectan firmas para poder presentar la propuesta en el Congreso capitalino como una iniciativa ciudadana preferente.
Puedes leer: “Hay que morir con dignidad”: marchan para exigir legalización de la eutanasia en México
“Cuando me cuestionan, simplemente les digo que vean mi situación, que vivo en una silla de ruedas y que mi enfermedad va a ir agravándose… Va a llegar el momento en que voy a estar inmóvil, que piensen en ello”, responde a la pregunta de cómo ha sido el proceso de hablar del tema con personas que tajantemente rechazan la posibilidad de que se legalice la eutanasia.
“O que piensen en enfermos con un cáncer, por ejemplo, que viven prácticamente conectados. Hay gente que está en el hospital enchufadaos con tubos, con respiradores en estado de coma, y para mí no tiene sentido vivir así… creo que debemos tener el derecho a decidir el final de nuestra vida cuando estemos en una situación de ese tipo”, agregaó Eduardo.
En la CDMX, para que una propuesta sea considerada iniciativa ciudadana, debe ir acompañada por el respaldo de alrededor de 20 mil personas (el 0.25 % del padrón electoral). Y aunque la Ley de Participación Ciudadana de la Ciudad de México contempla que sea el 0.13 % del padrón, los promoventes apostaron a obtener el doble de lo requerido para garantizar que la propuesta avance.
La fecha límite para lograr el apoyo ciudadano era el último día de noviembre; sin embargo, la Asociación Libertad para Morir informó que alcanzaron las 20 mil firmas este miércoles 4 de noviembre.
Consultada al respecto, Asunción Álvarez, presidenta de la asociación, confirmó que no pararán en la recolección de firmas, aunque se haya alcanzado el objetivo, a fin de tener “un colchón” en caso de que algunas firmas lleguen a ser descartadas por el Instituto Nacional Electoral (INE), instancia que deberá cotejar y avalar los apoyos ciudadanos.
Por separado, Sacristán celebró que en estos meses hayan sido los jóvenes de quienes mayor respaldo recibieron y no dudaron en apoyar firmando la iniciativa.
“Da gusto que haya jóvenes que sin vivir una situación como esta, tomen conciencia y ayuden a promover esta legislación. Puede ser que algunos de ellos tengan familiares, todo mundo hemos tenido de cerca algún caso de un familiar o amigo que ha vivido esta situación, y eso creo que ayuda a crear conciencia”, opina.
Foto: Dalila Sarabia
En diciembre próximo, la Asociación Libertad para Morir entregará al INE las más de 20 mil firmas que hayan juntado hasta ese momento a fin de que la autoridad electoral verifique su autenticidad.
Una vez avaladas, los promoventes se presentarán en el Congreso de la Ciudad de México para entregar la iniciativa que, de acuerdo con lo que marca la ley, deberá ser discutida de forma preferente, es decir, no pueden enviarla a la congeladora.
Sigue leyendo: La lucha de Samara Martínez y los retos de la eutanasia en México
Esto sucederá tentativamente el 1 de febrero de 2027, cuando el Legislativo local arranque el periodo ordinario de sesiones.
“No puede ser que por cuestiones políticas o de propaganda de no querer quedar como ‘somos enemigos de la vida’ (….) los diputados se opongan a una ley que debe ser una cuestión natural. Les diría que piensen en ellos, cualquiera de ellos puede tener un cáncer o un familiar con un cáncer, y si piensan que no es necesaria la ley, están totalmente equivocados”, señala Eduardo al pedirle que envíe un mensaje a los diputados locales, quienes en unos meses tendrán la obligación y responsabilidad de analizar la iniciativa.
“No es una ley que afecte nada económico ni de tipo político, es una ley de respeto a la vida y respeto a la dignidad de las personas”, concluye.